José María Carrillejo Mínguez y “Los años de la abundancia”

“Para valorar el presente hay que conocer el pasado de un Criptana que superó pobreza y miserias”

Laura Figueiredo (17 de noviembre 2020).- Son sus vivencias y las de toda una generación que creció en los años de la posguerra y que con su trabajo y esfuerzo salieron adelante y con ellos todo un pueblo, Campo de Criptana. Es una verdadera labor de memoria  que José María Carrillejo Mínguez recoge en el libro “Los años de la abundancia” editado por la Asociación Encinares Vivos de La Mancha.

José María Carrillejo hace un recorrido amplio y lleno de detalles de la vida en Campo de Criptana desde los años 40 hasta los 90. Escrito con la sencillez “de quien no ha ido a la escuela pero ha vivido mucho” y con el objetivo de que las generaciones posteriores entiendan el presente mirando siempre el pasado que es donde están las raíces del ahora. 

Carrillejo insiste a lo largo de la entrevista en dos ideas. En primer lugar en la necesidad e importancia de poner voz a toda una generación de personas que vivieron en la pobreza y que salieron de ella a base de mucho trabajar y además en unas condiciones que hoy nadie puede creer ni imaginar. En segundo lugar, el autor insiste en la necesidad de que sean los jóvenes quienes conozcan la vida de sus abuelos o bisabuelos porque “creo que es importante conocer las raíces, saber de dónde venimos y a dónde queremos ir”.

Fueron años de “abundancia” de miseria y de pobreza. Pero también de riqueza, de la riqueza de una naturaleza viva, con agua, ríos y riachuelos, encinas y arboledas. José María se muestra más que orgulloso de la superación de esas décadas  de tanta escasez pero a la vez no oculta su tristeza por lo que “nuestros hijos y nietos no han visto ni verán: una naturaleza llena de vida”.

José María Carrillejo asistió además en primera línea a los cambios en las condiciones de laborales de los trabajadores como sindicalista comprometido que fue y aún sigue estando afiliado a Comisiones Obreras. Y es que nació cuando se hablaba de “criados y amos” y “eso había que cambiarlo porque no era justo y yo con la injusticia nunca he podido”. En este sentido, se muestra orgulloso de todas las mejoras que se fueron logrando de las que “ahora, por cierto, sigue disfrutando cualquier trabajador”.

Nuestro escritor se muestra agradecido a los quienes han hecho posible esta idea con su voluntariedad y generosidad. Se trata de Daniel Mínguez y José Manuel Ortiz miembros de la Asociación Encinares Vivos de La Mancha. Ellos han visto la importancia de que nuestra vida, la vida de Campo de Criptana en esas décadas, quede recogida para que alguna vez los más jóvenes tengan la oportunidad de leerla y conocerla. El libro se puso a la venta hace unas semanas y a la pequeña tirada inicial se ha tenido que sumar una segunda ante la respuesta y el interés de muchos criptanenses. Son ellos quienes directamente están vendiendo los libros y los pedidos se pueden hacer a través del correo Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo..

Os dejo el enlace del vídeo que Daniel y José Manuel han editado a modo de presentación de  “Los años de la abundancia”.

https://www.youtube.com/watch?v=86yDs91l58I

 -¿Cuándo empezó a escribir “Los años de la abundancia”?

He estado casi dos años con el libro pero si este libro está es gracias a José Manuel Ortiz y Daniel Mínguez por su enorme trabajo voluntario y su generosidad. Ellos me dijeron que por qué no escribía mis recuerdos de Criptana desde la posguerra hasta los años 90.  Siempre me ha gustado escribir cosillas pero siempre para mí porque es que yo no fui siquiera a la escuela y yo claro no estaba preparado a nivel cultural para escribir un libro. Y me dijeron -tú escribes y ya lo vamos pasando nosotros-. Cuando tenía 15 o 20 páginas escritas a mano se acercaban para llevárselas y repasarlas. Este año ha sido ya más trabajo de maquetación y editar y ha llevado su tiempo pero yo lo que he hecho ha sido reflejar mis memorias. El resto ha sido trabajo de Daniel y José Manuel a los que estoy muy agradecido.

-¿Qué le lleva a escribir el libro?

Historias se escriben muchas y yo quería escribir una vivencia, lo que en realidad había vivido. De esa vivencia me acuerdo perfectamente, todo lo que pasó y fue mucho. Todo eso está mentido en mi cabeza, son las vivencias de una generación que nos criamos en los años 40, los años de la posguerra.

“Yo quería escribir una vivencia, lo que en realidad había vivido”

-Así que usted pone voz a toda una generación de criptanenses.

