“Sin el yoga ahora estaría buscando soluciones fuera cuando la solución la tengo yo”

Angelines Manzaneque Lucas, una peluquera que encontró en el yoga su mejor aliado

Laura Figueiredo (16 de octubre de 2020).- Se formó sin mayor intención que la de practicarlo cuando por casualidad le surge la oportunidad de poder dar clases. Es entonces cuando movida por su interés y la exigencia de su alumnado se matrícula en la Escuela Internacional de Yoga en Madrid y ahí comienza una aventura que todavía no ha terminado. Lo que empezó siendo la búsqueda de un remedio para mejorar la salud se convirtió en una mejora en todos los aspectos, una mejor forma de vivir la vida.

Es Angelines Manzaneque Lucas, peluquera hasta hace tres años y profesora de yoga en la Asociación de Viudas de Campo de Criptana desde hace más de diez. Ellas, sus alumnas, le dieron la oportunidad y la confianza y el yoga le ha descubierto otra manera de vivir al darse cuenta de que las cosas se pueden cambiar, es cuestión de actitud. Nos deja claro que el yoga es mucho más que una asana vistosa y es lo que cada uno quiera que sea. Todo un proceso al que nuestra yogui criptanense nos invita a acercarnos.

Y es que para Angelines el yoga marca un antes y un después.

-¿Cómo llegas al yoga?

Pues llego de casualidad. Con 37 años me diagnostican fibromialgia, una enfermedad que no tiene curación. Una doctora me aconseja que lo mejor que puedo hacer es no pensar en mi enfermedad y tratar de vivir como si no la tuviera aunque la enfermedad estaba ahí con su tratamiento médico. Me enfadé mucho al oír esto pero decidí hacerle caso. Así que decido dejar la medicación como tratamiento continuo y busco en el ejercicio físico un alivio. Probé con muchas cosas aerobic, pilates, natación…y llego al yoga y era lo que mejor me funcionaba. Comencé con Loli en la Casa de Cultura y es cuando surge la oportunidad de hacer un curso básico de dos años, me apunto con la única intención de mejorar en su práctica y conocer más.

-¿Y cómo surge lo de dar clases?

Yo hice ese curso de profesora de yoga con mi maestra Araceli que venía una vez al mes durante dos años desde Valencia. Termino el curso y a las pocas semanas me llama la profesora diciéndome que necesitaban una monitora de yoga para la asociación de Viudas de Criptana y me dice que tengo que hacerlo yo. Con muchos reparos me pongo manos a la obra en una asociación donde me acogieron estupendamente. Y poco a poco todas íbamos avanzando, ellas como alumnas y yo como profesora. ¿Qué pasa? pues que me quedaba corta y notaba que algunas alumnas pedían más. Entonces ni corta ni perezosa en una revista de la peluquería encuentro un anuncio de la Escuela Internacional de Yoga en Madrid.

-¿Fue difícil?

Más que difícil. Llegué yo tan orgullosa con mi curso hecho aquí y ¡madre mía! estaba todo por aprender. Me dicen que me convalidan primero y cuando veo el nivel que tiene esa escuela… Me encuentro con compañeros de la edad de mis hijas y rodeada de profesores que iban a  perfeccionar. Me acuerdo ahora y me río pero yo no me rendía, bueno estuve a punto. Ir a Madrid con todo mi despiste, coger metro para arriba y para abajo y a tomar notas a mano cuando yo hacía muchos años que había dejado mi FP de Peluquería. Así fue que en Navidad llegué a la profesora llorando y le dije que –yo ya no sigo más-. Esto me superaba. La directora no me deja y me propone hacer los dos cursos en uno y ¡venga adelante! Dos fines de semana al mes me iba y volvía teniendo que organizar mi peluquería para poder tener los viernes libres. Y lo conseguí. El curso fue en la modalidad Ha-tha-yoga.

-¿Tan importante era para ti?

Para mí era importante, muy importante porque se trataba de seguir avanzando en algo que se estaba convirtiendo en mi mejor aliado, mi mejor medicina y es que era, al menos en principio, mejorar mi vida por motivos de salud. Por otra parte, fue un reto personal, yo toda mi vida me había dedicado a mi casa y a mi familia como prioridad y a la peluquería y el sacar adelante el curso fue algo que me llenó y de lo que me siento muy orgullosa. A muchos les parecerá una tontería pero para mí fue importante en esos dos sentidos, por el yoga y por el propio reto personal. Me di cuenta que las cosas hay que intentarlas y te podrán salir o no pero lo has intentado. Estamos hablando del curso 2011/2012 y sí, fue todo un reto personal.

“Sacar el curso fue un reto personal que me exigió un gran esfuerzo y del que me siento muy orgullosa”

-¿Se te quitó el miedo a seguir apuntándote a cursos?

