"Cuando no haya zapatero habrá que estrenar siempre zapatos"
Laura Figueiredo (24-11-2014).- Es cuestión de tiempo que Campo de Criptana se quede sin un zapatero en el sentido más amplio de la palabra. Manuel Muñoz-Quirós Díaz-Ropero, Manolo, el zapatero de la calle Santa Ana siempre me insiste en que le encantaría tener un aprendiz pero "ahora nadie quiere estos trabajos".El porqué lo deja bien claro en la entrevista. Duda y mucho que alguna vez vuelva la moda de las plataformas para hombres y es que de moda también sabe un rato. En su zapatería la máquina más moderna tiene más de 25 años y la nueva tecnología entra sólo a través de su móvil. Lo mejor, el desorden de bolsas y zapatos repartidos en los diferentes estantes. Lo sorprendente es que casi nunca se pierde nada y es que como bien dice Manolo con un gesto guasón, "los zapatos están ordenados". Es el artesano de las pequeñas cosas.
Manolo es hombre de frases cortas y de rutina diaria. A las 6.30h está en el trabajo hasta las 2 de la tarde para volver a las 4 y cerrar a las 8.30 de la noche. Siempre le ves sentado frente a la puerta y en la misma silla. Es más, dudo que haya cambiado de asiento en años y años. El local también es el mismo donde ya trabajaba su suegro, Enrique Ramos quien le enseñó el oficio. De hecho en el cartel de la calle aún se lee "Enrique y Manolo".
Muchas cosas en la zapatería de Manolo son "lo mismo". El mismo mostrador, el mismo delantal, los mismos estantes, la misma "singer", las mismas hormas y el mismo desorden de bolsas y zapatos.
En un rato ya han pasado varios clientes y la conversación también suele ser la misma:
- Vengo a por los zapatos que trajo mi hermana, son de color así como carne y...;- ¿te acuerdas de la bolsa?;- una blanca de las del Día ;- Hala aquí tienes.
Y es que en la zapatería de Manolo para recoger los zapatos no hay ni ticket ni resguardo ni nada de nada. La tarjeta de identificación es la bolsa en la que llevas los zapatos. Y como sea blanca..."pues toca buscar un poco más pero aparecen".
Manolo también atiende urgencias y vaya que lo son. Una señora entra pidiendo un gran favor, al día siguiente tiene boda y los zapatos le están estrechos. Pues hala a la horma y a ensanchar lo que se pueda. El problema de zapatos estrechos debe ser bastante habitual pues siempre que vas a la zapatería hay algún par colocado en el "ensanchador" con lista de espera al lado.
Hasta la zapatería llegan bolsos, cinturones, carteras, mochilas, chaquetones con cremalleras rotas o automáticos para poner. Lo que más usa Manolo, los tornillos y el pegamento y lo que más añora, los buenos zapatos de piel. "Existir, asegura, siguen existiendo pero ya la mayoría son de plástico o de polipiel, ya no hay prácticamente suelas de cuero, se sustituyeron por la goma". Son muchas las piezas que Manolo ha puesto en sus más de treinta años de profesión y muchas las plantillas que han alargado la vida de los zapatos.
Para trabajar prefiere la piel y el buen calzado español porque se manipula mucho mejor y es muy agradecido. La polipiel y el plástico "no queda igual, son de usar y tirar pero a cambio cuestan menos y puedes tener más zapatos". Recuerda cuando en las casas había dos pares, uno para el diario y otro para los domingos "y encima ahora están diciéndote que no tienen que ponerse".
El zapatero tiene más que comprobado la rapidez con que nuestros armarios acogen las nuevas modas. "De un día para otro pasan de traerte un zapato de punta y tacón fino a uno redondo y con plataforma". "En moda, añade este artesano del calzado, todo vuelve" aunque muestra serias dudas con las plataformas de dos y tres dedos para los zapatos de hombre. Por el gesto de su cara no creo que fuera muy partidario de esta tendencia en la moda masculina.
De lo más complicado, coger el ancho a unas botas."Hay que levantar la cremallera, el forro y coger y que no se note"
Todo depende de lo que le pidas a la vida
Manolo sabe que en Criptana como en tantos otros sitios el zapatero tradicional desaparece para quedar como mucho el arreglo rápido de tacones y suelas. Le gustaría mucho tener un aprendiz del oficio como lo fue él en su momento. "Ahora no hay gente para este trabajo porque puedes vivir de él pero todo depende de lo que pidas a la vida". Y menciona 8 horas de trabajo, coches, moto, móviles nuevos, viajar... "Yo no he cogido vacaciones nunca".

Por otra parte, Manolo es de los que afirman no estar en contra de las tecnologías nuevas "pero es que para mi trabajo no me sirven". Por increíble que parezca no hay una aplicación digital que solucione en un momento un agujero más en un cinturón o un remiendo en el fondo de un bolso. En fin, que en la zapatería de la calle Santa Ana todo es a mano o casi a mano pues la singer, puede que centenaria, también necesita de la mano y el píe del hombre para trabajar.
La era digital se cuela sólo a través del móvil de Manolo el zapatero. Un oficio que ejerce siempre en buena compañía, la de su radio y la visita de sus amigos Jesús, José María o Vicente.























