Continuamos con el camino, llegamos a Lugo

Juan José Sánchez Manjavacas (Agosto 2021).- Hoy nos levantamos con la emoción de llegar a Lugo, la ciudad más antigua de Galicia. Como cada mañana nos preparamos escrupulosamente los pies, con su correspondiente dosis de vaselina. El cansancio ya se va acumulando por la dureza de algunas etapas pasadas, y aunque se intenta restablecer de dicho cansancio, lo cierto es que se nota en el cuerpo la pesadez corporal con el paso de las etapas.

Son casi treinta y dos kilómetros los que tenemos por delante, hemos comenzado a caminar entorno a las seis de la mañana. Los primeros kilómetros de la etapa caminamos acompañados por la niebla que nos impide una visión clara, poco a poco esta niebla va levantando y dejando un paisaje típicamente gallego, aldeas y más aldeas que atravesamos en el silencio de lo que se llama ahora la España vaciada.

Muy pronto llegamos al Alto de Vaqueriza, del que dicen que es la última subida más o menos dura antes de llegar a Santiago. Son ciento treinta y dos kilómetros los que restan desde aquí hasta la Plaza del Obradoiro, increíblemente a medida que caminamos observamos un paisaje que nos es típico, llanuras o “meseta lucense” como le llaman por aquí.

Nos adentramos por unas sendas bucólicas, rastro de ganado, caminamos ya por el Concello de Castroverde, donde su Iglesia, la de Santa María fue declarada Monumento Nacional, y por aquí la llaman la Catedral de Castroverde.

Villabade, Castroverde, San Miguel Do Camiño, ya las hemos dejado atrás. Por momentos creo que estoy dentro de una película de suspense, me encuentro caminando por unos caminos estrechos, con rodadas de carros, que después de preguntar a un paisano, me cuenta que por aquí le llaman "congostras", el caso es que me llama la atención que todo este cubierto de helechos y hiedras. Continuamos así por varios kilómetros, también entre castaños, cruzamos un rio (Río Chamoso, afluente del Miño) rezaba el cartel de la entrada. De pronto me encuentro a un peregrino que va caminando solo, tras el receptivo saludo, nos encontramos caminando juntos, y les quiero contar la anécdota. Se trata de un tipo alto, enjuto, con barba canosa, gafas y que camina con cierto relax, por un momento creí que caminaba al lado de Mariano Rajoy, les aseguro que parecía él, poco después en el tono con el que habla deja claro y evidente que no es gallego y me cuenta que es de Navarra.

Creo que estoy dentro de una película de suspense, me encuentro caminando por unos caminos estrechos, con rodadas de carros.

Son varias  horas ya las que llevo caminando, y con "Rajoy" de compañero he perdido la cuenta de los pueblos y aldeas que hemos atravesado, el caso es que nos plantamos a la entrada de  As Casas da Viña. Las piernas me empieza a flaquear, realmente se me está haciendo la etapa muy larga, y tomo la decisión de parar un rato a descansar en un bar que encuentro y me ofrece un buen pincho de tortilla gallega, no lo pienso, y allí me tienen durante cerca de veinte minutos descansando y reponiendo fuerzas para el último tramo de la etapa que me llevara hasta Lugo.

Las piernas me empieza a flaquear, realmente se me está haciendo la etapa muy larga.

Después de retomar la marcha, con algo de mas fuerza me encuentro con Castelo, prácticamente ya en el kilometro 28 de la etapa muy pronto comienzo a ver con cierta emoción “la ciudad más antigua de Galicia”.

Lugo nos recibe con gran esplendor, cruzamos por un viaducto sobre un rio con una gran altura, y poco después pasamos bajo las vías del tren. Serpenteamos calles y más calles lucenses, de pronto, nos damos de lleno con la muralla por la Puerta de San Pedro, y me detengo ante una inscripción que reza, “ Por aquí entro el Rey Alfonso II el casto en el siglo IX, inaugurando el primer camino de Santiago”.

Después de pensar la importancia que particularmente le doy a que estoy atravesando un puente por el que hace doce siglos cruzó un rey inaugurando el camino, me quedo un poco abstracto, observando la grandeza de esta ciudad que fue fundada en el año 25 A.C.

Suena el móvil, como puedo contesto y una voz me dice "¿Por dónde andas Juanjo? ¿Cuánto te aqueda? Te estamos esperando en el albergue, te hemos reservado una cama". Eran mis compañeros peregrinos Mario, Ludovica , Alexandra y los chicos de Murcia. El lugar elegido era un hostel en el que me llama la atención la ubicación de las camas, son como enjambres de abejas, eso si, cómodas y también guardan cierta intimidad que no existe en otros albergues. Este hostel está situado justo en una de las calles más céntricas. Un día más me esperan para comer, el plato lo tengo ya en la mesa.

Hoy como es tarde, lo primero que he hecho para que no me esperen más es ir a comer con ellos, después la ducha, la colada y un poco de siesta. La tarde hay que aprovecharla para dar un paseo, ir a la catedral y visitar esta gran ciudad que es Lugo.

 

4-Agosto-2019

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