Un escritor para la historia

Por casualidad, como suelen suceder las mejores cosas en la vida, por casualidad, supe que nuestro insigne escritor Miguel Delibes había nacido en el año 1.920, por lo tanto este año se cumple el centenario.

Y hasta ese momento no había escuchado nada acerca de homenajes en algunos medios de radio, televisión, asociaciones literarias...
Me resulta muy triste ver cómo se olvida a uno de los personajes que dio tanto brillo a la literatura española en el siglo XX, y que colocó en la cumbre a la narrativa castellana.

Quizás la culpa sea de la pandemia y pronto veamos que sí, se recuerda. Yo mientras tanto, quiero hacer mi modesto homenaje a este magnífico escritor que fue merecedor del Premio Nobel.

Nació en Valladolid un 17 de octubre de 1.920 y en la fachada de su casa natal, una placa lo recuerda con una frase suya: 

“Soy como un árbol que crece donde lo plantan”.

Así era él, un hombre sencillo, amante del campo, de la naturaleza, y que supo transmitir a sus hijos, ya que siete de ellos se licenciaron en Biología. Menos la más pequeña que estudió Filosofía y Letras.

Su familia, la escritura, y su afición a la caza eran toda su vida. Por eso, cuando en el año 1974, su mujer, Ángeles Castro, falleció con tan solo 50 años, Miguel se hundió en un dolor inconsolable. A partir de ese momento su vida estuvo marcada por la ausencia de su compañera, la mujer que tanto había amado.

Tengo que reconocer que es uno de mis escritores predilectos. Su estilo realista y su prosa llana, carente de artificios, pero a la vez poética, es lo que yo busco en la lectura.

En 1947 publicó su primera novela: La sombra del ciprés es alargada por la que obtuvo el premio Nadal.

En 1.959 publica La hoja roja. Hace bastantes años que la leí y recuerdo la ternura que me inspiraba este anciano, que cenaba todos los días en soledad, y su cena siempre consistía en un huevo pasado por agua.

Cinco horas con Mario, fue adaptada al teatro y magistralmente interpretada por Lola Herrera, en un monólogo inquietante, que pocos españoles dejaron de ver.

Los Santos Inocentes, publicada en 1981, una extraordinaria novela ambientada en la Extremadura rural y que fue llevada al cine por el director Mario Camus e interpretada por Alfredo Landa y Francisco Rabal y ambos consiguieron el premio de interpretación masculina en el Festival de Cannes.

Para mí, una de sus mejores novelas es, junto a Los Santos Inocentes, sin duda, El Hereje. En ella, el consagrado escritor, vuelca todo su virtuosismo y nos hace viajar por Valladolid en la época de Carlos V. Nos encontramos con la reforma protestante de Martín Lutero y con el Santo Oficio. Pero ante todo la historia es un canto a la libertad de pensamiento y a la tolerancia.

Esta fue su última novela, que obtuvo el premio Nacional de Narrativa 1999.

Por su extensa obra, tanto en novelas, ensayos, libros de viajes, relatos etc. recibió decenas de premios y titulaciones honoríficas.

Fue miembro de la Real Academia Española con la silla “e”.

Premio Príncipe de Asturias en 1982

Se cumple el primer centenario del nacimiento de un hombre que vino al mundo para mostrarnos la belleza de nuestra lengua.


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