Ana Belén París Iniesta, música y otra manera de enseñar

“La música te hace mucho más humano”

Laura Figueiredo (7 de mayo de 2025).- Une en su vida laboral música y enseñanza y por ambas siente verdadera vocación. Son los muchos años de experiencia lo que le permiten decir alto y claro que hay otra manera de enseñar y no solo alrededor de la música, también en las aulas de los colegios e institutos. Métodos que pongan en el centro a la persona y no exclusivamente a los objetivos. Acompañó su licenciatura en Clarinete en el Conservatorio Superior de Madrid con sus estudios como técnico superior de Educación Infantil. Títulos a los que ha ido sumando otros en el ámbito de la educación

Esta vez charlamos con Ana Belén Paris Iniesta, una criptanense que tenía claro a lo que quería dedicarse, a la música y lo hizo de la mano del clarinete. El siguiente paso fue unir su otra pasión, la enseñanza, mirando sobre todo a los niños. Son ya muchos los años que acumula de dedicación y cada uno que suma le confirman las carencias en el sistema educativo. Una mujer inquieta que ve cómo en los procesos de aprendizaje se relega al alumno como individuo y persona con sus capacidades y dificultades.

Con el convencimiento de que las cosas se pueden cambiar, Ana buscó y se sumó, con su certificado en displina positiva y en comunicación efectiva, al movimiento de Educación en Disciplina Positiva. Y con ese mismo convencimiento está dispuesta a poner en marcha talleres y acercar este método a padres y madres y en general a las comunidades educativas. Nuestra profesora de música sabe que no es fácil pero tampoco imposible y está dispuesta a contagiar su entusiasmo y seguridad por otra forma de enseñar. 

-¿Cómo estás Ana?

Bien, trabajando en lo que me gusta, la educación y la música. Además, muy animada para poner en marcha unos talleres formativos que apuestan por otra manera de enseñar.

-Luego me cuentas, pero empecemos con el instrumento, ¿por qué el clarinete?

Pues sinceramente, antes no había muchas opciones donde elegir porque se tenía la creencia que había instrumentos de chicos y de chicas. Las opciones eran flauta o clarinete y dije -pues clarinete-. Tenía cierta similitud con el instrumento de mi abuelo que tocaba el saxofón. En cuanto lo empecé a tocar me gustó y encantada de seguir con él.

-¿Eres, como muchos criptanenses, de familia de músicos?

Pues mi abuelo, José María Iniesta, tocaba el saxo y era de los de la Orquesta Mambo. Luego estamos mi hermano y yo; los dos apostamos por la música.

-¿Y eres de las que ya estudiaste el grado medio/profesional aquí?

No, yo soy de las que aún tuve que ir a Madrid. Con 13 años íbamos, mi hermano y yo, al Conservatorio Amaniel a estudiar dos veces a la semana en tren desde Alcázar. Íbamos varios y ya luego hice las pruebas y pasé al Superior de Atocha.

-El conservatorio Alcázar-Criptana llegó tarde para ti.

Quien ahora quiere estudiar música lo tiene mucho más fácil. Más fácil todo en general porque hay más servicios y todo es más accesible empezando por el invento de Internet que evita muchos desplazamientos. Nosotros solo el presupuesto del tren… La verdad es que no sabemos apreciar lo que tenemos.

-¿Tenías muy claro que tu elección era dedicarte a la música?

Lo tenía muy claro, de lo contrario yo no hubiera estudiado Bachillerato. Estudié Bachillerato por la música porque no me gustaba nada estudiar. Y es cierto que son muchos los músicos que hemos ido a trancas y barrancas con los estudios. Siempre he tenido la suerte de que mi madre me ha comprendido y claro, sacaba las notas justas porque para estudiar la carrera de Música, que yo tanto quería, necesitaba el Bachillerato. No tenía que hacer la selectividad.

“Hice Bachillerato por mi empeño y deseo de estudiar la carrera de Música”  

-Pero sí tuviste que hacer la prueba de acceso al Conservatorio que es como una selectividad.

Bueno sí, pero la prueba del Conservatorio como era lo que me gustaba no había ningún problema.

-¿Y esa vocación musical la entendieron tus padres?

Sí, perfectamente. Mi madre lo había vivido con mi abuelo y a ella también le hubiera gustado estudiar.

-Dices que no te gustaba estudiar, pero los estudios de Música son muy exigentes.

La música es otra historia, te transporta a otros mundos. Te hace más sensible, empático, entiendes mejor a las personas, más creativos… los beneficios son incalculables. Son beneficios que yo los he comprobado y, la verdad, no hace falta que nadie venga a contarme la riqueza de la música y del arte en general.

“La música es otra historia, te transporta a otros mundos y te hace más sensible”  

-¿También se sufre más al ser más sensible?

