Paquita García-Casarrubios (diciembre 2021).- Si ahora admiramos a las mujeres que se enfrentan a la desigualdad, superan las dificultades y luchan contra las barreras que esta sociedad del siglo XXI aún les impone, qué no haríamos ante una mujer del siglo XIX pionera en un ámbito dominado por los hombres.

Esta mujer no se amedrentaba ante las burlas de sus contemporáneos; ella tenía un plan y un objetivo bien definido, al que no quería renunciar.

Bertha Benz nació el 3 de mayo de 1.849  y fue la esposa de Carl Benz, ingeniero alemán considerado el inventor del automóvil.

Bertha era una mujer atípica alejada de los convencionalismos de su época. Aprendió mecánica junto a su padre en el taller familiar.

Bertha Benz  subida al prototipo, con sus hijos

Bertha era una mujer atípica alejada de los convencionalismos de su época. Aprendió mecánica junto a su padre en el taller familiar.

Al casarse, con el dinero de su dote, financió el proyecto de su marido Carl, en contra de los consejos de su familia. Y se convirtió en socia de su empresa con efectos no oficiales, ya que en esa época las mujeres no podían dirigir un negocio. Tras años de duro y arduo trabajo en 1.885 Carl terminó su primer vehículo: un carruaje a motor. En noviembre de 1.886 obtuvo la patente para su automóvil de tres ruedas con un motor de tracción trasera.

El matrimonio creía tener el éxito asegurado, pero a la gente no le interesaba comprar aquel artefacto. Carl comenzó a desmoralizarse, pero su esposa y socia, que tenía fe en el proyecto, hizo algo que en 1.888 era como un delito: tomó una decisión sin el permiso de su marido.

Bertha, junto a sus dos hijos, emprendió un viaje conduciendo el prototipo. Antes de partir dejó una nota a su marido en la que escuetamente le decía: “Vamos a Pforzheim a ver a la abuela”.

Quería demostrar al mundo la utilidad de aquél invento. Pero el viaje estuvo lleno de contratiempos. Tuvo que hacer varias paradas, tanto para repostar ligroína, un derivado del petróleo que se vendía en las boticas, como para buscar a un herrero que arreglara una cadena de transmisión rota. Ella misma desatascó una válvula con un alfiler de su sombrero, cubrió un cable eléctrico pelado con una liga y arregló el sistema de ignición con una pinza del pelo.

Fueron ciento ochenta kilómetros y doce horas de viaje, pero Bertha consiguió que el mundo entero hablara de su hazaña, ya que fue uno de los grandes hitos  de la historia de la automoción.

De las mejoras de aquel viaje, Bertha, cambió unas maderas de freno por las suelas de sus zapatos, así ella después diseñó unas pastillas de freno  que dieron lugar a las que hoy existen.

Si Carl Benz era un genio del diseño, también padecía mucha incertidumbre e inseguridad, y ahí estaba ella, para sofocar esos conatos de abandono, para reestablecer el ánimo a su marido y hacerle creer en sus capacidades.

Bertha supo poner en el matrimonio, la fuerza en los años de miseria, el coraje frente al ridículo social y la fe en el proyecto común.

Bertha había nacido en  Pfoizheim, Alemania, el 3 de mayo de 1.849

Murió en  Ladenburg, 5 de mayo de 1.944.


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