Valentín Arteaga, cuando la ancianidad es sinónimo de mente clara y palabra limpia

“Estoy ancianando jubilosamente”

Laura Figueiredo (28 de abril de 2021).- Muestra plenitud de mente y de espíritu en la ancianidad. Una ancianidad que asegura que comienza cuando uno empieza a tristear y a perder la capacidad de asombro. No es su caso porque aún sigue abriendo sus ojos y su boca ante “la infinidad interminable del paisaje manchego” tantas veces visto desde ese cerro que le abrió la mirada al mundo.

Es Valentín Arteaga Sánchez-Guijaldo, religioso teatino, escritor de mente y palabra clara. Llega a mi casa acompañado de su amigo Paco Torres, en una tarde “de un día canijo” tras un intenso domingo en el que no ha faltado la visita a la Virgen de Criptana. Allí desde el cerro, ha disfrutado del horizonte “de ocho puntos cardinales” en su inmensidad y de un paisaje que sigue siendo un tapiz de formas y colores.

Nuestro Hijo Predilecto vive en Madrid en la casa de la comunidad ya retirado y como él mismo dice, con sonrisa burlona, “reducido a un estado laical”. La actividad literaria sigue siendo parte de él y continua colaborando y participando cuando no dirigiendo alguna publicación. Escribe sobre papel, la máquina la dejó hace tiempo y el ordenador no se ha hecho para él. En cualquier caso, siempre hay alguien dispuesto a pasar sus textos a la pantalla, a conducir por él y a echarle una mano cuando hace falta. Y es que dice “que mi pecado es rodearme de buena gente”.

Vuelve a ser un acto literario y un libro los motivos de su visita a Criptana. Se trata de la presentación de la publicación “Premios de poesía para jóvenes Valentín Arteaga 1980-2020” el pasado sábado, 24 de abril, en El Pósito. Una iniciativa de la Concejalía de Cultura que ha visto la luz bajo una edición cuidada e ilustrada por Andrés Escribano. En él se recogen los poemas premiados durante los 40 años de un certamen que propuso Rafael Olivares  allá por 1980 y que las corporaciones municipales posteriores han sabido mantener vivo.  

La presencia de Valentín Arteaga siempre es una oportunidad para acercarse a él y  escuchar su palabra precisa y limpia, pronunciada sin prisa y casi sílaba por sílaba. Y eso es lo que hice en esa tarde canija.

-Valentín ¿Cómo está?

Estoy ancianando jubilosamente.  Es una experiencia muy particular esto de ir dejando que el tiempo nos vaya marcando. Porque en principio como que no experimentas ese paso del tiempo. Llega un momento que noto la mente lúcida y clara, con luz propia pero el cuerpo empieza a dar sus llamadas y recuerda que ya tienes… Es muy interesante el paso del tiempo, es un misterio.

-¿Se nos prepara para ancianar?

No, es más, es que uno ni siquiera lo piensa; no pasa por la mente que esto tenga que ocurrir y  luego llega de una manera muy triste. Empezar a tristear es empezar a ancianar.

Empezar a tristear es empezar a ancianar

-¿Cuánto tiempo sin verle por su pueblo?

Pues desde la presentación del libro de Carmen Guaita. Creo que fue en mayo de 2019.

-Háblenos del libro que el pasado sábado se presentaba en El Pósito, “Premio de poesía para jóvenes Valentín Arteaga 1980-2020”.

Pues confieso que me pareció extraña esta iniciativa de la Concejalía de Cultura porque lo normal es que se edite en el 50 aniversario. Lo de 40 es verdad que son años, muchos años y más cuando hablamos de poesía. El Ayuntamiento ha hecho un esfuerzo grande y es una obra de arte del editor Jaime Quevedo Subrier con la editorial DC39libros Bambalinas. Está, además, muy bien acompañado e iluminado con los dibujos de Andrés Escribano que dan al libro una claridad y juego atrayente y hermosísimo. Son 40 años y aquellos jóvenes que con tan pocos años fueron galardonados hace tiempo algunos de ellos son unos extraordinarios poetas hoy en día. Pedro Antonio González, Manuel Moreno, Gabriel Insausti, Irene Bablé… tienen un nombre en la literatura madura. Me parece en primer lugar un libro muy oportuno, un libro que parecía ser que no ocurriría pero que ha ocurrido. Ahora lo que tiene que hacer el Ayuntamiento es distribuir el libro, darlo a conocer porque yo creo que un libro es para ser dado, no es para quedarse en los anaqueles.

Me parece en primer lugar un libro muy oportuno, una iniciativa de relieve

-¿Sirve la poesía para algo en este momento que señala usted de postpoesía?

El servicio que ofrece es un servicio inútil, el servicio de la inutilidad que es un gran servicio porque no todo es balance, constatación de un esfuerzo, éxito de una iniciativa… es una pérdida esencial del tiempo que nos lleva a algo fundamental en la vida que es lo contemplativo,  el silencio. La poesía, que parece que no sirve, es fundamental si uno quiere ser buscador espiritual lo cual hoy es tan difícil. Se requiere detenerse, recrearse, releer los signos que en la vida son tan claros. Vamos corriendo, andamos atropelladamente, hablando con nuestros móviles y mirando pantallas… todo el mundo va con estas historias. No para. Y ante esto ni hay poesía, ni hay silencio, ni luz… Desde el punto de vista de la mentalidad de hoy no rinde y es una pérdida de tiempo pero sí que sirve. La poesía tiene capacidad de conmover y dejar preso de la emoción a aquel que se deja llevar por el ritmo, la musicalidad, la palabra… El oficio de la poesía es cariñoso, inútil y delictivo.

