Ángel Ortiz, José María Díaz-Hellín y la imprenta de la calle Covento

Ángel Ortiz, José María Díaz-Hellín y la imprenta de la calle Convento

«“Lágrimas de papel” es una necesidad, una obligación y un atrevimiento»

 Laura Figueiredo (10-5-2016).- Teníamos pendiente una entrevista y se la ha ganado. La condición era tener su libro entre las manos y lo tengo. “Lágrimas de papel” de Ángel Ortiz Moratalla es un homenaje a José María Díaz-Hellín quien fue su jefe, compañero y amigo durante décadas en la imprenta “Flordy” que luego se llamaría “Díaz-Hellín”.

Ángel Ortiz nos comenta que el libro surge de la necesidad de contar la historia de un hombre que se empeñó en sacar adelante una imprenta desde prácticamente la nada en años en los que no había nada. También el libro responde a una obligación, que la gente, sobre todo la más joven, sepa lo que han sido las imprentas y el trabajo que en ellas se ha realizado ahora que ya prácticamente no existen. Nuestro autor reconoce que ponerse a escribir “Lágrimas de papel” tiene mucho también de atrevimiento.

Ángel Ortiz trabajó 56 años en la imprenta “Diáz-Hellín”, se jubiló con 69 y “porque ya tocaba, eran otros tiempos y había que ceder el testigo a las nuevas formas de trabajar”. El impresor, y ahora también escritor, recoge en el libro la parte técnica de este trabajo y sobre todo el ambiente familiar, de cercanía, amistad y el calor que se respiraba en el día a día de este pequeño local primero en la calle Serna, para terminar tras varios traslados en Convento y Santa Ana. Las tertulias de los domingos por la mañana no faltaban y mientras unos hablaban de fútbol y otros de sus cosas mientras la “heidelberg” no dejaba de imprimir al ritmo de antes.

Ahora que el papel desaparece y los libros y carteles van de pantalla en pantalla, a Ángel Ortiz le gustaría que los más jóvenes cogieran entre sus manos una buena edición del Quijote, de Julio Verne o de cualquier otro autor más cercano en el tiempo para que palparan entre sus manos el peso de un buen trabajo de impresión. Y para ello no hace falta, nos insiste nuestro entrevistado, perderse en el tiempo pues hasta hace nada y aún ahora se siguen haciendo verdaderas joyas de impresión. Aunque cada vez menos.
Tras la buena respuesta de los criptanenses a “Lágrimas de papel”, Ángel Ortiz se anima y retoma viejos proyectos inacabados y crea otros nuevos. Planes que no le impedirán acudir puntual todos los viernes a sus clases de ajedrez con su profesor Juan Calonge a quien algún día piensa hacerle un -jaque mate-.

  

-Por fin hacemos la entrevista lo que significa que el libro está publicado. ¿Ha costado?

Ha costado y mucho. Empecé aquí en esta misma habitación de mi casa cuando murió José María en septiembre de 2013. Yo tenía ganas e ilusión de hacer algo y tampoco faltaban los miedos. El caso es que empecé poco a poco. Primero recopilando datos y casi sin creérmelo. No me gustaba lo que al principio escribía y lo rompía y otra vez a empezar, otra vez a recordar, a mirar fotos… y siempre con José María presente pues es el artífice del libro.

-Ese volver a recordar a veces es dañino

Pues hay cosas muy tristes y otras que te hacen reír solo cada vez que las recuerdas. Yo quería explicar los comienzos, los malos ratos que pasábamos en esos tiempos. Aquello no era una imprenta, aquello era un taller mecánico en pequeño. Era nada, todo menos una imprenta. Fueron muy duros los inicios, luego a los años ya sí era una imprenta.

-¿Era una necesidad contar le historia de esta imprenta unida siempre a José María?

