Carmelo Díaz-Ropero, sin tiempo para el aburrimiento
“La palabra artista me da miedo, soy artesano”
Laura Figueiredo (12-7-2019).-Todos esperamos sus belenes Navidad tras Navidad, muchos son los que conocen su museo en el molino Quimera con los pasos en miniatura de Semana Santa o los monumentos al Santísimo los Jueves Santos. Le hemos visto muchos años tras su cámara de fotos y más recientemente tras la cámara de ManchaCentro TV hasta que hace uno años se jubilaba. Si miramos más atrás, le recordaremos tocando el órgano en la Iglesia o colaborando en los decorados de más de una zarzuela en el Cervantes.
Es Carmelo Díaz-Ropero Reíllo, un criptanense que iba para cura hasta que en el mismo seminario “me pararon los pies”. El motivo no lo entendió entonces y lo sigue sin entender ahora. Aún así la parroquia ha llenado su vida.
A nuestro entrevistado se le pasó por la cabeza estudiar Bellas Artes pero no eran tiempos. Entusiasta de la talla no le hubiera importado entrar en un taller como aprendiz pero Criptana no era sitio de tradición en la imaginería. Su sitio fue durante más de 40 años los teclados del órgano de la parroquia a la vez que dedicó tres décadas de su vida a la fotografía profesional junto a Alfredo Díaz-Plaza. Los últimos años en activo los pasó con la cámara de la TV local. Se siente orgulloso de dejar recogidas en imágenes y para la posteridad parte de la historia de este pueblo.
Carmelo Díaz-Ropero es sobre todo una cabeza curiosa y unas manos inquietas que saben convertir, como buen artesano, en arte lo grande y lo pequeño. Es una entrevista breve en la que seguro que se quedan muchas cosas en el tintero pero nos acerca a ese Carmelo que no sabe aburrirse y que no deja de ser todo un personaje a su manera. Le van los retos y tener siempre algo con lo que ilusionarse.
-Eres de esas personas que siempre tiene algo que hacer. ¿Conoces el aburrimiento?
Nunca, no sé lo que es. Ya trabajando me buscaba mi tiempo para poder llenarlo con mis aficiones y ahora el día que no tengo nada estoy triste. En esos ratos he llegado a probar a poner la TV y es que ¡madre mía! eso no es para mí. Me siento con tanta alegría de tener siempre alguna cosa que hacer que llena mi vida. Está claro, no podría estar de otra manera.
“Tener cosas que hacer llena mi vida. No podría estar de otra manera”
-¿Y qué haces?
Hace unas semanas acabé el nuevo paso en miniatura de La Sentencia para el museo del molino. En el curso que acaba de terminar he iniciado el tema de la talla en la Casa de Cultura y es que siempre ha sido una vocación frustrada el no haber sido imaginero. De pequeño estaban los albañiles en casa y cogí un trozo de yeso seco y empecé a tallarlo con una navaja, esa ha sido una de las miras de mi vida ya que no pude ser cura.
-Al margen de cura ¿Hubieras estudiado Bellas Artes?
Me hubiera gustado mucho o al menos tener la oportunidad de ir a aprender con un maestro imaginero pero claro, aquí no los había. No había tradición.
-¿Cuándo descubres tu don para el arte?
En el seminario dejaron un aula en un ala y un artista nos daba clases de pintura, toda una novedad en esos tiempos tan rígidos. Me subía ahí a pintar mientras otros jugaban al fútbol y ahí descubrí que no lo hacía mal. En el seminario me empecé a dar cuenta que no se me daba mal dibujar y pintar. De todas maneras ya antes recuerdo que de pequeño en las misiones de la inauguración de la Iglesia en el 58 pusieron un altar con el Cristo y la Virgen en el Rincón del Conde y ahí daban las charlas. Una de esas veces de vuelta a casa cogí un cuaderno y reflejé con dibujo ese altar y reflejé todos los detalles. Seguramente que no estaría al tanto de lo que dijera el cura pero sí me fijé en todos los detalles de ese altar.
“En el seminario me empecé a dar cuenta que no se me daba mal dibujar y pintar”
-No se te daba mal y además disfrutabas.
Eso es esencial, es muy difícil ser artista sin que te guste y sin que disfrutes con lo que haces. No puedes estar como una máquina pintando cuadros porque esos cuadros no tendrán nunca vida.
