Ester Amores Lizcano, la mirada profesional y humana de la coordinadora del equipo de rastreadores en Ciudad Real

  “Todo lo que está ocurriendo debería ser una lección de humildad”

Laura Figueiredo (25 de noviembre de 2020).- Su trabajo y el de sus compañeros ha sido y es esencial en medio de la pandemia Covid-19 Ella es coordinadora del Equipo de Vigilancia Epidemiológica de la Gerencia de Atención Integrada de Ciudad Real. Lo que conocemos popularmente como rastreadora. Su herramienta de trabajo es el teléfono a lo que hay que añadir un cuestionario pautado, paciencia y mucha psicología. El objetivo, rastrear los contactos de riesgo de cada uno de casos positivos para así poder parar la cadena de contagios, evitar brotes, más personas contagiadas y el colapso en los servicios sanitarios. Una labor que tiene mucho de detective.  

Es la enfermera y criptanense Ester Amores Lizcano y nos cuenta cómo llega de un día para otro a ponerse al frente de este equipo de rastreadores, cómo desarrollan su trabajo, los pros y los contras, los tiempos, las llamadas… Pero sobre todo nos habla de la parte más humana porque más allá de cifras, porcentajes y estadística hay personas con sus miedos, sus trabajos, familias… Los meses que lleva al frente de este servicio le permiten hacer una valoración del proceso y cómo hemos ido pasando de una actitud de colaboración a otra de desconfianza y hasta de hartazgo y malas formas en bastantes ocasiones. “Hace tiempo, nos dice, que hemos dejado de aplaudir”.

Para nuestra enfermera hay mucho que aprender de esta pandemia y lamenta que lejos de unirnos y acercarnos parece que el tiempo nos está distanciando y haciéndonos olvidar la generosidad demostrada en un principio. Ester es enfermera pero junto a la cara profesional hay una mirada humana que quiere aprender de lo que estamos viviendo. La entrevista se realiza el 8 de noviembre pasado.

-¿Te gusta venir a Criptana?

Sí, aunque llevo ya mucho tiempo viviendo en Ciudad Real y me he hecho muy de ahí yo sigo teniendo a mi familia aquí y eso siempre tira. Y de hecho es de lo que más nos hemos dado cuenta durante los meses de confinamiento, estamos muy cerca y a la vez lejos y al final las distancias importan.

“Durante el confinamiento te das cuenta que las distancias importan y que estamos muy cerca y a la vez lejos”

-Te fuiste a Ciudad Real hace unos años a estudiar Enfermería ¿Qué hacías justo antes de la declaración de pandemia y del confinamiento?

Yo me especialicé en enfermería familiar y comunitaria que está dedicada a la atención primaria, epidemiología… Son dos años una vez que apruebas el EIR, que es el MIR para enfermeros, y en marzo estaba ya en el segundo curso terminando en un centro de salud en Ciudad Real. A partir de la pandemia hubo movilizaciones de sanitarios a diferentes partes y me destinan a UCI en el Hospital General. Era una UCI que llamamos “limpia”, se tenía que quedar libre para otras enfermedades fuera del Covid.  Y ahí me vi de un día para otro y ahí aprendí mucho porque pese a los riesgos de contagio es cierto que en estas situaciones te curtes.  Luego en mayo me devuelven al centro de salud, había que reforzar la Atención Primaria que se vio muy necesitada de mano de obra. No hay que olvidar que Primaria es la puerta de entrada del paciente al sistema sanitario y la mejor manera de cribar Covid sí o Covid no.

-¿Y ahora mismo qué puesto tienes?

Soy la coordinadora del equipo de rastreo que es como se conoce popularmente y que exactamente se trata del Equipo de Vigilancia Epidemiológica. Somos las enfermeras EVES (Enfermeras de Vigilancia Epidemiológica). Nuestra área es la Gerencia de Atención Integrada de Ciudad Real que es muy amplia. En fin, que soy rastreadora sanitaria y coordinadora del equipo en esta zona de Ciudad Real.

 -¿Cómo pasas a ser rastreadora?