Por supuesto, era una necesidad mía y una obligación. Más que nada para que quede un recuerdo ahí, una historia de lo que ha sido una imprenta y en concreto esta de José María. Escribo el libro porque creo que es necesario explicar lo que fue esa imprenta que empezó de la nada, con Santiago Flores como socio y que fue creciendo y creciendo con mucho esfuerzo y trabajo y mucho sacrificio. Pasamos de la calle La Serna sin agua ni servicio a la calle Convento. Y ese sacrificio constante yo sentía que tenía la obligación de contarlo para que se sepa. Es parte de la historia de nuestro pueblo. Es que era el año 51 y no había nada. Lo esencial era el papel y no teníamos así que iba José María a por él en bicicleta a Alcázar a la imprenta Castellanos. Y todo esto creo que debe conocerlo la gente porque son cosas que nos resultan ahora inimaginables.

-Me dices que es una obligación y una necesidad ¿Y es un atrevimiento?

Pues sí claro que tiene mucho de atrevimiento, era un riesgo. Ha levantado mucha curiosidad que Ángel Ortiz se atreva a escribir un libro. Al final ahí está el libro y está gustando mucho. Y tuve que poner punto y final pues tenía más material. Poca gente me animó al principio. También te voy a decir que yo mismo, unas semanas antes de la presentación del libro pedí que se parara todo, tuve una bajada de moral, me acobardé y tenía miedo a la presentación. Al final seguimos adelante, se publicó y presenté el libro pasado 27 de abril.

-¿Dificultades?

¿Cómo no va a haber dificultades? Si las tienen hasta los escritores más famosos. Las dificultades están sobre todo a la hora de buscar cómo publicar lo escrito.

-¿Por qué Lágrimas de papel?

Laura ya sabes que hay que llegar al final del libro, hasta la despedida y ahí está el porqué del título. Y si me lo permites no voy a contarlo. Lo que sí te digo es que la despedida ha sido lo que más me ha costado escribir.

-Me encanta el título y la foto ¿de quién es?

¡Sepa Dios!. Es curioso pero tengo fotografías de cada sitio donde ha estado la imprenta. Fíjate la primera que sale en el libro, los tres, Santiago Flores, José María y yo muy jovencillo, cuando empecé. La foto de la portada puede que sea de un hermano de José María, Manolo Díaz-Hellín, que le gustaba la fotografía. Sí, me resulta curioso conservar esas fotos y más en esos años cuando sacar una cámara no era lo habitual, ahora andamos todo el día con el móvil.

-¿Qué cuentas en el libro?

Cuento muchas cosas, alegrías, tristezas, compañerismo, esfuerzo y sobre todo humanidad. Éramos humanos, teníamos algo que ahora no existe que era vivir juntos sin enfados a pesar de los problemas económicos. Entonces, no mirábamos el dinero porque tampoco había, solo a José María le importaban sus clientes y trabajar y trabajar. Por encima del dinero estaba el trabajo bien hecho. No miraba las horas, hacía y volvía a hacer. No había fiestas. Esto ya no se comprende por eso he querido que lo sepa la gente. Había miseria pero había ese humanismo, amistad, familia…

“Éramos humanos, teníamos algo que ahora no existe que era vivir juntos sin enfados a pesar de los problemas económicos”

-¿Te costó mucho jubilarte?

Pues sí. José María me decía que para qué me iba a jubilar y me invitaba a que siguiera en la imprenta y así hice hasta los 69 años. Ya le tuve que decir que no podía seguir porque los tiempos habían cambiado, ya no éramos lo que habíamos sido y tenía que entrar gente joven con su hijo Fran, que ya llevaba un tiempo encargándose de la imprenta. Había que ceder el testigo y saber hacerlo. Total que yo me jubilé y José María siguió subiendo a trabajar aunque ya las cosas eran diferentes. En junio de 2006 le dije a Fran que me preparará los papeles y me despedí con pocas palabras: -me voy y no voy a volver más por aquí-. Y no era por no volver a la imprenta sino porque José María ya empezaba con algunos achaques y en vez de ir a la calle Santa Ana iba a su casa a verlo. Es verdad que volví esas Navidades y después de tarde en tarde. Había que cerrar capítulo y tocaban otros tiempos y así se lo hice ver a José María.

