El tic tac de la relojería en los últimos cuarenta años
“Tras cuarenta años sigue siendo una satisfacción cada vez que reparo un reloj”
Laura Figueiredo (10 de diciembre 2020).- Rafa es el relojero y Pilar la joyera aunque el tic tac viene por la parte de ella. Su padre, Ignacio Díaz-Ropero, bien joven aprendió los conocimientos básicos de un relojero e hizo de ello su oficio. Un oficio que heredó su hijo (José Luis con taller n Alcázar de San Juan) y que enseñó a su yerno Rafael Montealegre Cruz quien junto a su mujer llevan al frente de la joyería-relojería Díaz- Ropero en la calle Murcia cuarenta años.
Nada más empezar, al taller de relojería le sumaron el de joyería, oficio que Pilar fue aprendiendo poco a poco y de manera prácticamente autodidacta. El caso es que cuatro décadas después los dos nos hablan de toda una serie de generaciones de relojes que han pasado y siguen pasando por sus manos. Rafa y Pilar nos acercan a un oficio que va mucho más allá de cambiar pilas y correas y que en Campo de Criptana va desapareciendo. Es el taller de toda la vida en el que la labor artesanal es esencial ante mecanismos de cuerda y no cuerda. Todo debe encajar al milímetro en unas piezas que muchas veces carecen ya de repuestos y que se reparan por sentimentalismo o capricho. Un trabajo que exige buena vista, habilidad y mucha, mucha paciencia.
Rafa y Pilar son reparadores del tiempo cuando los relojes se quedan sin tiempo.
¿Hay algo más preciso que una buena maquinaria de reloj?
Pilar.- El cuerpo humano que es lo que más se asemeja a la maquinaria de un reloj. Va todo al milímetro, sincronizado y en el momento que falla algo ni responde el reloj ni responde el cuerpo.
-¿Cómo empieza esta saga de relojeros?
P.- Empieza mi padre, Ignacio. Él muy joven tiene un problema cardíaco que le obliga a dejar el campo y dedicarse a algo más sedentario y tranquilo. Tiene un primo hermano que le enseña las primeras lecciones durante seis meses justo antes de irse a Canarias a vivir. Y aquí se queda mi padre como los toreros –hala, a la plaza-. Aprendió a base de coscorrones, de probar, error, acierto… fue uno de los relojeros del pueblo.
-¿Y aprendiste tú?
P.-Me críe entre relojes porque yo ya no conocí a mi padre de otra manera. Con 14 años me vine a la tienda y pasaba por mis manos todo lo que era mecánico y yo lo tocaba: despertadores, piezas grandes, cosas que no fueran delicadas. Y con el tiempo conozco a Rafa, que también tenía otro oficio, y cuando vuelve del servicio militar se decide. Ve que podía aprender el oficio y ser nosotros los relojeros.
-Y son ya muchos años
Rafa.- Mira, 40 años redondos.
-¿Te gustaba?
R.- Siempre me llamó la atención y todavía hoy es una satisfacción arreglar un reloj a pesar de los cuarenta años en el oficio. Sí, es cierto porque hay veces que no compensa económicamente pero lo hago por esa satisfacción de que otro reloj vuelva a estar en marcha, marcando las horas. Hay relojes antiguos que hay que hacerles las piezas y eso hoy no se paga… Por eso te digo que hay momentos que los arreglas por la satisfacción de verlos funcionar.
-Sufriréis cada vez que veis un reloj que no funciona.
R.- Será un defecto profesional pero me fijo enseguida. Se me van los ojos a los relojes.
-¿Os encontráis muchos que no funcionan?
P- Pues más de lo que parece porque este tipo de reloj de pared queda de decoración. Unos porque no funcionan y otros porque el dueño mismo los para al no poder dormir con el tic tac y menos aún si sale el cuco y da las horas. Sin embargo, la gente mayor que ha vivido siempre con ese sonido hasta lo echa de menos cuando se paran y es cuando no duermen.
-Por vuestras manos han pasado y pasan todas las generaciones de relojes ¿Cuántas?
R.- Por las nuestras todas. Eran de bolsillo, luego de pulsera, el de pared, despertadores, que se reparaban muchísimo, y los relojes de antesala.
-¿De antesala?
P.- Los que son de pie, los grandes y Rafa arregló el de la antesala de la Iglesia, junto al coro. Algunos son muy antiguos y de esos ha arreglado muchos.
