Continuamos con el camino, llegamos a Pola de Allande

Como cada día nos levantamos muy temprano. Hoy tenemos por delante treinta kilómetros, de los cuales la gran mayoría son de subida, etapa clásica rompe piernas en la que transcurriremos principalmente por parajes protegidos.

He cumplido con el ritual de cada mañana de tratarme los pies para que no sufran con el sudor y el calor, doble pares de calcetines y una extensa capa de vaselina harán que lleguen sanos al destino. Antes de salir de Tineo, como cada mañana, he desayunado bien, pues sin salir del pueblo ya comienzan las primeras pendientes. Va a ser una etapa dura y larga, por lo que tenemos que ir provistos sobre todo de agua, porque son muchos los kilómetros que caminaremos sin pasar por una localidad.

Cuando llevamos poco más de dos kilómetros de subida, rodeando Tineo, que cada vez lo vemos más en el fondo del valle, llegamos a una curiosa finca con un cartel que pone “ aquí vive el último de Filipinas”. Justo cuando llegamos al Mirador de Letizia, son cerca ya de 1.100 metros de altitud. Tengo que confesar que mi ritmo es lento, pero a cada paso que doy disfruto del paisaje, un amanecer fantástico donde la luz del día está llegando poco a poco, y los bellos parajes de esta comarca no me “dejan” caminar a un ritmo más alto. Sin darnos cuenta llegamos hasta el collado de La Guardia, donde tomamos una pista forestal asfaltada. Ya en un par de kilómetros más llegaremos a la localidad de Piedratecha, un “pueblo” que pertenece a la comarca de Tineo y que tiene cuatro habitantes, 1 hombre y tres mujeres.

Llevo ya varios kilómetros descendiendo, y junto a un rio me encuentro a dos peregrinas catalanas, son dos jóvenes universitarias que están haciendo el camino. Entablo conversación con ellas, los tres caminamos ya juntos durante toda la jornada. En un recodo del camino , y en pleno bosque encuentro un cartel ,” A 350 metros puede visitar el Monasterio de Santa María La Real de Obona”. No lo dudo, allí me planto y, aunque la ida y vuelta supone más de un kilómetro y medio que añadir a los que hoy tenemos que recorrer, mereció la pena. A pesar del estado de abandono, los restos de la historia dejan ver esta joya benedictina del siglo XIII y que se encuentra en mucho peor estado que el de Cornellana.

Villaluz, Campiello o Borres son algunos de los pueblos que hemos dejado atrás y que ninguno de ellos sobrepasa los 45 habitantes. En este último hemos parado unos minutos a reponer fuerzas, comer algo suave, un poco de fruta y rellenar las botellas del agua. Como no veía fuente ni ningún sitio donde vendiesen, he llamado en una casa de este pueblo de Borres, donde amablemente me han llenado las dos botellas de agua fresquita, pues aún nos quedan unos doce kilómetros para llegar a nuestro destino. La mañana esta siendo amena con la compañía de las chicas catalanas, que me van contando lo maravilloso que les está pareciendo esta aventura en la que se han embarcado.

Son cerca de las dos de la tarde y ya nos plantamos en Lavadoira, el último concejo que pertenece a la comarca de Tineo, con catorce habitantes. A las afueras de este núcleo de casas, no más de cinco, me encuentro un hombre muy mayor, por el aspecto físico debe tener unos ochenta años. Estaba con algunas vacas y, además, arreglando un camino que el agua había levantado. Hablé con él durante al menos diez minutos y me cuenta que en pocos años, este pueblo desaparecerá, pues ya no hay jóvenes, y todos buscan un mejor futuro, aunque la paz y la tranquilidad que aquí se respira no se va a encontrar en ningún sitio. Solo nos restan para llegar a nuestro destino de hoy cinco kilómetros.

Ya son más de las tres de la tarde y por fin llegamos a Pola de Allande, una gran ciudad si la comparamos con los pueblos que hemos visto hoy. Son unos 1.500 habitantes. Se pueden ver restaurantes con peregrinos en las terrazas, algunos hoteles, paradas de autobús de línea, etc… nosotros seguimos caminando en busca del albergue municipal, que por fin encontramos y que es donde vamos a pernoctar hoy. Como me entretuve hablando con el paisano asturiano, ya me he encontrado alojadas allí a mis amigas catalanas. He cogido la cama justo enfrente de ellas, lo que supone que seguiremos charlando después de preparar la cama, ducha, lavar y tender la ropa que he traído puesta hoy. Sobre las cuatro de la tarde salimos en busca de un sitio donde comer. La tarde la dedicaremos sobre todo a descansar, ya que hoy ha sido un día duro y mañana nos espera otra gran etapa… La Mesa.

 

30/Julio /2019


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