Está claro que te da más confianza y si no es todos los años sí es verdad que he seguido haciendo cursos porque el yoga es lo que tiene, sigues y sigues dando pasos y adentrándote en su práctica.

-¿Qué te aporta el yoga?

Pues te hace ver que las cosas se pueden cambiar. Te pueden decir que tienes la enfermedad más rara del mundo pero la cosa está en cómo tú te lo quieras tomar, en tu actitud porque la enfermedad va a seguir estando ahí. El yoga es una actitud, una filosofía de vida. Tengo una enfermedad y ahí está pero mi postura es -¿qué puedo hacer yo con esto?-.

“El yoga te hace ver que las cosas se pueden cambiar”

-Y decides además compartir tus conocimientos con otras personas.

Claro y comparto lo que a mí me funciona, siempre desde mi experiencia personal. Y es que el yoga es más que hacer una postura muy guay; la cosa está en cómo llegar a esa postura. Para ello está el conocerse y el yoga te enseña a parar para tomar conciencia de cómo estás en ese momento y fijarte en ti misma sin competir ni compararte con nadie. Es así como te haces consciente de tus límites no solo físicamente también a nivel mental y emocional.

-¿Cuál es la postura más importante del yoga?

La respiración sin lugar a dudas es la herramienta más potente que a mí me ha dado el yoga. Es verdad que no es fácil de controlar pero te aporta mucha energía y nos da información de cómo estamos en cada momento. Es practicar y practicar.

“La respiración sin lugar a dudas es la herramienta más potente que a mí me ha dado el yoga”

-Hay gente que solo se queda en la postura física.

Pues es que mucha gente viene a yoga por cuestión física, por alguna dolencia y pensando que el yoga lo cura todo. Hay quienes se quedan ahí pero lo normal es que la práctica te vaya llevando a otras fases que son la mental y la emocional. El yoga te hace parar desde el primer momento.

-¿Cómo estarías tú ahora sin yoga?

Buscando pastillas y buscando médicos o mejor dicho, estaría buscando soluciones fuera pero la solución la tengo yo. Estaría esperando que alguien me solucione mis problemas cuando la solución está en mí. Es un crecimiento personal que empieza por conocerte a ti misma. En ese proceso  te encuentras con toda una serie de cosas que están adheridas a ti desde pequeña, fruto de una familia y del entorno en el que has crecido, lo llevas incorporado.

-¿Qué sabías tú antes del yoga?

Nada, ni me lo había planteado nunca. Surge cuando tengo la necesidad de adaptarme a una situación, cambiarla y mejorarla. En mi caso sino es por la enfermedad no llego al yoga que no solo ha sido una medicina para mi enfermedad sino también para mi vida, un cambio. El caso es que en lo malo vi una oportunidad que me exigió adaptarme.

“El caso es que en lo malo vi una oportunidad que me exigió adaptarme”

-¿Necesitamos ahora más adaptación que nunca?

Es muy triste y hay mucha incertidumbre y mucha gente que lo está pasando muy mal. Pero ante eso tenemos dos opciones: lo podemos tomar por la tremenda y echarle la culpa a todo el mundo y enfadarnos o decir -el cambio empieza por uno mismo-. En lo malo de esta pandemia también podemos ver una oportunidad. Nos da la oportunidad de parar y pensar, que en el día a día no es todo hacer y hacer. Todos somos capaces de adaptarnos a los cambios, es cuestión de tomar conciencia y de apagar el piloto automático en el que vivimos.

“Todos somos capaces de adaptarnos a los cambios, es cuestión de tomar conciencia y de apagar el piloto automático en el que vivimos”

-¿Pero no te hartas de tanto observarte?

Laura es que no es eso, llega a ser parte de tu vida, de tu día a día.

-Pero es que muchas veces preferimos no conocernos, da miedo.

¡Anda claro! por eso huimos. Pero es la única manera de cambiar y mejorar. Es un proceso que exige paciencia con uno mismo e ir poco a poco y saber hasta donde puedes llegar.

-Bueno el caso es que sigues dando clases en la Asociación de Viudas.

Sí y es que además son geniales, son de otra pasta. Le tengo que agradecer siempre a la asociación la oportunidad que me dieron para crecer en el yoga y por confiar en mí y darme a mí misma confianza para afrontar algo que era todo un reto para una mujer muy de su casa y con su peluquería de toda la vida. La enfermedad me llevó al yoga y ellas, las viudas, me empujaron a formarme y ahondar en esta disciplina. Desde el 14 de marzo se suspendieron las clases  presenciales y ahora estamos con dos grupos hechos por la tarde y otro por la mañana y esperando a ver si se abren las instalaciones municipales. La verdad es que tanto ellas como yo estamos deseando volver a estirar la esterilla y empezar a respirar.

“La verdad es que tanto ellas, mis alumnas de la asociación de Viudas, como yo estamos deseando volver a estirar la esterilla y empezar a respirar”


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