En mi recuerdo: "La feria en años pasados"

Siguiendo con mis recuerdos en este mes de agosto no podía faltar los referentes a nuestra feria y fiestas. Como podréis calcular en mi niñez conocí la feria ubicada en el parque municipal y sus inmediaciones. Me contaron que antes se situaba en la plaza, en la calle Murcia y llegaba hasta el Pozohondo.

En mi memoria está que a la feria se acudía al atardecer acompañado de tus padres que eran los que te iban a deleitar con las compras de chucherías y el disfrute de las atracciones. Pues bien, ya desde el principio obligaba a mis mayores a dirigirnos a la misma por la calle Pedro Muñoz todos los días pues no era otra mi intención que poder vislumbrar por las ventanas de la fábrica de Pastas Manzaneque una imagen colocada en una columna del interior referente a la Inmaculada. Todos los días les obligaba a pararnos y estar un rato observándola. La mayoría sabrá que dicha factoría estaba dedicada a esta advocación. Ya empezaban desde mi niñez mis aficiones a los santetes. En la actualidad cuando paso por este lugar todavía mi mirada se dirige a esas ventanas pues aún permanecen tal cual.

“Entrábamos al recinto ferial por la calle Agustín de la Fuente y en la entrada siempre colocaban unas sencillas construcciones a modo de portada”

Entrábamos al recinto ferial por la calle Agustín de la Fuente y en la entrada siempre colocaban unas sencillas construcciones a modo de portada como reflejo en la fotografía que acompaño. La ilusión se desbordaba aun cuando fuera solo mirando los puestos de los cacharreros, orzas amalgamadas entre pajas y broza. Le seguían los dedicados a abalorios, juguetes y otros muchos elementos que despertaban nuestras ilusiones. No puedo dejar de recordar el correspondiente al “Bisutero”, hombre menudo con bigote y a su mujer que eran padres de unos curas escolapios, uno de ellos fallecido en las misiones y otro de mi edad que vive actualmente, el Padre Cuesta Parrilla. Llegados casi al parque ya se ubicaban los puestos dedicados a las delicias de los mariscos. Unos montones de camarones y gambas cocidas que por aquellos tiempos eran prohibitivas por su precio, limitándote a comprar aquellas cuñas de coco debidamente refrescadas por un hilillo de agua que las mantenían brillantes. ¡Que rico estaba ese coco! Me embelesaba esos montones de gambas que luego eran de trampa pues se trataba de unos montículos artificiales. Uno de los puestos que no podía dejar de visitar era el de las patatas fritas. El hombre con gran destreza y provisto de buena cortadora manual de donde salían aquellas finas obleas de patatas sobre el aceite de inmensas sartenes rezumando calor por los cuatro costados. ¡Qué buenas estaban aquellas patatas servidas en cucuruchos de papel de periódico! Se ubicaban en los alrededores de una pequeña casita que estaba situada en el mismo parque, ahora desaparecida, y que envidiaba poder vivir en ella, así no me perdería nada de la feria.

“¡Qué buenas estaban aquellas patatas servidas en cucuruchos de papel de periódico!”

Llegados a la transversal, la actual calle Pozo de la Villa, se situaban en la parte izquierda las barcas voladoras y aquella que para mí era primordial subir todos los días, la noria. ¡Qué gusto daba pegar puñetazos al balón de badana colgado del techo! y girar en aquellas tazas que al bajarte salías algo mareado. Dabas la vuelta sobre tus mismos pasos y en la esquina seguía la tómbola en la que nunca participaba, aparte que era cosa de mayores y por otro lado mi madre me advertía que el dinero me lo gastara en cosas de comer. Como siempre, se hace poco caso.

El siguiente destino eran las casetas de tiro. Había que lograr derribar algunos chicles Bazocas redondos con tres pisos y más duros que el cogote de San Pedro. Algo más mayor tu escopeta se dirigía a aquellas filas de cigarrillos pinchados en palillos de mondadientes que posteriormente te fumabas a escondidas para que no te vieran tus padres o algún familiar. De los puestos de turrón adquirías alguna cuña del duro que te cortaban con una cuchilla muy especial.

“Había que lograr derribar algunos chicles Bazocas redondos con tres pisos y más duros que el cogote de San Pedro”

Ya para rematar la jornada era preceptivo una vuelta en los coches de choque y en la noria y ahí se acababa el sueldo del día, te despedías de los amigos y buscabas a tus padres cerca del kiosco donde tocaba la banda al mando de mi vecino D. Manuel Angulo y tomabas con ellos algo por los bares repartidos entre el arbolado. El regreso a tu casa era volver por el mismo paseo y ver a los cacharreros durmiendo junto a sus mercancías arropados con mantas siendo también para mí un motivo de envidia. La verdad, es que el enclave actual es mucho más amplio y mejor preparado pero uno no deja de tener la nostalgia de la feria en el parque; será porque fue la de mi niñez y juventud. Han quedado muchos detalles por relatar. Ya habrá otro momento para poderlos contar.

“Uno no deja de tener la nostalgia de la feria en el parque; será porque fue la de mi niñez y juventud”


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