La poesía ofrece un servicio inútil, es el servicio de la inutilidad que es un gran servicio y fundamental

-¿Y quién no llega a la poesía significa que no busca  y no siente? No es habitual su lectura y no deja de ser un género minoritario.

Hay que leerla, frecuentarla, volver a leer. La poesía necesita varias lecturas, tiempo, meditación. Al margen de esto también es verdad que la poesía ahora se encuentra con un lenguaje que está en crisis. Hoy se habla muy mal y me da la impresión de que se escribe peor y se está vaciando el lenguaje de su propio contenido. Es una carcasa donde no hay nada dentro, vacía.  No hay sintaxis, gramática, no hay esfuerzo, no hay construcción.  Hay una poesía, no toda por supuesto, que yo no entiendo. Es algo que comento con más poetas maduros y veo que no es solo mi opinión.

-¿Nos humaniza?

Cauteriza, cura las heridas, te lleva de la mano delicadamente hacia lo inefable, lo desconocido;  es sugerente y no aclara nada muchas ves, te deja en el umbral. La prosa es lo reglado, lo previsto, te lleva por un camino señalado;  la poesía por caminos no caminados.

La poesía te lleva por caminos no caminados

-El certamen al que da nombre une poesía y juventud. Una buena mezcla para un poema.

Eso es precioso, dar nombre a un certamen joven. Ahora no puedo hablarte mucho de los jóvenes, no tengo mucho contacto con la nueva poesía. La poesía tiene mucho de contestataria y esta juventud la veo poco contestaría, es una juventud muy acomodaticia, no se complica, está quieta. Lo cree que lo tiene todo y le falta todo. No se ha detenido a dejarse rodear por el silencio y hace falta un manto de silencio. En lo hondo no tienen inquietudes y para la poesía hay que tener una inquietud interior que lleva a la búsqueda. Tengo la sensación que se busca poco dentro.

- ¿Cómo vive la pandemia?

Mi vida no ha cambiado, he seguido con mis horas de estudio, lectura, oración. En nuestra casa, donde somos cinco, ha sido interesante el que se ha creado una fraternidad más vivida. Llevo ya siete años viviendo en Madrid en la casa de los Teatinos una vez que vine de Roma y como digo yo en tono de broma, vivo reducido al estado laical en mi comunidad. No celebro la Eucaristía ni demás sacramentos.

-¿Saldremos mejores?

Más reflexivos y con más visión de lo que es el panorama social y lo que nos rodea. Hemos aprendido a ese callar, a esa música callada, a estar en casa.

De la pandemia saldremos más reflexivos y con más visión de lo que es el panorama social y lo que nos rodea

-Y ahora que está en esa “reducción al estado laical”  y ha bajado del altar  ¿cómo ve las cosas desde el banco de la Iglesia?

Hace falta crecer en mistagogía, en la capacidad de crear misterio, celebración. Hay todo un rito muy mecánico y estando entre la gente descubro que el celebrante no acaba de celebrar el misterio. Celebraciones muy repetitivas y más ahora con el protocolo de las manos y mascarilla. Falta misterio, religiosidad, tendríamos que ser mistagogos.

-¿La pandemia nos ha acercado a la religiosidad?

Veo que los creyentes han aumentado en la asistencia a la misa. Es como si esta crisis hubiera aumentado la necesidad de esa relación con Dios. Hay más inquietud y necesidad de Dios.

-¿Dónde está Dios en la postmodernidad?

Bueno, Dios es postmoderno. Creo que está siempre, lo peor es cuando encasillamos a Dios y lo reducimos a una definición que no es otra cosa que acotar. Es hacer que el paisaje sea pequeño. -¿Dónde está Dios?- es que Dios nos llama siempre a un más. Dios es para los buscadores, si no caminas y te quedas en el arcén… Dios es camino. Dios siempre está más adelante. Alguien dice que a Dios no se le ve nunca el rostro, solo la espalda.

Dios es para los buscadores, si no caminas y te quedas en el arcén… Dios es camino. Dios siempre está más adelante

-¿Cómo ve Campo de Criptana?

Criptana diría que es indefinible, es un pueblo para el oteo, para asomarse al paisaje. Me parece que está  mejorando mucho en el aspecto urbanístico. Estamos todavía recordando pecados antiguos y hay mucha uralita y cemento aún. A Criptana le ha faltado ese cuidado especial en la estética y Criptana lo merece. Falta esa estética desde lo urbano y para el conjunto que es precisamente lo que puede ofrecer. En una ocasión unas chicas jóvenes me dijeron que yo era de un pueblo que tiene magia. Bueno, tampoco hace falta chulería paisana y pensar que Criptana es único pero sí que es verdad que tiene mucha magia.


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