El oso y el lobo de la montaña asturiana… La ansiada meta a Castro

Son las cinco y media de la mañana, la tarde noche de ayer fue movidita, en la habitación que me adjudicó la señora del albergue, como tenía dos camas, hacia las siete de la tarde llegó Mario, un peregrino de Denia (Alicante), aficionado a las carreras de alta montaña, con el que ya caminaré hasta llegar a Santiago.

Después de el protocolario tratamiento de pies para comenzar la jornada y de hacer la mochila, me bajo a la cafetería a desayunar. Lo que me ofrecen es un desayuno copioso con grandes tostadas de pan, café con leche y fruta. Como el camino de hoy es corto pero durillo, me siento tranquilamente a desayunar cuando llegan dos paisanos de La Mesa que se dedican al pastoreo. Me dan los buenos días y comienzan una conversación de lo más surrealista, lo cierto es que los escucho atentamente y me entra un poco de dudas, más bien de “cangelo" diría.

La conversación textual era así:

"¡Los osos no son peligrosos para el peregrino porque el oso cuando baja va directamente a las colmenas, que aunque están protegidas, desde fuera alcanzan perfectamente a la miel! ¡El que es peligroso es el lobo!" El compañero de conversación le contesta "¡Claro, claro, acuérdate de aquel fotógrafo! ¡El susto que se llevó cuando le pillo de sorpresa en la bajada antes de llegar a la presa!". Les aseguro que no les hice caso porque pensé “estos se están quedando conmigo”. Fue en ese momento cuando mi compañero de habitación Mario abrió la puerta, dio los buenos días, se tomo un café y me dijo que si partíamos, así que aún sin amanecer, con linterna en mano y una intensa niebla, iniciamos la etapa.

Aproximadamente el primer kilómetro que hay que recorrer es de pura subida hasta llegar a una sierra que está “sembrada” de "molinos eólicos”, para después iniciar un descenso que serpentea la montaña hasta llegar al Embalse de Salime. A mi compañero de hoy se le nota su nerviosismo del primer día, y también por supuesto su forma física, pues en los primeros kilómetros ya me ha abandonado y ha tomado la delantera. Amanece, se despeja la niebla y el paisaje es asombroso. Al mismo tiempo que admiro su belleza también siento un poco de pena, pues gran parte de este bosque ha sido devorado por algún incendio en años pasados y aún no se ha recuperado totalmente…

No paro de hacer fotos. Continúo bajando y bajando, es casi un kilómetro de descenso, con curvas y mas curvas, serpenteando la montaña para que resulte mas cómodo y en una de las curvas comienzo a escuchar un gran zumbido. Me encuentro con un cortin circular de piedras para proteger las colmenas que hay en su interior, y observo las señales de la barriga del oso. Es el rastro que deja para obtener la tan preciada miel. Entonces me acuerdo del comentario de esta mañana en el desayuno, y pienso… “espero que no aparezca ahora el oso, la verdad es que no se estaban quedado conmigo”.

He recorrido ya unos 10 kilómetros aproximadamente y por fin consigo llegar al embalse de Salime. Aunque antes de llegar a el, me encuentro de frente con la Boca de la Ballena, mirador que ofrece unas vistas espectaculares y que esta situado a 128 metros de altura sobre el mismo embalse de Salime, aunque los que me conocen saben que tengo vértigo en estas situaciones, me armo de valor y entro al mirador para disfrutar del paisaje. Un kilómetro después más o menos me encuentro con un hotel restaurante. Decido parar a tomar un bocadillo y descansar un rato y me encuentro a Mario.

Después del “merecido” descanso, continuo mi camino y los próximos kilómetros son por carretera. Son varios kilómetros de subida que se hacen un poco pesados, hasta que por fin salimos de la carretera y camino por una vereda boscosa y empinada. Antes de lo previsto me presento en Grandas de Salime, una población de unos 800 habitantes con una iglesia que me llama la atención por su construcción. Poco a poco dejo atrás este pueblo del que me hubiera gustado conocer más, pero mi destino de hoy es Castro, pues como son poco kilómetros los que he recorrido y es temprano, (tal como calcule ayer) decido continuar y quitar kilómetros a la etapa de mañana.

Son aproximadamente siete kilómetros los que me quedan por recorrer. El paisaje ahora ha cambiado, camino por sendas estrechas plagadas de hierba y por robledales frondosos. He coincidido con Mario nuevamente y vamos a un ritmo tranquilo, pues el fin de etapa ya se ve cerca. Hemos dejado atrás concejos como A Farraga, Xuntacasa, Cereixeira y Malneira y llegamos por fin a Castro que es un concejo de Grandas de Salime y que posee un asentamiento de la Edad del Bronce, que es visitable y esta fechado en el año 800 a.C.

El albergue juvenil es precioso, de dos alturas. Es una edificación de piedra que aprovechan también como aparcamiento de caravanas, pues posee un robledal y esta excelentemente atendido. Ya instalados en una habitación de dos literas, después de la ducha correspondiente, hacer la colada, y comer, me espera un descanso merecido, y junto a Mario y dos peregrinas italianas que hemos conocido en la comida, decidimos mañana hacer la etapa hasta A Fonsagrada, del que dicen que es la Puerta de Galicia del camino Primitivo,

1/julio/2019


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