Continuamos con el camino, llegamos a La Mesa

Nos levantamos muy temprano, demasiado diría. La noche ha sido regular, el albergue municipal de esta noche es con diferencia de los peores del camino, (lo siento, no soy mucho de criticar, pero hay que decirlo), necesita una gran reforma para que el peregrino descanse, y aunque el hospitalero se esfuerza por agradar y ser amable, este albergue carece de necesidades básicas, necesita cambiar los colchones, un poco de higiene, y por ultimo a la hora de lavar la ropa de la etapa, no existe tendedero suficiente, solo para los dos primeros que lleguen. En fin, entre unas cosas y otras he dormido poco, y no he descansado lo suficiente.

Los primeros diez kilómetros de hoy son todos de subida, pues hemos de coronar el Puerto del Palo (1200 m). Como por distintas circunstancias la etapa será dura, me he tomado con cierta calma el inicio de la etapa. Muy pronto se me olvida totalmente la noche pasada, comienzo a disfrutar del espectáculo, el paisaje es fantástico. Castañares, acebos, madroños, naturaleza al cien por cien, soledad absoluta, los únicos sonidos que consigo escuchar es el de los riachuelos, las regueras que se descuelgan por las laderas y las aves que se esconden en las ramas de este frondoso bosque. Casi dos hora ya desde que abandone Pola, camino por un valle que cada vez se estrecha mas y más, atravieso como si de un cuento se tratara varios puentes de madera que están rodeados de arándanos. La subida es cada vez es mas pesada y el ritmo decrece a cada paso que doy. Yo solo me animo, veo que la cima del Puerto Palo está cada vez más cerca y me paro a respirar en una senda muy estrecha rodeada de plantas y entre una gran cantidad de pinos. Por fin llego a la cima, el espectáculo paisajístico es grandioso y comienzo a descender por una senda pedregosa, a lo lejos veo Montefurado, que es un pueblo solitario que parece nacer de la montaña. Ya allí, tengo la impresión que estoy dentro de una película, todas las casas de pizarra, aquí en tiempos hubo un hospital de peregrinos, en lo que ahora es la Capilla de Santiago, en la que destaca una talla del Santo.

Es poca la vida que se ve en este lugar. Lo cierto es que he caminado toda la mañana solo, no he visto a nadie. Es momento de parar, reponer fuerzas, un poco de agua y unos frutos secos. Cuando estoy en ello, me sorprende los ladridos de un mastín que me pone en pie de un salto, como en guardia esperando que el perro que viene hacia mí se detenga en algún momento. Me tranquilizo cuando a lo lejos una persona le llama y el mastín frena de golpe. Seguidamente le llamo, el animal no tenía malas intenciones, incluso se ha dejado acariciar. He hablado unos momentos con este señor, que me dice que es el único habitante de Montefurado, que pertenece a la parroquia de Allande.

Finalmente retomo la marcha, continuo mi camino en soledad. Hoy, a pesar de que la primera parte de la etapa ha sido muy dura, lo cierto es que estoy disfrutando del maravilloso paisaje. Aun me restan unos nueve kilómetros para llegar a mis destino de hoy, La Mesa. Acabo de dejar atrás Sesto de la Fuente y he pasado por la puerta de una iglesia. Continuo camino hacia Lago, otro pueblo asturiano que cuenta con cinco habitantes. Transito por pinares y tengo ya muy cerca también Berducedo, pueblo con cerca de cien habitantes, donde hay de todos los servicios y tiene tres albergues. Aquí en Berducedo compruebo que ya son algunos los peregrinos que han decidido quedarse a pernoctar. Yo, sin embargo, continuo con la ruta que me marque en su momento, y por unas escarpadas sendas bordeo la iglesia de Santa María, con unos tejos impresionantes que acostumbraban a plantar en los entornos de los edificios religiosos y en los cementerios. Eran sagrados para los celtas, pues como eran tan eternos protegían enormemente estas construcciones.

Solo restan ya cinco kilómetros para llegar a La Mesa, municipio que pertenece al Concejo de Allande y que esta en el Parque Natural Las Ubiñas, reserva de la Biosfera. La Mesa, parece como salida de un cuento de Navidad, pueblo con cerca de quince habitantes. Antes de llegar al albergue Miguelín hago una parada en la Iglesia de Santa María Magdalena, una coqueta iglesia del siglo XVI que impresiona por su construcción.

Ya en el albergue, me atiende una señora muy amable de unos cincuenta años. Son cerca de las cuatro de la tarde y le digo que vengo muy cansado. Amablemente me ofrece una habitación independiente que tienen para casos especiales con baño e, igualmente, le pido que me diga donde puedo lavar la ropa. “ Déjamela en esta bolsa que yo te la lavo y te la seco”, casi me sonrojo por la amabilidad de esta asturiana.

La tarde estas muy fresquita, mucha niebla, mucha humedad, rodeados de montañas y bosques. Lo que ahora me apetece es comer un buen plato caliente y descansar, mañana es una de las etapas mas duras: Grandas de Salima, aunque como solo está a dieciocho kilómetros intentaré buscar otro destino y hacer algunos kilómetros más, seguramente Castro, donde hay un asentamiento celta de la edad del bronce, fechado en el 800 a.C.

 

31/julio/2019


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