Juanjo Cruz García-Morales, panadero, deportista, ausencia, enfermedad y vida

“El deporte me hace bien por la mañana, la lectura por la tarde y entremedias los hijos y los nietos”

Laura Figueiredo (16 de mayo de 2025)- De familia de panaderos, panadero de oficio, aunque no de vocación. Le hubiera gustado dedicarse a la mecánica y a los coches, pero eran otros tiempos, se daba continuidad al trabajo familiar y pocos eran quienes se desviaban del camino marcado por los antecesores. Lo que sí que le apasiona es el deporte y de manera especial la bicicleta sobre la que lleva subido 45 años. Acude puntual al gimnasio para hacer su tabla de fuerza y cardio y tan contento. Tiene 75 años y parece que no le pesan al igual que tampoco parece pesarle mucho las pesas y mancuernas.  

Es Juanjo Cruz García-Morales, el panadero del Pozo de las Eras (Plaza Infantas) y de los Palucha como ya le llamaban a su abuelo, aunque no sabe por qué. Un criptanense que evita entrar en lamentos y prioriza el día a día en el que el deporte le hace bien por las mañanas, la lectura por las tardes y entremedias hijos y nietos.

Son buenas medicinas para alguien que perdía a su mujer, Pilar Muñoz, hace cuatro años con un cáncer que daba la cara justo en la jubilación (2016). Entonces, el viaje soñado por el norte de España se convirtió en un ir y venir por hospitales y médicos. No lo lleva mal, nos asegura Juanjo, aunque la pena está “porque el vacío que hay es algo irrecuperable”.

Mucho mejor lleva nuestro entrevistado el tratamiento contra otro cáncer que terminaba apareciendo en su propio cuerpo. Juanjo decidió desde el principio plantar cara a la enfermedad lejos de arrinconarse esperando lo peor. Ha seguido haciendo deporte y ha sabido adaptarse a las circunstancias, ahora su bicicleta es eléctrica para poder seguir el ritmo de sus compañeros, una alternativa más sana que la de aparcar la bici para siempre. Los resultados del tratamiento por ahora van siendo buenos.

Juanjo, asegura que nunca es tarde para sumarse al deporte, siempre que se sepa hacer con sensatez y prudencia. Ante las ausencias, aun con la pena y el vacío, la vida sigue y hay que ocupar el tiempo y la mente de la mejor manera para ti mismo y para la familia.

-¿Qué tal estás Juanjo?

Bien, sin entrar en detalles. Físicamente no me quejo, aunque me canso más por el tratamiento que tengo. Mentalmente, no he necesitado ayuda psicológica tras la muerte de mi mujer, creo que no me ha hecho falta, lo llevo bien con mi pena porque el vacío que hay es algo irrecuperable. Están los hijos y los nietos.

-Y está el gimnasio. Me da que tú eres de los que no tienes ninguna pereza en venir y cogerte unas pesas, la barra o la bicicleta.

No me da ninguna pereza y aquí vengo todos los días de lunes a jueves una hora y media. Y el viernes con la bici, el sábado descanso y el domingo salgo de nuevo con la bici con dos compañeros y ese es el plan matinal.

-Eres de los que vienes al gimnasio no a pasearte precisamente.

No, vengo al gimnasio a hacer gimnasia. Si vienes a que te vean no vengas, eso del postureo conmigo no va. Y bien, me ha ido bien.

-¿Qué te aporta el gimnasio?

Pues bienestar, y estar de alguna manera lo más en forma posible porque yo lo último que quiero es dar problemas a los hijos y que se tengan que ocupar de mí. Procuro estar bien, ágil física y mentalmente para no necesitar ayuda. No es poco lo que viene sin que nadie lo llame, te llega un cáncer y lo tienes que llevar lo mejor posible. No me puedo quedar en un rincón pensando que me voy a morir.

“Te llega un cáncer y no te puedes quedar en un rincón pensando que te vas a morir”

 

-Y lejos de quedarte en ese rincón esperando la muerte decides seguir sumando kilómetros con la bici.

Muchos, un cuentakilómetros tiene 40.000 o poco más y otro que ni lo contabilicé. Pero sí, son 45 años pedaleando. El deporte me da la vida, siempre me ha gustado y no se puede practicar sino le coges afición y haces de él una rutina diaria.

"El deporte me da b¡enestar, me da vida"

 

-Rutina diaria sí que fue estar al frente de la panadería familiar.

Toda la vida hasta que la dejamos en el 2016. Nací allí y con 6-7 años un cestito a la espalda y a llevar al despacho que pidiera pan. Te hablo de hace 70 años. Y en el cole hasta los 14 años y ya a trabajar que hacía falta a mi padre en la panadería. Y hasta el 2016.