Te explico. Éramos cuatro los enfermeros que terminábamos en mayo nuestra especialidad. Y un día nos llama la dirección del hospital de Ciudad Real y nos dice que quieren contar con nosotros para desarrollar el equipo de rastreo de vigilancia epidemiológica de esta gerencia. Ya se llevaba hablando de rastreadores desde abril. Se necesitaba alguien que fuera tirando del hilo de la cadena de contagios para cerrar esa transmisión. Así que allí estábamos los cuatro recién salidos del horno y nos dicen que tenemos que ir dando forma a este servicio y ponerlo en marcha. Algo totalmente nuevo que implica además estar en coordinación con los centros de salud de Ciudad Real y con la Delegación de Sanidad en la provincia.

 -Menudo reto nada más empezar tu vida profesional.

Pues sí para mí y mis compañeros, nuestra trayectoria profesional era de lo más corta pero es verdad que partíamos de la base de una especialidad muy enriquecedora. Todo era cuestión de ver cómo hacerlo y de ponerse manos a la obra y eso hicimos con un poco de ayuda y formación previa. Luego nos metieron a otras cuatro compañeras que venían de planta Covid y ahora ya somos entorno a unas 30-35 compañeras. Cinco chicos y el resto chicas.

-¿Empezasteis de cero?

Pues prácticamente. La delegación ya en abril intentó hacer una labor de rastreo inicial pero te puedes imaginar lo que era aquello, no había manera de rastrear nada porque todo el mundo o era positivo o contacto de positivo. No tenía sentido dado el confinamiento tan estricto que había. El 12 de mayo empezamos nosotros y partíamos con una base algo sólida, entonces era empezar prácticamente de cero, los contactos eran mínimos y eso nos ayudaba.

-¿En qué consiste vuestro trabajo?

Te cuento, partimos de un positivo que nos llega desde el médico de cabecera, de clínicas privadas, del hospital… se trata que a partir de ese positivo con nombres y apellidos busquemos todas aquellas personas que hayan estado vinculadas a ella y por consiguiente con riesgo amplio de haberse contagiado. Si nosotros abordamos a esas personas y las confinamos evitamos que a su vez se contagie a más gente por lo que estás evitando que se amplíe una cadena de transmisión cortándola. La persona positiva queda aislada por un tiempo oportuno y le hacemos un interrogatorio detectivesco de los contactos estrechos que haya podido tener.

-¿Qué se entiende por un contacto estrecho?

Pues toda persona que ha estado con el caso positivo más de 15 minutos y/o a menos de dos metros con o sin mascarilla, esto se obvia. No se puede garantizar a ciencia cierta ni la calidad de esa mascarilla ni el uso correcto de la misma...  Además, hay situaciones claras de contacto estrecho: comidas, cafés, cenas… todos van para delante así como transporte en coche, que es un habitáculo cerrado, o viajes en autobús, avión, tren... que se localiza a las personas que hayan estado cerca del paciente positivo.  

-Una telaraña que cada vez se ha hecho mayor y llega un momento que es gigantesca.

Claro, es que hay casos que se hacen imposibles. En un principio, en mayo y junio la cosa era más controlable ya que había gente que no salía por miedo, mantenían un círculo de contactos reducido… pero llegas a agosto y es el boom y septiembre ya la locura. Te encontrabas a gente que da positivo y las 48 horas previas a lo mejor ¡había visto a 30 personas! Otra cosa es que muchas veces te daban un nombre sin más del contacto y ponte a averiguar tú. Eso es desesperante. La cosa se fue complicando.

“Pero llega agosto y es el boom y septiembre ya la locura. La cosa se fue complicando”

-¿Con qué personas te encuentras en el teléfono?  ¿Asustadas, colaboradoras?

