“Santa María ayúdanos ¿Para qué decir más?”
Laura Figueiredo (9 de mayo de 2024).- Es la tradición y la fe lo que lleva a este grupo de mujeres a seguir haciendo lo que aprendieron de sus abuelas y madres. Son las Flores a María que todos los días de mayo y año tras año rezan y cantan ante la imagen de la Virgen en la ermita de San Sebastián. La hora, las cinco de la tarde. Allí les espera un altar preparado por la hermandad con la Milagrosa en el centro rodeada de flores.
Son siempre prácticamente las mismas mujeres, todas del barrio y todas hacen por no faltar ni un solo día desde el 30 de abril hasta el 31 de mayo. Unos días antes, está Manuela Vela moviéndose para que todo esté listo y preparado para el comienzo una vez más de las Flores a María. Y allí todas puntuales están dispuestas a seguir dando vida a una tradición que ve como no hay sangre nueva y congrega a un número de vecinas que pocas veces supera la decena. Pero da igual, ellas siguen porque así lo aprendieron y así quieren continuar, rezando y cantando ante la Virgen María en el mes dedicado a ella.
Manuela es quien lleva la voz cantante y el resto sigue el guion que va marcando desde su libro “Mes de María” una guía con reflexiones y canciones para cada día de mayo. Luego llega el rezo del rosario que dirige Mari Paz no sin antes pedir por la paz, por los jóvenes, por el mundo… y dar gracias “por un año más aquí con los mayos”. Entre misterio y misterio un canto con voces algo destempladas pero llenas de fe y de tradición.
Y luego más oraciones: el Dios te salve, la oración de consagración, la Salve, Glorias… Y muchas, muchas canciones que Manuela va indicando por su numeración de forma rápida y decidida, sin la menor duda. El resto buscan en sus cancioneros, recopilación de fotocopias diversas y variadas de cantos a la Virgen, y todas empiezan a cantar. En esta ocasión empezamos con la 17 y tras ella toca la 2, “Venid y vamos todos…”, luego la 8, “Toda eres pura” o la 9, “Hoy quiero cantar” para ir terminando con “Dos madres del cielo”. El punto y final lo pone siempre los Gozos en honor a la Virgen de Criptana.

De las casas a la ermita
En la ermita de San Sebastián se llevan cantando las Flores desde hace muchísimos años, aunque nadie me ha sabido concretar el número de años. En cualquier caso, es lo de menos, lo importante es que la ermita acogió el rezo en el momento en que fueron desapareciendo los rosarios en las casas donde se reunían las vecinas ante un altar muy casero.
“La ermita acogió el rezo en el momento en que fueron desapareciendo los rosarios en las casas donde se reunían las vecinas ante un altar muy casero”
Esta tarde junto a Manuela están Águeda, Rosa, Goya, Mari Paz, Paca, Mari Ángeles, Ignacia y otra Mari Paz y todas me insisten en señalarme que falta Delfi asidua a la cita. Unas y otras nos cuentan cómo las Flores a la Virgen son una tradición que ya se hacía cuando sus abuelas y sus madres. Entonces era en las casas particulares donde se reunían las vecinas todas las tardes de mayo a rezar el rosario, cantar, pedir a la Madre de Dios y dar gracias porque en eso consiste hacer las Flores.
“Rezar el rosario, cantar, pedir a la Madre de Dios y dar gracias, en eso consiste hacer las Flores”
Una de las feligresas recuerda las Flores en la casa de su hermana en la calle del Monte y del altar que ponía con la imagen de la Virgen y luego figuras de santos y de Niños Jesús que llevaban las vecinas con flores. Otra nos explica que “desde chiquitina hemos rezado y cantado las Flores; allí en la calle Murcia lo ponían las Petras”. Manuela ha pasado por más de una casa “he ido a Flores a todos los sitios, anca Milagros la pastelera, casa de Santi la de Valbuena, a la de la Carmen Tere…´”
Me explican que llegó un momento en que decidieron hacer las Flores en la ermita y es lo que siguen haciendo. Hasta hace dos años entraban por la puerta de atrás de la ermita y se usaba la misma mesa del altar para colocar una figura grande de la Virgen y rodearla de otras estatuillas y figuras de santos. Ahora a las 5 de la tarde la puerta principal la abre algún miembro de la Junta de la hermandad y ya no se usa el altar propiamente dicho. La imagen de la Milagrosa se coloca en el centro y a su alrededor flores. Unas puestas por la hermandad y otras son las hermanas Concepcionistas quienes las entregan de su jardín. Nuestras mujeres saben agradecer el gesto y recogen alimentos que luego llevan a las monjas.
Todas coinciden en que el hacer las Flores en la ermita fue todo un acierto “porque para rezar el rosario en casa pues lo rezamos aquí con la Virgen y las vecinas”. Y es que “da mucho más gusto rezar y cantar aquí”.
Saben que con ellas se acaba esta tradición de las Flores a María y se lamentan de no haber sido capaces de transmitirla a la gente más joven. “Y si se ha transmitido no lo han cogido” dice una de las mujeres para añadir “los jóvenes creo que ya tienen otras mentes”.
Manuela es la verdadera maestra de ceremonias y es que como nos dice “me encanta y ya un tiempo antes de empezar las Flores ando diciendo –venga chicas que tocan las Flores-. “Me emociona, me da mucho gusto”. Me asegura que el último día no puede evitar que se le salte alguna lágrima, “el final me hace llorar”. Igual que se emociona cuando llega el final de los 40 días de las Cruces en Cuaresma que también se reza en la ermita de San Sebastián.

Y ahí me uno a este grupo de mujeres con sus pequeños mensajes de cada día a la Virgen sin más complicaciones y rituales. Es un simple mirar a los ojos de la Virgen y decir “mi madre enferma” “el trabajo para mi hijo” “las oposiciones del menor” “el enfado entre hermanos” “las cuentas que no salen para tanto que atender” y un “Santa María ayúdanos” dicho desde el corazón. ¿Y para qué decir más?
Y así día a día rezarán las Flores a María y lo harán como mujeres sencillas que se dirigen a otra mujer sencilla y humilde y lo hacen cómo saben, con un lenguaje sencillo y una fe sencilla.