¡Hombre! claro que se sufre más y se disfruta también más, te vuelve más sensible. La música te hace más empático y que las cosas de los demás te afecten más. La música te hace mucho más humano, eres capaz de ver cosas que otros no ven debido a esa sensibilidad.

-Terminas los estudios e imagino que quieres tener tu propio cartel.

Yo tenía muy claro que me quería dedicar a la docencia. Siempre me veía yendo a dar clases y qué mejor que hacerlo siendo lo que tanto me gusta, docente con la música. Era ser profesora de algo que no era rígido y que da mucha más libertad y además, profesora en su mayoría de niños. Los adoro y me dan la vida en las clases.

-Y ya comienza el peregrinaje laboral de arriba para abajo. Algo muy habitual entre los músicos.

Sí, ahí vamos la mayoría dando tumbos y sujetos a las políticas de cada ayuntamiento y a las convocatorias. Estuve en Valdepeñas y Herencia, Villarta, Criptana, Manzanares... En Valdepeñas te hablo de 10 años y en Herencia de 12. Y así compaginando una escuela con otra con mi clarinete a todas partes. También daba Música y Movimiento y empecé a coger niños de 3 a 7 años. Ahora ya estoy estabilizada en Villacañas.

-¿Siempre con niños?

Lo que más he tenido son niños entre 10 y 15, pero entre los alumnos había de todas las edades. He tenido hasta señoras de cerca de 80 años.

-Nunca es tarde si la dicha es buena.

Venían por gusto de aprender y por terapia. Yo he tenido dos casos muy significativos y que me impactaron mucho y me han hecho reflexionar. Un chaval que tuve en tratamiento por desintoxicación de droga. Tenía solo 15 años, tela, y le recomendaron como terapia la música y fue uno de los mejores alumnos que he tenido. Estuvo conmigo hasta los 18, tres años, pero siguió yendo por la escuela y no perdió el contacto. A día de hoy totalmente rehabilitado, pero a mí eso me supuso mucho porque me di cuenta que el sistema no está hecho para dar cabida a personas con unas capacidades y necesidades que ni se miden ni se contemplan. Yo, con este chico, no podía seguir la programación del centro porque él no estaba en las mismas condiciones que otros. Yo veía con él canciones de Queen y de otros grupos que le gustaban y el chaval salía emocionado de las clases. Si no lo haces así y te limitas al programa surge una gran contradicción y una pregunta -¿dónde está esa humanidad y esa sensibilidad que te da la música?-.

 “Me di cuenta que el sistema no está hecho para dar cabida a personas con unas capacidades y necesidades que ni se miden ni se contemplan”  

-¿Y con el otro caso pasa lo mismo?

Sí, era una señora mayor que acababa de fallecer su marido y tenía una depresión enorme y la animaron para que se apuntara a la clase. Su objetivo no era tanto aprender música como el obligarse a salir, arreglarse, conocer a otras personas… Lo bueno es que las clases de música le ayudaron a superar la depresión y lo mejor es que estas personas muchas veces terminan siendo buenos músicos. Esta señora en concreto, era increíble lo bien que terminó cantando y el chico tocaba el clarinete como Dios. Y es que le ponen una emoción y sentimiento especial y no es algo impuesto y obligado. Yo feliz.

-Ana ¿qué te encuentras en el mundo de la docencia? ¿Cuál es tu experiencia?

Pues cosas muy buenas y otras no tanto. Mi experiencia, sobre todo cuando empecé a trabajar con niños de 3 años, es que no desarrollan su potencial en libertad. Están muy condicionados por el sistema y por las propias familias y casas para seguir al dedillo los programas educativos, las tareas… y lo cierto es que son programas pensados por adultos. Los tenemos pensando y siguiendo unos patrones que igual lo que están haciendo es limitar sus verdaderos talentos y aprendizajes. Me resulta muy triste; los consideramos muchas veces como adultos pequeños y son niños.

-Imagino que esa contradicción de la que hablas se da de manera especial en una enseñanza tan creativa como es la música.

Por eso te das más cuenta de las cosas. En disciplinas más rígidas no lo ves tanto como en una escuela de música, aquí la gente viene porque quiere. Eso les hace ser más ellos y más libres en un ambiente, que siendo de aprendizaje, es más flexible y abierto. La música tiene sentido en grupo, cada uno con su papel y todos importantes y necesarios lejos de la competitividad, que hoy en día hay mucha. Es otro enfoque, otra idea e historia y les viene muy bien esa idea de no rivalidad, de no competencia.

-¿La competitividad viene más de los padres que quieren tener un Mozart en casa?

Sí, pero igual que en el fútbol que todos quieren tener a uno de los grandes en casa.

-¿Son peores los padres?

Yo diría que sí. Mi pasión son los niños y mi reto los padres. Les invito a que miren las cosas de otra manera.