Hay de todo y hemos visto cambios importantes. Al principio había sentimiento de miedo, era mucho lo que se había vivido y la gente era muy colaboradora. Según fue pasando el verano ya empiezo a ver el pasotismo, malas maneras al otro lado del teléfono. La gente tenía ahora otro miedo, el económico y laboral, entre ellos mismos a veces ponían verde al positivo al que culpabilizaban cuando la verdad es que hoy le toca a uno y mañana puedes ser tú. También ves sentimiento de culpa en el positivo que no quiere darte nombres porque ¡madre mía! Laura es que hay situaciones y situaciones y algunas te ponen los pelos de punta cuando te cuentan – abrí un bar en febrero, lo cierro en marzo y ahora me dices que tengo que guardar cuarentena y cerrar-. Por eso te digo que al principio me encuentro con gente más colaboradora con el susto todavía en el cuerpo y poco a poco con gente más desligada, que se siente culpable, que se culpan entre ellas… y que no te quieren dar datos. Hay veces que lo comprendes, son situaciones muy complicadas. Nos han llegado a decir que este virus es un virus de ricos porque los pobres tienen otros problemas a los que enfrentarse.

“Nos han llegado a decir que este virus es un virus de ricos porque los pobres tienen otros problemas a los que enfrentarse”

-¿Cuántas llamadas y tiempo dedicáis a cada una?

Mira estas últimas semanas vienen saliendo 100 positivos al día en mi gerencia. Esto supone unas 100 llamadas al día. Luego cada llamada al positivo (caso cero) lleva su tiempo, fácilmente media hora y  muchas veces tienes que volver a llamar. Nos repartimos los casos entre los compañeros en un servicio que cubre de lunes a domingo en dos turnos, de mañana y tarde.

-¿Media de contactos?

Ha ido creciendo. En agosto y septiembre la media fácilmente llegaba a 20 y ahora hemos vuelto a reducir porque los confinamientos se han notado mucho.

-¿Qué es lo que no te deja de sorprender en tu trabajo?

Pues recordarás como al principio de la pandemia decíamos y creíamos que esto nos iba a hacer mejores personas, humildes, empáticos, más humanos y yo sinceramente creo que nos ha hecho más egoístas: preocuparnos por lo nuestro y menos cercanos los unos con los otros. Lejos de aunarnos nos ha distanciado, nos hemos hecho más desconfiados, te encuentras contestaciones a los sanitarios que ¡Madre de Dios lo que nos queda por ver! Nos echan la culpa o te dicen que esto es mentira y es un invento del Gobierno. Hay quien te dice claramente que él no piensa hacer confinamiento ni PCR ni nada de nada… Antes nos aplaudían y ahora esos aplausos se han olvidado… Es que parece que esto no va con ellos. Hay más crispación, se nota y se palpa y es que hablas con tanta gente… A pesar de ello debo decirte que la mayoría colabora.

“Esta pandemia en vez de acercarnos nos está distanciando, haciéndonos más egoístas y desconfiados. Hay más crispación y se nota y se palpa”

- ¿Qué me dices de los jóvenes? Las miradas están puestas en ellos.

A la gente joven quizá se les está echando mucha tierra encima pero es verdad que hay situaciones increíbles en plena pandemia. Con ellos es normal que te empiecen diciendo –éramos unos diez- y otro ya te dice –éramos unos 20- y terminan siendo 30. Hemos tenido que llegar a mandar a la Guardia Civil porque un chico positivo se iba en el tren. Pero es que gente mayor también te sorprende con barbaridades. No estamos libres nadie en la lista. He visto actuar irresponsablemente a todo tipo de personas: sanitarios, personas mayores, maestros, políticos, empresarios con cierto peso… y algún que otro caso de infidelidades que aparecen según vas tirando del hilo. Esto no deja de ser a veces una prensa del corazón. En fin que la falta de responsabilidad es otra de las cosas que no me deja de sorprender.

 

-¿Fatigada del tema?

En un principio pensé que iba a echar de menos el contacto directo con mis pacientes pero sí que es verdad que me gusta mucho esta función. Tiene un componente emocional muy alto, de consejo, de escucha… y me está enriqueciendo mucho. Eso sí, esto no quita la fatiga del estar trabajando coronavirus, de llegar a mi casa y noticias coronavirus, de que suene el móvil y sea alguien para preguntarme una duda coronavirus… Es un poco agotador y no le ves fin, es  como una montaña rusa. Y no dejas de pensar -¿y hasta cuándo va a durar esto?-.

-¿Qué te sientes más, enfermera o policía?

