“-Ahora bien, todas las cosas tienen remedio, si no es la muerte, debajo de cuyo yugo hemos de pasar todos, mal que nos pese, al acabar de la vida. Este mi amo, por mi señales, he visto que es un loco de atar, y aun también yo no le quedo en zaga, pues soy más mentecato que él, pues le sigo y le sirvo, se es verdadero el refrán que dice: “Dime con quién andas, y decirte he quién eres”, y el otro de “no con quien naces, sino con quien paces”.

“-Aquí encaja bien el refrán –dijo Sancho- de dime con quién andas, y decirte he quién eres: ándase vuestra merced con encantados ayunos y vigilantes, mirad si es mucho que ni coma ni duerma mientras con ellos anduviere.”

Tradicionalmente se aplica este refrán a la influencia –buena o mala- de las amistades en el comportamiento de una persona, sin olvidar el medio y los hábitos, también llamados dejar huellas en todos nosotros. Así, el dicho se ha relacionado con la comida –“dime qué comes…”-, con la vestimenta –“dime como vistes…”- o con cualquiera actividad digna de ser tomada en cuenta, incluida el lenguaje. El refranero ilumina el asunto de las influencias en estos versos:

Compañía de uno, compañía de ninguno;

compañía de dos, compañía  de Dios;

compañía de tres, compañía es;

compañía de cuatro, compañía del diablo.


Imprimir   Correo electrónico