-Compañero, amigo… ¿qué aprendiste de José María?

Como compañero lo aprendí todo de él en el trabajo de impresor. Como jefe te diré que ahí no había jefe. Aprendí el respeto a todas las ideas y posturas. Nunca le oí decir una mala palabra y sí le he oído siempre cantar y silbar o recitar poesías como las de Valentín Arteaga que se las sabía de memoria. La educación, el respeto a las personas… por eso iba tanta gente por ahí, allí no había credos, ni clases sociales, no se era ni más ni menos. A todos los trató bien. Aprendí sensatez.

“Nunca oí a José María decir una mala palabra y sí le he oído siempre cantar y silbar o recitar poesías como las de Valentín Arteaga”

-Háblanos de esas tertulias de los domingos por la mañana.

Allí acudía mucha gente. Era una conversación agradable, saludable y se hacían a su vez corrillos diferentes y eso sí, ahí fumaba todo el mundo. Era una casa de todos a la que también se pasaba a calentarse en la estufa antes del rosario de difuntos o después de misa. Iba Francisco Girona, Julio Esteso y su hermano Andrés, el cura Paco, Isidro Antequera, Evelio García Reillo…ahí están mencionados todos en el libro.

“Era una conversación agradable, saludable y se hacían a su vez corrillos diferentes y eso sí, ahí fumaba todo el mundo”

-¿De qué se hablaba en esa reuniones?

De todo menos de política y estoy hablando del 71 que es cuando nos cambiamos a la calle Convento. Por ahí pasaba gente de diferentes tendencias.

-¿Entonces se hablaba de fútbol?

Sí, y de cosas del pueblo, cada uno hablaba de lo suyo, del día a día. Conversaciones muy diferentes y fíjate que las tertulias eran los domingos por la mañana y ahí estábamos trabajando. Algunos se sumaban a la reunión después de misa, a las 10 y quien no tenía prisa ahí estaba hasta la una.

-Y ahora ¿cómo son las imprentas?

Ahora no hay imprentas, no hay impresores. Ahora es otra cosa, es un taller con un equipo de diseño con una impresora digital que son maravillosas, ya no te manchas de tinta. Y esto no es ni mejor ni peor es diferente. Ten en cuenta que la impresión en papel va a terminar, el futuro lo veo muy mal. Ahora todo, incluido los carteles, pasan de pantalla en pantalla. Es otra cosa que todavía no tiene nombre.

-Ha cambiado la técnica ¿Y la manera de trabajar? Me refiero a las relaciones humanas en el trabajo.

En general ahora en los trabajos cada uno está ante su pantalla con su tarea. Casi ni se levanta la cabeza para decir buenos días al compañero. Se pasan los días y hay mucha indiferencia. Encuentro que el trabajo se ha hecho más frío.

“Es importantísimo que los jóvenes lo conozcan y aprecien el trabajo de muchos profesionales para sacar una edición bien bonita y hermosa”

-¿Qué le dirías a los jóvenes para que leyeran este libro?

Les diría que fueran a una biblioteca y se cogieran una buena edición de un libro. Bien podría ser alguna del Quijote con los dibujos de Doré, que lo tocaran, lo palparan, lo abrieran y observaran. Detrás está el trabajo del impresor, de un profesional que ha compuesto el libro prácticamente letra por letra. Lo mismo puedo decir con las novelas de muchos clásicos como Julio Verne y tantos otros y no tan antiguos. No hace falta irse a ediciones de hace siglos, hasta no hace tanto el impresor estaba detrás de estas ediciones que son verdaderas joyas de arte. Es importantísimo que los jóvenes lo sepan y aprecien el trabajo de muchos profesionales para sacar una edición bien bonita y hermosa.

 


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