Quizá la función más importante que tengo en el trabajo como enfermera es educación para la salud pero es cierto que a veces te ves más con funciones policiacas. Tienes que estar todo el día regañando y me siento muchas veces como una madre; me he visto regañando a señoras de 60 años igual que regañas a un niño porque ha pisado lo fregado. Esto es verdad que tiene mucho de policía por lo de investigar y por lo de regañar. Resulta a veces frustrante.

“Me he visto regañando a señoras de 60 años igual que regañas a un niño porque ha pisado lo fregado”

-¿En qué medida el trabajo del rastreador ha contribuido a reducir el número de casos positivos por coronavirus?

Hemos visto que la situación en Ciudad Real ha mejorado gracias a haber alguien que haga el seguimiento tanto de los contactos como de los positivos. A la semana aislamos a un total de 1.500 personas por ser contactos de riesgo y si lo hacen bien eso se tiene que notar. Se aísla diez días desde el último contacto con la persona positiva aunque en el caso de que al final también resulte contagiado el confinamiento se prolonga. Considero que la aportación de los rastreadores ha sido esencial. Las cifras de nuestra provincia ahora no son comparables con lo que está ocurriendo en otras zonas y no todo es casualidad en la vida.

-¿Reto superado?

Me siento orgullosa porque hemos creado un servicio de la nada, estamos aportando nuestro granito de arena. Estoy descubriendo unas facetas mías que yo no conocía empezando por el hecho de estar aquí sentada charlando contigo en una entrevista. No había pensado que nadie me entrevistaría por mi trabajo.

“Me siento orgullosa porque hemos creado un servicio de la nada, estamos aportando nuestro granito de arena”

-¿Cómo ves la situación?

Yo quiero ser optimista y quiero pensar que cada ola será menos dura que la anterior pero nos toca vivir con esto tiempo ¿años? La nueva normalidad es que nos tengamos que acostumbrar a llegar a casa y no dar un abrazo a nuestra madre, no quedar con la pandilla de amigos, no ir a un concierto, a un teatro y lo que es peor no despedirte de quien se marcha definitivamente… cambiar la forma de relacionarnos los unos con los otros.

-¡Qué pena!

Mucha pena sobre todo las personas mayores que llevan meses aisladas, sin ver a hijos y nietos que son quienes les dan la vida. Son los últimos años de sus vidas y mira…

¿Qué estás aprendiendo de todo esto?

Pues que tenemos muchas cosas importantes en la vida y no las valoramos. No nos damos cuenta de lo importante hasta que de la noche a la mañana te lo quitan. También he descubierto que tenemos una capacidad de adaptación bestial. De repente todos encerrados en casa y ahí estuvimos haciendo deporte, teletrabajando, cocinando, aplaudiendo a las 8… Pero a la vez el ser humano no aprende tan rápido y lo hemos visto con guerras y catástrofes. Se nos llena la boca con perspectivas de futuro pero luego la realidad es otra. Como especie humana dejamos mucho que desear. Un bicho enano está haciendo daño a una humanidad que nos hemos creído Dios y que podíamos con todo y ha descubierto la fragilidad del ser humano. Esto debería ser una lección de humildad.

-¿Cómo ves Criptana?

Me da mucha pena, está triste y más ahora con los días tan cortos y entrando en el frío, no conoces a la gente, no puedes ir a ver a los tuyos y si lo haces es sin abrazos y besos, cuando sales hay que estar mirando el reloj… Una vez al mes venía y era un no parar de ver a tropecientas mil personas, a mi familia… y ahora de repente vienes y… Todo ha cambiado y todos hemos tenido que cambiar.

-Esto del salto a los medios de comunicación ¿Cómo fue?

Todo empezó con un medio local y de ahí a otro y otro hasta que me llama un día Olga Viza y luego Susana Griso. Me tocó a mí básicamente porque a través del servicio de prensa del hospital nos pidieron que alguien habláramos con medios y todos mis compañeros respondieron con un  –yo no, yo no- y yo que soy muy parlanchina pues dije –venga yo- y a partir de ahí sentenciada y aquí sigo.

 


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