R.- Algunos tenían las pletinas que sujetaban las ruedas de madera y tenían un cabujón de latón para que aguantase la madera. Aquí en el pueblo hay bastantes.
-Y en cuanto a mecanismos…
P.- De todo.
R.- El mecánico, que se alimentan con la cuerda, el automático, el eléctrico y ya los de cuarzo y digitales.
P.-. Y seguimos arreglando de todo tipo.
“Hoy se opta más por cambiar la maquinaria que por reparar”
-¿Hay muchos más relojes que relojeros?
R.- Claro, quedan muchos relojes y en muchos cajones. Lo que no quedan son tantos relojeros de toda la vida como nosotros. Los oficios se están acabando porque hoy se opta más por cambiar la maquinaria que por reparar. Reparar pasa por un trabajo manual, no siempre hay piezas y si se rompen unos dientes los tienes que hacer a mano, soldar y ajustar.
“Siguen quedando relojes de todo tipo lo que no quedan son relojeros de toda la vida como nosotros”
-Por tanto los mecánicos sobre todo se arreglan por satisfacción y capricho.
R.- Pues por satisfacción principalmente mía y por capricho del propietario. Es un trabajo artesanal y hay que echar muchas horas.
P.- Es que una cosa es cambiar la pila y otra saber reparar.
R.- Bueno, lo de la pila también tiene su habilidad en algunos relojes.
P.- Hay que saber hasta cómo abrir una pieza para que luego todo haga contacto.
-¿Sigue teniendo el reloj un valor sentimental?
P.- Bueno, hoy en día es más un complemento. Se regalaba como una pieza para toda la vida, era el reloj de muñeca para siempre. Hoy no, hoy cambiamos continuamente y en las casas se acumulan para según las circunstancias o si me hace juego o no con lo que llevo.
R.- Hace ya muchos años era un buen regalo y en todas las bodas había uno. No faltaba como regalo cuando se acababa una carrera, uno se jubilaba, en una pedida… Era una pieza muy significativa, muchos recuerdan su primer reloj.
P.- Y en las comuniones, los abuelos sobre todo lo regalaban con la idea de que ese reloj perdurará. Hoy con seis años ya están manejando el digital y somos nosotros mismos los que no le damos el valor de antes.
“El reloj antes tenía un valor sentimental, se regalaba con la idea de que perdurará. Hoy es un complemento”
-¿Qué ventajas tienen las antiguas maquinarias y cuáles las nuevas?
R.- Los antiguos, los mecánicos, necesitan poca reparación y perduran en el tiempo. Los relojes de pilas de ahora ponles ocho o diez años como mucho y hay que cambiar.
P.- Y fíjate da igual que sea caro o menos caro. Están programados para que duren un tiempo y te obligan a repararlo o comprar uno nuevo.
-¿Sabemos cuidar nuestros relojes?
R y P.- No.
P.-Ni mecánicos ni no mecánicos.
R.- Te puedo decir que hay muchísima gente que moja el reloj por sistema y eso exige un mantenimiento. Son acuáticos pero exige un cuidado, cambiar las juntas cada cierto tiempo y eso pasa con todo. Hacemos muy mal uso por lo general de los relojes y por muy fuertes que parezcan su maquinaria es de precisión y delicada.
“Hacemos muy mal uso por lo general de los relojes”
-¿Contentos con vuestro trabajo?
Los dos.- Indudablemente.
R.- Tras cuarenta años me satisface seguir arreglando relojes. Para nada es una rutina y en muchos casos se convierte en un reto.
-¿Tenéis algún reloj de esos que no se recogen nunca?
Los dos.- Unos cuantos. Mira (me enseñan el cajón)
R.- Es que no son relojes de gran valor.
-¿Algún reto especial?
R.- Hoy los retos están en los relojes de bolsillo. De esos no hay piezas y tienes que hacerlo tú todo en el caso de necesitar alguna pieza que suele ser lo habitual.
-¿A esos no les ponéis una maquinaria de pilas?
R.- No, eso es un crimen, debería ser delito. Tiene más valor que lo sigas guardando aunque no funcione que el quitarle la maquinaria y ponerle una de pila. Sin embargo, hay relojes de pulsera que sí que merece la pena adaptarles una máquina de pilas nueva pero eso sí, que sea de calidad. Tiene su historia pero al menos lo usas y la función del reloj es ver la hora, el tiempo no lo medimos lo ajustamos.