-Me hablas de pintura pero es que has hecho de todo.
Primero fue dibujar y pintar luego estudié por correspondencia decoración que me gustaba mucho y eso te va creando una cultura y un gusto. Me fui también nutriendo de mi afán por estudiar a los artistas y los estilos. Todo eso te va formando.
-¿Eres autodidacta?
Total aunque tengo que agradecer a Isidro Antequera y a su escuela mucho. Soy un discípulo orgulloso de él. Muchos pigmentos y maneras de dibujar me han quedado de lo que aprendí con él.
-Entonces pocos jóvenes pensabais en salir a estudiar fuera y formaros.
Muy pocos. En mi familia primeramente el fracaso del seminario ya fue un obstáculo ante la imposibilidad de poder darme estudios. Me tuve que limitar a estar en la parroquia lo que ha sido una parte muy importante de mi vida. Mientras, en la parte artística vas viendo, copiando, aprendiendo, observando…
-Seguimos con el arte porque tras la pintura hay mucho más.
Mucho más y sigo en ello. A raíz de mi jubilación me plantee venir a aprender talla en la Casa de Cultura. Empecé con cosas pequeñitas, el escudo del pueblo para pasar a una puerta para un sagrario de estilo románico que se ha expuesto este año en el monumento en Semana Santa. Este curso me he metido a fondo con el tema del apostolado y estoy ilusionadísimo. De hecho, no solo trabajo estas imágenes en el curso, me he comprado mis gubias y formones para trabajar en mis ratos en casa y no pierdo momento.
-¿Cuántos apóstoles llevas?
Aquí en la exposición tengo tres: Santiago el Mayor, san Bartolomé y san Felipe y en mi casa tengo ocho más. Así que este verano ya tengo tarea con los dos que me quedan y el Señor.
-Y entremedias tus miniaturas, decorados, belenes, maquetas…
Y además muy orgulloso de contar con un molino, el Quimera, donde exponer esas maquetas, pasa mucha gente a visitarlo. Es el museo de la Semana Santa en miniatura, en él están todos los pasos que procesionan en nuestro pueblo. El tema de los belenes de la parroquia es verdad que año tras año despierta la curiosidad de la gente y yo encantado de poder seguir haciéndolos. Es algo en lo que he ido evolucionando, creando nuevos espacios y mezclando figuras propias con las de la parroquia. El de la pasada Navidad empecé en verano a hacer las figuras y es que hay que tener siempre algo en la cabeza, algún reto que te haga pensar y que te ilusione. Al final lo que hago es crear problemas, acumulo y acumulo trastos para que otros decidan después qué hacer con ello.
“Hay que tener siempre algo en la cabeza, algún reto que te haga pensar y que te ilusione”
-Son muchos años de crear y acumular.
El belén de la parroquia llevo 30 años haciéndolo y cada año de una manera.
-Y más años todavía con el monumento del Jueves Santo.
Pues ese es desde 1968, más de 50 años.
-Y también tu mano está en los decorados de teatros.
¡Puff! Para zarzuelas, obras de teatro… y es que te llaman y no sé decir que no y es que me gusta.
-¿Qué te gusta? Crear, inventar…
Muchas veces las ideas no llegan y tienes que mirar y mirar mucho y en muchos sitios para poder tener una idea o que alguien te la dé. Mira con el decorado de “La rosa del azafrán” me fui a la carretera de Nieva para ver la perspectiva del pueblo para sacarla en una de las escenas.
-Profesionalmente te has dedicado a la fotografía, otro arte.
¡Hombre! Y tanto, nosotros teníamos laboratorio propio. En este tema debo decir que llegué a la fotografía por una desgracia, cuando muere Alfredo Díaz-Plaza y me hago cargo de su laboratorio junto a su hijo. Hemos estado 30 años en el negocio, Foto Díaz, y siempre haciendo lo posible por hacer arte. La fotografía profesional exige estar continuamente evolucionando y a mí me ha tocado pasar de revelar los carretes en blanco y negro en la oscuridad de un cuarto a la fotografía digital. Me ha cogido cabal en todo el gran cambio.
-La fotografía ¿no siempre es arte?
