Belleza y poesía

Ella llevaba en sus genes dotes artísticas, a pesar de que sus padres quisieran dedicarla, como era la norma en la época, a las labores del hogar. A los quince años ya era una virtuosa del piano y del arpa. En 1.843 con veintitrés años publicó su primer tomo de poemas, que prologó Hartzenbusch.

Poseía una gran belleza y era deseada por todos los hombres que la conocían.

Escribió novelas, obras de teatro… y siempre estuvo comprometida con los derechos de la mujer, tanto sociales como culturales.

Victoria Carolina Coronado y Romero de Tejada. Nació en Almendralejo, Badajoz, en diciembre de 1.820 en el seno de una familia acomodada. A los nueve años ya poseía una extraordinaria facilidad para componer versos, muy cargados de sentimientos y dedicados a amores imposibles.

En 1838 en plena guerra civil, bordó, para un batallón de la Diputación de Badajoz, una bandera para defender el trono de Isabel II

Padecía una afección de catalepsia crónica, llegando a morir varias veces. Por ello, vivió obsesionada por la muerte y por la idea de que pudiera ser enterrada viva. Una de sus “falsas muertes” fue publicada en 1.844, lo que motivó a que Carolina escribiera: Dos muertes en una vida.

Cuatro años después sufrió una enfermedad nerviosa que la dejó medio paralítica y los médicos le recomendaron tomar aguas cerca de Madrid, por lo que trasladó su residencia a la capital.

En 1.852 se casó con el secretario de la embajada de EEUU. Con él tuvo un hijo y dos hijas. Su temperamento nervioso y exaltado le hizo sentir premoniciones y adelantó la muerte temprana de una de sus hijas.

El feminismo de Carolina no se quedó solo en sus versos, se dedicó a ayudar a jóvenes poetas para que publicaran en periódicos, presentándoles a editores y prologando sus libros para que fueran reconocidas. También impulsó la Hermandad Lírica, donde las mujeres se agrupaban para escribir y hacer frente a la hostilidad que sufrían de los hombres escritores. Uno de sus versos dice así:

“Los mozos están ufanos, gozosos están los viejos,
igualdad hay en la patria, libertad hay en el reino.
Pero os digo, compañeras, que la ley es sola de ellos,
que las hembras no se cuentan, ni hay NACIÓN para este sexo”

Su residencia madrileña se hizo famosa por las tertulias literarias y sirvió como punto de encuentro para escritores progresistas, llegando a asistir algunos de los más renombrados autores del momento como Emilio Castelar.

Sin embargo, este refugio clandestino causaría una férrea censura para sus obras. Pese a ello logró publicar algunas en periódicos y revistas, sobre todo poemas y artículos que adquirieron bastante notoriedad.

Junto a Concepción Arenal participó en el cuadro dirigente contra la esclavitud, de la Sociedad Abolicionista de Madrid.

El Liceo literario de Madrid acogió los primeros pasos literarios de Carolina y ella con agradecimiento a este círculo les dedicó un poema titulado: “Se va mi sombra, pero yo me quedo. A mis amigos de Madrid”. 1.848

Falleció en el palacio de la Mitra de Lisboa, el 15 de enero de 1.911.

Tenía noventa y un años y sus últimas dos décadas estuvo retirada de la sociedad, ya que su salud era muy limitada.

Poema que José de Espronceda le dedicó:

“Dicen que tienes trece primaveras
y eres portento de hermosura ya,
y que en tus grandes ojos reverberas
la lumbre de los astros inmortal.
Juro a tus plantas que insensato he sido
de placer en placer corriendo en pos,
cuando en el mismo valle hemos nacido,
niña gentil, para adorarnos, dos.
Más, ¡ay! Perdona virginal capullo,
cierra tu cáliz a mi loco amor;
que nacimos de una aura al mismo arrullo,
para ser; yo el insecto; tú, la flor”.


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