En mi recuerdo: "El día del Señor"

Me propone Laura Figueiredo colaborar con escritos en esta sección de manera periódica. Petición que agradezco aunque debo decir que también me lo pensé.

Tengo que decir que no soy un erudito en la escritura de artículos, alguna vez que otra me he atrevido en varias publicaciones durante esta última parte de mi vida. Pensando que yo no soy columnista al uso, me planteé cual podría ser mi temario y enseguida saltó que podría ser un lugar donde manifestar mis recuerdos, puesto que ellos son el sostén de muchas vivencias que he tenido, sobre todo en el ambiente religioso donde me he movido. Y aquí me tenéis.

Correspondiendo al ciclo festivo, hoy me voy a fijar en la fiesta del Corpus Christi por aquello que estamos prontos a su celebración y que en el presente año, no vamos a poder celebrar en la calle, a causa de este maldito bicho que nos está impidiendo tantas cosas.

Ante todo, antiguamente en el vocabulario popular no se le llamaba el día del Corpus sino “El día del Señor”. En la función solemne intervenía el Coro y a “toda orquesta”, término que aparecía en los programas anunciadores y que no era otra cosa que la conjunción de unos cuantos instrumentos como dos violines, un clarinete, un cello, un saxo y poco más. Todo ello acompañado del sonido del armonio que es un pequeño órgano sin tubos accionado por los pedales del que lo tocaba. En mi niñez correspondía pulsarlo a un personaje como el sacristán mayor, don Ángel Valero que al tiempo dirigía con la cabeza marcando el compás de medida tanto al coro como a la pequeña orquesta . Normalmente se interpretaba la llamada “II Pontifical “de Lorenzo Perossi. Todo ello en un ambiente de extrema solemnidad reflejado en una iglesia con todas la arañas encendidas y completada con la celebración de la misa de tres curas. Estaba presidida por la gran figura de don Gregorio, donde todo su afán era que las ceremonias en el templo criptanense fueran de una exaltación “cuasi catedralicia”. No os extrañe que en estos artículos aparezca en varias ocasiones el personaje de don Gregorio, no en vano marcó mi niñez y mi juventud dejando su impronta en mi carácter y forma de ser.

Terminada la misa, como es preceptivo, salía a la calle la procesión con la carroza de la custodia integrada en un baldaquino de madera dorada y que era copia del desaparecido en la Guerra Civil que, según me han contado, no era portado en carrozas sino en unas andas que llevaban los sacerdotes. Hay que tener en cuenta que en tiempos pasados nuestra Parroquia estaba compuesta de varios curas y también aquellos llamados adscritos que eran los que o bien celebraban la misa al alba en la parroquia o en los oratorios de sus casas particulares y una vez terminada la misma, tras el desayuno, iban a cuidar y atender sus tierras en el campo. De ahí el dicho de “curas de misa y olla”.

La custodia actual es una ejemplar ostensorio de plata con rayos sobredorados donde en el centro aparece el viril que aloja la forma consagrada compuesto el fuste por la bola del mundo sostenido por un ángel. En la parte del pie aparece un escudo con la cruz de Santiago y el basamento decorado con una artística filigrana de orfebrería que no se puede apreciar desde el suelo cuando desfila en la procesión. Ya por otros escritos se ha consignado que esta custodia es anterior a la guerra y que data del siglo XVIII. Se salvó gracias a que antes de la destrucción del templo se recogió y fue enviada a Ciudad Real con otros elementos de orfebrería y dio a parar a un almacén al cuidado de un criptanense. Acabada la guerra, devolvió al ayuntamiento todos los objetos de culto, según aparece en un documento guardado en el archivo municipal.

Para terminar hay que consignar que el itinerario de la procesión ha discurrido siempre por las mismas calles que en la actualidad y es el mismo que la procesión del Santo Entierro en Semana Santa. Entre unas cuantas fotografías de mi archivo, he escogido esta en la que aparecen los curas y, ¡cómo no¡, el sacristán mayor Ángel Valero, junto a monaguillos y miembros de la adoración nocturna discurriendo frente a la incipiente parroquia en construcción.

Carmelo Díaz-Ropero Reíllo


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