“Con 6-7 años un cestito a la espalda y a llevar al despacho que pidiera pan”

 

-Primero era pan y luego…

Al principio era pan blanco y ya se fueron añadiendo barras y luego las magdalenas que nos traían las vecinas a cocer en el horno y ya pasamos a hacerlas nosotros para venderlas. Se añadieron tortas, galletas, tortas de mosto, hornazos, mantecados… bollería sencilla porque no éramos pasteleros.

-¿Y ahora dónde compras el pan?

Pues tengo que confesar que allí, en el Simply. Hay uno que me gusta, aunque bueno no es ninguno. No como mucho y es verdad que no soy muy exigente. Ha cambiado todo mucho y ya los últimos años en la panadería empezaba a cambiar esto del pan. Tuvimos gente ajena hasta que nos quedamos los dos solicos porque la cosa iba a menos y ya se acabó. Los chicos no quisieron ni yo quise que quisieran. Ellos hicieron sus estudios unos más y otros menos y formaron sus familias y adelante.

-Veo que el pueblo se queda sin hornos.

Pues sí, no hay sucesión ninguna. Los que hay ahora mismo sé que sucesión familiar no tienen. El Orejón ya tiene un montaje más comercial, es otro nivel y es la única que se ve así con más futuro. Las demás se ven abocadas al traspaso y eso si logran traspasar. Bueno, también está Pan y + que se pudo traspasar y trabajan bien.

-Tengo la sensación de que cada vez hay más ciclistas y menos panaderos.

Por supuesto que sí, no tengas ninguna duda. Ciclistas estamos muchísimos y panaderos cada vez menos.

-Todo cambia Juanjo.

Mira, cambia hasta el pan. Yo cambié el horno que tenía mi padre y ya no cocía igual. El mío era de aire, eléctrico y el de mi padre de leña. Salía bien pero no era igual y es que yo no he sido panadero tampoco.

-¿Y ahora lo dices?

Por circunstancias me tocó a mí cargar con la panadería, pero a mí no me gustaba. Pero entonces a los padres les daba algo si decías que te ibas. Intenté irme a Madrid y casi se me mueren. Era otra vida y por eso a mí ni siquiera se me ha ocurrido proponerles a mis hijos que siguieran. Un trabajo muy esclavo, siempre trabajando. Sin fiestas, sin vacaciones…

“Por circunstancias me tocó a mí cargar con la panadería, pero a mí no me gustaba”

 

-Antes un chico de 18 años era un hombretón y ahora es un crío.

No, te obligaban las circunstancias. Era lo que había, ahora los chicos estudian, hacen otras cosas y los tiempos han cambiado. Ahora nadie obliga a seguir a los hijos con los negocios y nos estamos quedando sin profesionales en muchos oficios.

“Antes las circunstancias te obligaban a los 18 años a ser un hombretón; ahora los chicos estudian, hacen otras cosas y los tiempos han cambiado”

 

-¿Qué hubieras hecho?

A mí me gustaban los coches, que es a lo que me tenía que haber dedicado yo. A algo de automoción, estudiado mecánica y poner un concesionario o… Los coches era lo mío.

-¿Qué es más difícil subir con la bici la cuesta de los molinos o hacer un buen pan?

Son cosas distintas y las dos cosas necesitan preparación y saber. Yo creo que hacer pan es más complicado, la cuesta al final la subes poco a poco; una panadería tiene más complicaciones y es un oficio que hay que aprender y saber.

-¿Es un oficio que se valora?

Creo que no, no lo suficiente. El sacrificio y el trabajo que hay detrás no lo ve la gente.

-El caso es que te jubilas de un oficio en el que has estado toda tu vida por esa disciplina y obediencia de entonces a los padres….

Y porque no aprendí otra cosa: me puse a trabajar y era un trabajo tan esclavo, con esos horarios…

-Juanjo, te jubilas con la ilusión de viajar con tu mujer, Pilar, por el norte de España y te ves de hospital en hospital ¿Qué pasó?

Yo ya tenía decidido que me jubilaba el 30 de agosto de 2016 con casi 67 años y unos días antes, el 7 vamos al médico a Madrid con mi mujer que llevaba cojeando ya un tiempo. Y unas pruebas y otras y no nos dio solución. Esto era por la mañana y por la tarde nos fuimos a urgencias en Alcázar y ya no salimos hasta el día 26. Y ya me jubilé ese mismo día, ya no abrí más. Ya esos días era una prueba y otra para terminar con un diagnóstico claro, metástasis por un cáncer de tiroides que no cogimos a tiempo.