Claro, de tantos criptanenses como yo y en el libro menciono a muchos.  Y que las generaciones que vienen sepan mirarse en algo porque creo que es necesario que sepan lo que pasamos y pasó.

-¿Conocen las generaciones posteriores la historia de sus bisabuelos y abuelos?

Hay gente que sí que se interesa y escucha pero son los menos. Creo que es importante conocer las raíces, saber de dónde venimos y a dónde queremos ir.

“Creo que es importante conocer las raíces, saber de dónde venimos y a dónde queremos ir”

-¿Qué sensaciones le ha producido a usted este viaje al pasado a través de la memoria? ¿Nostalgia, alegría, orgullo, tristeza…?

Una nostalgia grande y ese sentimiento de todo lo que pasé. Muchas necesidades y mucho hambre pero es que esto hay que vivirlo. Cuántos días y noches sin cenar y yo no era de los que peor lo pasaron. Yo tenía a mi padre que volvió del frente pero había amigos míos que los padres no vinieron y estaban por ahí en la calle como animales sueltos e iban al auxilio social a que les dieran un plato de comida cuando se lo daban. De ahí, el nombre del primer capítulo “Nadie se adolecía de los niños”. Eso fue un desastre.

-Me decía usted que eso fue una pandemia.

Una pandemia que empezó aquí y al poco se contagió el mundo entero. La pandemia de que los hombres no se entendieron y liaron un follón bélico aquí primero y luego en todo el mundo con la II Guerra Mundial. Hay que ver los millones de muertos que hubo. Eso es lo que hay ver para que no vuelva a pasar nunca más y pasó porque los hombres no fueron capaces de entenderse. 

-¿Por qué en el título la palabra –abundancia-? ¿No es una contradicción cuando vemos las fotos de la miseria?

Abundancia de hambre y de miseria. Pero también había abundancia, en medio de tanta pobreza, de familia, de generosidad, de corazón…  Había una red familiar muy unida y ahora padres e hijos no nos vemos y peor aún en una ciudad grande. Entonces las familias llegaban por la noche y no había nada y en invierno  la gente se iba anca el vecino, el hermano… había visitas para estar juntas, se charlaba de los menesteres del día. Y claro que había solidaridad y mucha entre los pobres.

“Había abundancia, en medio de tanta pobreza, de familia, de generosidad, de corazón…”

-Habla en el libro también de la abundancia de la naturaleza.

Siento nostalgia de esas cosas que no las van a vivir los jóvenes. Yo salía al campo y en este tiempo ya estaba lloviendo mucho y empezaban a correr los arroyos de agua por todos los golletes  de la sierra. Teníamos 32.000 hectáreas de término y 6 o 7 mil húmedas. Llovía lentamente pero muchas horas. Ir al río y verlo corriendo con peces y toda clase de bichos. En verano íbamos a pescar tencas. Entonces había pocos plásticos y todo se guardaba y reutilizaba. Sí, en el libro escribo sobre esas huertas, arboledas… que no hemos sido capaces de dejar a nuestros jóvenes y niños.

-Usted toca todos los aspectos de la vida del pueblo y de una forma muy ordenada ¿cómo ha ido surgiendo todo esto?

Pues porque lo he vivido. Hasta el año 60 estuve en el campo como peón agrícola en la finca del Cotillo y luego en la construcción y en los 80 vuelvo al campo porque la crisis nos dejó fuera. Y ya me jubilé en el campo.

-De la posguerra a los 90. Muchas cosas cambiaron en esos años.

Fuimos mejorando poco a poco pero a base de mucho trabajar y de ahorrar y sin nadar en la abundancia ya se comenzó a vivir de otra manera en los años 60. Fuimos saliendo adelante y la llegada del tractor y la maquinaria en el campo lo cambió todo. Y a la vez fuimos mejorando las condiciones de los trabajadores porque es que antes estaba por una parte el obrero, el gañán… y por otra el amo; unos éramos criados y otros amos. En el libro hablo de esclavitud porque no se podía llamar de otra manera. Y yo con la injusticia no he podido nunca.

“En el libro hablo de esclavitud porque no se podía llamar de otra manera. Y yo con la injusticia no he podido nunca”

-Fue un hombre muy comprometido en esas batallas obreras.