“Mi pasión son los niños y mi reto los padres”                                        

-Pues lo tienes complicado porque eso de la creatividad, la flexibilidad y la libertad suena a que cada uno haga lo que le dé la gana y por eso los padres no pasan y menos aún los profesores.

Claro esto es lo difícil, que hoy en día nos vamos a los extremos en la educación. Educamos cuando nos interesa en un autoritarismo, que no es autoridad, y queremos que hagan las cosas ya y vamos a voces y a castigos por miedo. Y cuando nos interesa somos muy permisivos, no tengo tiempo… pues le compro las zapatillas, le llevo a cenar, a… no tenemos límites. Vivimos una educación de extremos.

“Vivimos una educación de extremos”                                                      

-¿Y tú hablas del punto medio?

Hablo de equilibrio, los extremos son malos. Y más cuando hablamos de una actividad no obligatoria y en unas edades en las que hay mucha creatividad.

-¿Cómo puedes aplicar esto o compaginar esto con una programación que suele ser muy poco flexible?

Pues de la manera más antigua, hablando se entiende la gente. Yo manifiesto a quien corresponda (directiva, compañeros, padres) mis inquietudes y vemos cómo podemos mejorar y qué podemos cambiar y bueno, me dan un margen y ese margen lo aplico con mis alumnos. En esto consiste, en mirar a las personas; no es cuestión de decir –aquí tengo estos objetivos- es decir –aquí tengo a estas personas-. Y ya en función de la persona adaptas los objetivos.

-Todo esto en una escuela de música con estudios no obligados vale, pero ¿cómo lo adaptas a un colegio de primaria con unos estudios muy reglados? Allí no puedes ir niño por niño.

Lo que podemos hacer es que cada familia lo aplique en su casa y así, cuando el niño va a clase ya tenemos mucho hecho. Esto no es un problema del sistema educativo, de los profes o del gobierno de turno, es un problema de todos y empieza con nuestros hijos en nuestra casa.

-Así que hay que empezar por convencer a los padres y seguir por escuelas y políticos.

En el momento que esa conciencia esté en cada uno de los hogares, el sistema va a cambiar por sí mismo. Hay otras cosas también importantes más allá de las tareas o deberes que traen a casa, cosas como ir a música o hacer deporte o ir a ver a los abuelos y vivir. Y hasta que no entendamos esto no vamos a funcionar bien. ¿Por qué hay que mandar tarea para casa? Si tu trabajo son las horas que estás en el instituto pues ya hemos acabado.

“Hay cosas importantes más allá de los deberes que traen a casa como ir a música, hacer deporte o ir a ver a los abuelos”  

-¿Cómo convive esto con un sistema oficial?

Difícilmente y dejándote llevar más por los talentos de tu hijo y por cómo avanza tu hijo y su ritmo. Es muy difícil. Es cuestión de conciencia que implica a todos. Más flexibilidad.

-Y llega un momento que tú decides pasar a la acción. ¿Y qué ha pasado?

Pues esto fue sobre todo cuando tuve a mis hijos. Decido cambiar lo que no me gusta y yo veo que me está funcionando verdaderamente, en contra de lo que creemos. El rendimiento escolar sube, los niños están más relajados al eliminar la presión e incluso se vuelven más responsables. Cuando estamos continuamente encima de ellos no se educa en la responsabilidad, hay miedo. Mis hijos el rendimiento es de 9 y 10. Eliminar la presión que tienen todos los días tanto en el colegio como cuando luego llegan a casa. Que no se trata de que el profesor no tenga autoridad, que la tiene, pero lo que es la docencia, el aprendizaje está por los suelos.

“Cuando estamos continuamente encima de ellos no se educa en la responsabilidad, hay miedo”  

-Ese interés te lleva a realizar unos cursos bajo la fórmula de la disciplina positiva.

Claro yo a raíz de ver lo que diariamente veía en el aula, me puse a investigar todo lo que es la disciplina positiva y esta otra forma de educar. Me encuentro con la sorpresa que yo lo que de manera innata ya estaba aplicando en mis alumnos estaba recogido de manera ordenada en unos cursos muy de la línea de Montessory. Cuanto más respetemos al niño, su ritmo de aprendizaje va a ir mejor.

-Pues muchos estarán todo el día tumbados con la pantallita y a jugar.

Pues por eso es tan complicado ese punto medio y no nos gusta esta manera de educar porque requiere mucha paciencia y presencia. Cosa que ahora no tenemos.

-¿Cuál es tu reto entonces en este ámbito?

En ello estoy, poder compartir esta corriente y esta forma de enseñar con padres y profesores que estén interesados mediante unos cursos y talleres. Hoy en día pertenezco a la Asociación de Disciplina Positiva de España y ese es mi reto, poner en marcha este taller digital con el fin de concienciar y así llegar a padres y madres. Tengo mucha fe en esto y estoy muy ilusionada.


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