-Ya empezó un peregrinaje de un sitio a otro.

Bueno de esta, tras operarla en la pierna, no salió mal y con unas pastillas se mantuvo un tiempo bien. Hasta que le provocaron un infarto. Y ya fue una prueba en Ciudad Real, otra en Albacete, otra… y a todos los sitios fuimos y es que cuando no hay solución, no hay solución. Terminamos en La Paz en Madrid en plena pandemia con otro tratamiento. La cosa no mejoraba, iba a peor ya la tenía que pasar en silla de ruedas… y así hasta mayo de 2020. No estaba bien y ya paliativos, pequeños paseos cerca de casa hasta que dejó de poder andar y ya hasta que se fue… el 30 de junio del 21. Cinco años.

“Y a todos los sitios fuimos y es que cuando no hay solución, no hay solución”

 

-¿Es cierto que lo último que se pierde es la esperanza?

Es que yo no me lo creía y ella tampoco al principio. Luego, al final pues había que creerlo y sí, al final creo que lo tuvo que aceptar, pero se resistía y mucho.

-¿Y tú?

Pues que no me lo creía. No pensé nunca que se me moría y lo estaba viendo que iba a peor y a peor.

-Hasta que se fue.

Sí, me agarré a ella y eso fue un tsunami de pena, de una pena profunda, muy profunda. Yo no paraba de llorar, no aceptaba que se me muriera. Y se murió, allí en casa y no hay más. Luego, ya hay que ir aceptándolo poco a poco. Y bueno la vida es así y como viene hay que llevarla y no hay otra cosa. Pilar, trabajando era tremenda, no se cansaba nunca. Ayudaba en la panadería, dormía un rato tras comer y ya se quedaba siempre haciendo cosas.

“Sí, me agarré a ella y eso fue un tsunami de pena, de una pena profunda, muy profunda”

 

-Nadie nos prepara para la muerte.

No, nadie. A mí no me da miedo y si me tengo que morir me voy con ella. Tengo el cáncer y estoy en tratamiento desde el 2023 con 26 sesiones de radioterapia desde 2024 con las inyecciones famosas, una cada seis meses y parece que voy respondiendo bien. Estoy bien aparte de sudores y cansancio. De hecho, me he tenido que comprar una bicicleta eléctrica para salir con los compañeros si no me dejan atrás. Me canso y tengo que aflojar. Estoy bien.

-¿Y por la tarde qué haces?

Pues ya hago la comida, nos sentamos a comer, comemos, veo algún programa de sobremesa y a leer y ya hasta que llegan los chicos sobre las ocho, tras dejar los trabajos. La lectura me hace bien. Por la noche, como tengo Netflix, pues un rato de película.

-¿Qué estás leyendo?

Ahora estoy con Luis Zueco, escritor de novela histórica y lo combina muy bien. Ahora estoy con “El mercader de libros” y ya leí “El Castillo” “El Monasterio” ...

-Qué le dirías a las personas mayores que dicen –yo ya esto del deporte… a esto ya llego tarde-.

Nunca es tarde, a no ser que tengas un impedimento físico que no te lo permite. Pero a leer y a hacer deporte no se llega nunca tarde. Claro que si llegas con unos años ya y nunca has hecho deporte no puedes empezar como un chico joven. Poco a poco y sabiendo que costará al principio, que hay que dar a los pedales y que el culo te va a doler. Y si no cómprate una bicicleta eléctrica, con ella también mueves bien las piernas y te vas dosificando. Y te vas aficionando con gusto. O que vengan al gimnasio, siempre hay ejercicios y prácticas que se pueden adaptar.

“A leer y a hacer deporte no se llega nunca tarde”

 

-¿Y qué les dices a quienes atraviesan pérdidas, personas queridas que mueren?

Es complicado y difícil. Solo puedo decir que el dolor y la tristeza se tiene, pero la vida sigue y hay que ocupar el tiempo y la mente con lectura, deporte, un rato de tv… Claro que la echo en falta. Mira, soy fan de Tú cara me suena y siempre lo veía con ella… ahora lo veo solito, pero bueno, lo veo y hasta el día siguiente.

-¿Cómo ves Criptana?

Echo de menos un sitio agradable para nosotros. Un sitio donde ir a charlar un rato, tomar un café, escuchar música, leer… Criptana, es vedad que da oportunidades para formarte en muchas cosas. Ahí está la música y la banda grande como digo yo. En ella están dos nietas y hasta Cullera que nos fuimos hace unas semanas y a donde haga falta mientras se pueda. Hay otro nieto que lo que le gusta es la trompeta y la banda de los Verdes, es que hay donde elegir en el pueblo, hay para todos los gustos.

 

 


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