Es que si tú hubieras vivido lo que yo viví y tuvieras un poco de sentido de justicia comprenderías perfectamente  que algo había que hacer. Se lograron cambiar muchas cosas. Yo participé en muchas movilizaciones y tuve negociaciones con empresarios y cada uno defendíamos lo nuestro pero yo con ninguno quedé mal y siempre se buscaba el acuerdo. Las movilizaciones y huelgas llegaban cuando el acuerdo no era posible. Era otra situación y otro sindicalismo. Ahora creo que cada uno en su trabajo va más por su cuenta y no mira al compañero. Somos más individualistas. Cambió la sociedad totalmente y muy deprisa al principio de la democracia. Nos costó sangre, sudor y lágrimas conseguir 30 días de vacaciones y ahora se ve tan normal. Y había mucho paro y en los 80 redujimos la jornada de 44 horas a 40 semanales y muchas más cosas que si ahora se lo cuentas a los más jóvenes no pueden creérselo. Pues todo eso tampoco nos lo regalaron hubo que trabajarlo, arriesgar y jugarte mucho.  Fue esa situación la que me llevó al sindicalismo y de hecho sigo afiliado a CCOO. ¡Claro que han cambiado las cosas!, los años 90 no tenían nada que ver con esos 40 y 50.

-Ser sindicalista en un medio tan hostil y cerrado exigía valentía.

Vivía desde luego mejor el que agachaba la cabeza. Antes de la democracia no era fácil y lo menos que te pasaba es que ibas a la cárcel y ya con democracia había mucho por lo que luchar y se jugaba uno el puesto de trabajo.

-¿Con qué parte o capítulo del libro se queda usted?

Me quedaría con los dos últimos “el final del túnel” y “el principio del túnel”. Sales del túnel de la pobreza y comienza otro, el de la pobreza de nuestra naturaleza, de nuestros campos… Y es que tenemos que reconocer, y ahí lo pongo, que la avaricia, el querer ganar más y sacar más a la tierra nos ha llevado a secar los humedales y a que cada vez llueva menos y los veranos se alarguen. Y esto no siempre ha sido así.

-Habla y menciona a muchas personas ¿alguna en especial?

Hay más de una pero para mí es José Ortiz Campo, ese hombre tenía unos conocimientos muy avanzados y vivía muy avanzado. Mi abuelo materno con 10 años me logra trabajo fijo (¡fijo con 10 años!)  y me fui al campo a trabajar a la finca el Cotillo. José Ortiz se encargó  de darnos lecciones y enseñarnos todas las noches cuando dejábamos de trabajar. Nos decía -¡eh! a dar lecciones- y no nos dejaba pasar ni una a pesar de que estábamos todos cansados. Él era también trabajador agrícola. Estuvo tres años de guerra y tres años en un batallón de trabajadores en África y cuando vino fue a trabajar donde estaba yo y ahí aprendí con él a leer y escribir y unos cuantos conocimientos más. También valoro mucho a Antonio Villajos Lucas por su lealtad, su humildad… en su libro empieza diciendo “yo fui un cuevero…”. Y es que no todos saben reconocer sus orígenes por vergüenza o porque prefieren olvidar.

-Y una fotografía ¿se queda con alguna?

Yo me quedo con todas. Todas son personas que han trabajado y duro.

-¿Qué parte le ha costado más escribir?

Pero ya te digo que yo disfruto escribiendo. Ya empecé con otro escrito y llevo ya casi 300 páginas. Es como mejor se me pasa el tiempo y cuando me doy cuenta ya es hora de comer o cenar. Y eso que la vista cabal ya noto que cuando pasa tiempo… Pero la memoria no me falla.

-Pero por mucha memoria que usted tenga habrá tenido que consultar y buscar datos y cifras en archivos. Una labor de investigación intensa.

No, de todo eso me acuerdo yo. Es una labor de la memoria y es la voz de la vivencia que hemos tenido con la que escribo. Yo cuando digo que me fui al campo tenía de sueldo 10 pesetas y nos daban medio pan todos los días. Igual hablo de bodegas, herreros, carreteros…. y es que no me ha hecho falta preguntar en ningún sitio porque son parte de mi vida y de la vida de este pueblo.

“Es una labor de la memoria y es la voz de la vivencia que hemos tenido con la que escribo”

-Ha sido usted un gran observador y una persona curiosa.

Al primero que observaba era a mi padre y muchas veces digo… que un padre te quiere pero pienso muchas cosas -¿cómo era posible que me hicieran eso?-. Mi padre era de los que iba al caporal y preguntaba –¿Qué pasa? ¿se porta bien?-. Mis padres tenían una cultura muy baja y pensaban más en enseñarme a trabajar que el que aprendiera a leer. Pero es que entonces  era así en muchas familias aunque también las había pobres y sin cultura que llevaron a sus hijos a la escuela. Yo no fui más una vez a la escuela y porque un primo mío me dijo que fuera que traían a la Virgen de Fátima de Pedro Muñoz. Cuando llegó Don Leonídio, el maestro, ya me dijo que para ir a la escuela me tenía que apuntar mi madre en el Ayuntamiento y mi madre no iba a ir a apuntarme a ningún sitio.