Me refiero a que en la fotografía profesional muchas veces vas al negocio y repites y repites y te tienes que olvidar de la parte más artística. En nuestro caso siempre hemos intentado evitarlo y hemos trabajado para sacar arte.
-Con el paso a la digital ¿llegaste a echar de menos el cuarto oscuro?
Parece que me hablas del cuarto con el que se castigaba a los niños. Quienes hemos conocido la fotografía analógica sabemos que el cuarto oscuro es el del revelado de las fotos y eso tenía su encanto. Eso de meterte en el cuarto oscuro, cerrar la puerta, ponerte a revelar el carrete, contando mentalmente los minutos que tenía que estar en cada líquido o fase. Y siempre con la incertidumbre de si esa fotografía saldría o no saldría y cómo saldría. Había incertidumbre y temor.
“Con la fotografía analógica siempre había incertidumbre y temor”
-Y de la cámara de fotos a la cámara de vídeo y de tv.
He tenido la suerte de poderme dedicar a algo que me ha gustado tanto como la fotografía y me he jubilado siendo cámara de TV con todos mis fallos y aciertos. Y sobre todo, lo he hecho con el gusto de hacer cosas por mi pueblo. Es un orgullo dejar ahí ese archivo de imágenes que es historia y ese siempre ha sido uno de los alicientes de mi trabajo, el que estaba dejando parte de la historia de Criptana en imágenes.
“El dejar parte de la historia de mi pueblo en imágenes siempre ha sido uno de mis alicientes”
-Una mala foto o mala toma es un gran disgusto.
Muy grande, es verdad y es que además la mayoría de las veces no puedes repetir la escena. Lo has perdido y lo has perdido. Con la cámara de TV he tenido éxitos y logros pero también muchos fracasos y las reprimendas me han servido para superarme. Ha habido momentos de llorar y de enfadarme conmigo mismo por esos fallos después de tantos años. Reconozco que a veces los cambios te vienen grandes y envidias a quienes se han criado con la tablet en la mano. El cambio tecnológico es tremendo y a la vez un privilegio.
“El cambio tecnológico es tremendo y a la vez un privilegio”
-Bueno, eres artesano o artista.
La palabra artista me da miedo, soy artesano.
-Carmelo y a todo esto, tú ibas para cura.
Mis principios fueron con 12 años cuando me marché al seminario desde un Criptana de esos tiempos con las miras mucho más cerradas y te atienes a una disciplina. Estudio allí hasta que llega un momento en el que hay que plantearse si seguir para delante o no y te dicen en el mismo seminario: –no te veo y además esto tienes que dejarlo y volver a tu casa-. Cuando tienes que dar el paso me pararon los pies y con todo el dolor de mi alma me vuelvo. Yo pensé que se habían equivocado. Planteo a don Gregorio, el párroco de entonces, el irme a otro seminario y me dice que no y que el puesto de organista se había quedado vacío en la parroquia y que yo sabía de música. Y ante esto no fui capaz de irme.
-Así que sales del seminario para meterte en la parroquia.
Era un mundo en el que me sentía muy a gusto y siendo un mal organista llegué a cubrir el expediente durante 43 años. Te puedo contar los entierros y actos litúrgicos en los que he tocado. El seguir en la parroquia me ayudó a seguir formándome. El tema de liturgia siempre me ha llenado y para mí es una parte muy importante que valoro y me llena el colaborar en ella. Te parecerá mentira pero es la verdad y te repito que la parroquia ha llenado mi vida y de hecho sigo ligado a ella.
-¿Has llegado a entender el motivo por el que te pararon los pies en el seminario?
No, me dijeron que no tenía una personalidad formada y esa fue toda la razón. Tenía 18 años. Hoy en día creo que eso no hubiera sido motivo ninguno.
-¿No fuiste un revotado del seminario? Tras la negativa hubiera sido lo más normal.
Efectivamente pero en mi caso fue al revés. Tuve que hacer muchos actos de humildad para decir -tú no eres quién para criticar a la Iglesia- y lo sigo diciendo a pesar de todos sus fallos. Siempre he estado agradecido a la formación humana que recibí en el seminario que me ha hecho de una manera de ser.
“Yo no soy quien para criticar a la Iglesia a pesar de todos sus fallos”