“La función del reloj es ver la hora, el tiempo no lo medimos, lo ajustamos”
P.- Los de pared sí que también merece la pena dejarlos mecánicos pero claro es más cómodo poner una pila que no exige tanto mantenimiento.
R.- Y no siempre es más barata una cosa que otra y más en los pueblos. Los presupuestos son más asequibles que en Madrid.
-¿Algún reloj especial que hayas arreglado?
R.-Pues no pero sí que he tenido que ir a más de un sitio a desmontar un reloj para traerme la maquinaria. Recuerdo uno en concreto en Cinco Casas que era muy grande.
-¿Y los sonidos de los relojes han cambiado?
R.- El tic tac de antes ahora ha dejado de sonar con tanto digital. En cuanto a las campanadas está el de carrillón como el de la Plaza del pueblo que da los cuartos, las medias, los tres cuartos, los cuatro cuartos y después las campanadas. Y el big bang que dan las horas y medias.
-¿Lo que más se estropea en un reloj?
R.- En los actuales lo habitual la correa y la pila.
P.- Sí, porque cuando dicen a morir muere entero. Bueno, siempre que sea de calidad sí que puede merecer la pena hacer un arreglo. Incluso limpiarlos. En los eléctricos se quita el circuito y eso tiene su proceso: desmontarlos, limpiar con unos líquidos, engrasar y volver a montar. En fin, que el hecho de ser de pilas no quita prestigio a un reloj ni mucho menos. Los hay con una maquinaria y circuito cuidado, son caros y sí que suele merecer la pena arreglarlos.
-¿Y no vale limpiar con un simpe soplo?
(jajaja) Sí, el famoso soplo del relojero.
-¿Cuántas piezas puede llegar a tener un reloj?
R.- ¡Puff! Pues muchas. Hablando solo de ruedas los que menos tienen son cuatro o cinco.
P.- El circuito, la bobina…
R.-. Y los de pared cuatro o cinco ruedas cada pesa y eso dando solo las horas y las medias.
-¿Cualidad que no puede faltar en el relojero?
P.- La paciencia.
R.- Todo es milimétrico y todo necesita su tiempo. Además está la habilidad que es cuestión de práctica y tiempo.
-Esa paciencia no la tiene siempre el cliente
P.- Bueno, ya son muchos años tras el mostrador y una se acostumbra. Te vas adaptando.
-Pilar ¿eres más joyera que relojera?
P.- Más joyera. Me encanta todo el tema de la joyería y desde un principio abrimos juntos los dos talleres de reparación, el de relojes y el de joyas.
-Otra cosa que ha cambiado mucho.
P.- Pues sí, se repara mucho menos y otro oficio en el que se necesita habilidad y paciencia.
-Rafa, ¿marca de reloj si te tuvieras que comprar uno?
R.- Pues a mí la marca me da lo mismo. Para mí lo importante es la maquinaria. Hoy Omega, Longines… no fabrican sus propias máquinas se la compran a un fabricante. Por eso, te digo que me quedo con la maquinaria y te digo que muchas veces no está compensado el precio con la calidad. Como relojero a mí la marca no me dice nada, me dice lo que lleva el reloj dentro. Me quedo con la maquinaria más que con la marca. Hay marcas diferentes que llevan la misma maquinaria.
“Me quedo con la maquinaria más que con la marca”
-¿Con números romanos o árabes?
P y R.- Nos gustan más los árabes aunque depende mucho de las modas.
-¿Los relojes es que cada vez van más deprisa o es que a nosotros se nos pasa más rápido el tiempo?
R.- Los relojes no van ni deprisa ni despacio. Los relojes solo marcan el tiempo y quien lo administra eres tú. Si va más despacio o más lento el tiempo depende de ti, de cómo lo aprovechas y fíjate que se tiene tiempo para lo que se quiere.
P.- Depende de cómo lo administres y de la edad porque a más años más deprisa pasa el tiempo y eso nos pasa a todos.
“Los relojes solo marcan el tiempo y quien lo administra eres tú”
-Sois reparadores del tiempo.
R.- Pues si lo miramos de esa manera, somos reparadores del tiempo que no administradores de él.