“Mis padres pensaban más en enseñarme a trabajar que el que aprendiera a leer”

-En el libro dedica un espacio muy amplio a la mujer.

Eran esclavas totales. Estaban sirviendo, ahora ya son empleadas de hogar, entonces se llamaban criadas y les daban 10 o 15 pesetas al mes, ¡50ct al día! La mujer ha trabajado mucho y es la que sacaba adelante la casa, la familia y el trabajo también.

-¿Esto se lo puede creer un joven de ahora o les sonará a película?

No sé a qué les suena pero hay que contarlo y que lo sepan que ha habido unos abuelos que han pasado mucho y trabajado mucho para que ahora ellos tengan lo que tienen. Y que lo sepan sobre todo para poder valorar.

-Pero esto a los jóvenes ¿no cree que le suena a batallita de abuelo?

Pues que no les suene. Que les suene a parte de su historia, a un pasado que son sus raíces y que es necesario conocer para valorar y comprender el presente.  Sí, sé que soy muy cansao pero los jóvenes deben escuchar a los mayores. Es necesario que lo sepan y no crean que todo cae por la chimenea.

“Los jóvenes deben escuchar a los mayores. Es necesario que lo sepan y no crean que todo cae por la chimenea”

 -Parece que ahora lo tenemos todo pero  ¿Qué cree que nos falta?

Más tiempo para estar con los hijos, más vida de familia y más relación. Algo hemos hecho mal  porque hay una educación que se da en el colegio y otra que se da en la familia y se nos olvida. Los hijos tienen que estar más con los padres y menos con los abuelos.

-¿Qué no ha cambiado?

La avaricia que la había antes y ahora. La avaricia ha llevado a muchas personas a la ruina. Tampoco ha cambiado el que aquí seguimos sin invertir en industrias o empresas y no invertimos ni nosotros ni hay ayuda de la administración.

-Le veo pesimista con el presente y no hay color.

Si yo ya te digo, no se puede comparar ni quiero que la gente trabaje con 10 años y duerma en el suelo, no vaya a la escuela y pase hambre. Hemos conseguido vivir bien lo que pasa es que no lo valoramos porque no conocemos ese pasado de pobreza y miseria. Hay que mirar atrás para valorar las cosas.

 -Pero a pesar de todo sí que había tiempo para la alegría: carnavales, bodas, bailes, la Virgen, orquestas...

Pasados los primeros trances, la década de los 40 que fue desastrosa, en los 50 se levanta cabeza y llega el tractor que es la revolución y van cambiando las cosas. Desaparecen oficios y surgen otros pero eso sí siempre trabajando mucho y ahorrando que la peseta se miraba porque costaba mucho ganarla. Y claro que había alegría y eso es lo grande que con mucho menos se celebraba y se compartía. Ahora todo se celebra pero todo se ha complicado más y no se hace con la sencillez de antes, hay más para gastar. Mira las fotos de las bodas en el libro o de los carnavales y comuniones… y mira las de ahora.

-Le dedica un capítulo a su mujer, Teresa.

Sin su apoyo nada de esto hubiera sido posible. Ni mi vida en el trabajo, en la familia ni en el sindicato. Ha sido y es mi compañera desde el año 1963 que nos casamos.

-¿Qué quiere que le quede al lector cuando cierra el libro?

Que le quede una buena impresión del libro, que le haya gustado y sacado alguna cosa en concreto que le valga para entender y valorar el presente.

-Y muchas de las personas de esa generación criada en la posguerra son las que ahora están en las residencias en medio de una pandemia sanitaria que las tiene encerradas.

Es injusto y muy duro. Ya era triste antes con unas pensiones muchas muy escasas y ahora se les añade una pandemia que les aísla y la soledad se hace mayor. La soledad de los mayores… los hijos y los nietos son los que te dan la vida y ahora… Qué estupendo sería que en el pueblo hubiera trabajo y nuestros hijos no se tuvieran que marchar fuera. Ahora mismo las familias están distribuidas por el mundo entero.

-¿Qué les diría a los jóvenes?

Que si quieren tienen tiempo para escuchar lo que les pueden contar los abuelos aunque les suene a batallita y seamos un poco pesados. Y aprenderán mucho de ellos y que conserven lo que merece la pena y lo que no que lo desechen. Precisamente a mí la palabra “conservador” no me va mucho pero hay cosas que hay que conservar como la familia.

 


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