Sebastián Casero, su acordeón y mucho más

Fotos: Milagros Casero

Sebastián Casero, sin tiempo para el aburrimiento

Sebastián Casero, tendero, acordeonista y criador de canarios

Laura Figueiredo (1 de septiembre 2020).-De oficio tendero, aficiones mil y una. Es Sebastián Casero López de Marina y seguro que para muchos una caja de sorpresas y más cuando son 85 años los vividos. Se identifica con una generación que ha tenido que trabajar mucho  y buscar siempre formas de salir adelante. “Entonces, me dice, no se estropeaba el dinero”.  Me enseña álbumes de fotografías, recortes y apuntes ordenados cuidadosamente  pasando del blanco y negro al color y de notas a mano a letra de máquina Olivetti. Una persona ligada al comercio de comestibles, a la cría y concurso de canarios (es canaricultor) y pegado a su acordeón  que le ha acompañado desde pequeño y durante  años en la Orquesta Mambo.  Me cuenta el paso de los años lejos de lamentos y nostalgias, lo hace con satisfacción y desde un presente en el que sigue disfrutando de algunas de sus aficiones. Una persona silenciosa y pequeña que se hace grande cuando se cuelga su acordeón y empieza a tocar.

Fue una foto suya con un acordeón lo que me llamó la atención, lo suficiente como para que le preguntara cómo se le ocurrió aprender a tocar un instrumento tan poco popular en nuestra tierra a pesar de encontrarnos en tierra de música y músicos. No se atreve a decir si es o no la única persona que sabe tocar el acordeón en Campo de Criptana y además es algo que tampoco considera de importancia. Lo importante para él es que logró aprender y ha disfrutado mucho y sigue disfrutando a ratos de su acordeón.

Ha sumado en todos estos años cinco acordeones y asegura que cada vez suenan mejor, tienen mejor material y “más hermosura”. Nos habla del sonido agradable al oído de este instrumento nada estridente. “A mí, dice, me suena muy bien”. Nos explica que es un instrumento de viento de lengüetas y fuelle. A un lado está el teclado a modo de piano y al otro los botones de los bajos que es donde está la mayor dificultad. “Hay que conocer su posición y sonido de memoria porque esa parte no la puedes ver y claro a la vez tienes que coordinar con el teclado”. En fin, todo un arte.

Todo empezó en la radio

En la tienda de su padre se oía la radio y en su casa y entonces en todas partes. Era en Radio Andorra donde escuchaba con frecuencia mucha música de acordeón “¡y lo qué me gustaba! Siempre tenía el oído pegado”. Le llamó desde un principio la atención el sonido del instrumento y se propuso aprender a tocarlo. Logró que su padre le prometiera comprarle un acordeón bajo la condición de aprender primero solfeo. Así que Sebastián, junto a su amigo Antonio Calonge, empezó a estudiar en la Escuela Municipal dirigida por Manuel Angulo. Cuando llega el momento de elegir instrumento él lo tiene claro –quiero tocar el acordeón-. No era posible pues no había maestro así que vuelve a casa con el solfeo a medias y sin instrumento. Fue con el barbero, Áureo Pedroche, con quien siguió aprendiendo música hasta que le dijo al padre de Sebastián  -ya puedes comprarle al chico el acordeón que sabe lo suficiente-. Y así fue.

Ahora tocaba aprender a tocar y allá que se fue Sebastián con su padre a Madrid para comprar unos métodos de aprendizaje y ya después siguió formándose por cursos por correspondencia en el Instituto Mozart de Barcelona. Sacaba tiempo de donde podía para leerse unos temarios llenos de teoría y ponerse a practicar una y otra vez sin profesor que le corrigiera. “Aquí la exigencia era la que tú te pusieras. Era cuestión de mucha voluntad, de escuchar y corregir”. En fin, un autodidacta. Sebastián demostró que lo suyo con el acordeón no era un capricho y de hecho le sigue acompañando a sus más de ochenta años.

“Sebastián demostró que lo suyo con el acordeón no era un capricho y de hecho le sigue acompañando a sus más de ochenta años”

Luego llegaron las bodas y los arreglo-bodas donde junto con la guitarra de Juan José Olmedo y algún músico más amenizaban la fiesta. Incluso en alguna ocasión, me cuenta Sebastián, que se sumaba Francisco Valbuena, el pintor y artista criptanense, quien si bien no sabía música le seguía con otro acordeón a base de poner mucho oído.

Sebastián Casero, Francisco Valbuena y otro compañero que se apellidaba Franco en unas fiestas de carnaval

Con unos y otros Sebastián buscaba el momento para tocar juntos y sacar un dinero extra a la vez que disfrutaba con su acordeón. De esta manera, enredando entre fiesta y fiesta nace en 1954 la orquesta de música y de baile, Mambo. Ahí estaban Antonio Calonge, Juan José Calonge, Vicente Muñoz, José María Iniesta, Demetrio, Matías Gómez… y por supuesto Sebastián y su acordeón. Como anécdota nos recuerda que Mambo llegó a contar entre sus músicos con un saxofonista muy joven, Luis Cobos.

 

Sebastián Casero, Luis Cobos y Vicente Muñoz

Es entonces cuando junto con otros músicos, nuestro acordeonista tiene que ir a Ciudad Real a examinarse para sacar el carné que le exigía la SGAE para poder tocar en actos públicos en los que se cobraba entrada. “Había que interpretar tres piezas, nos recuerda Sebastián, y aprobé”. Aún conserva su carné y me lo enseña todo orgulloso. Con él y la agrupación recorrió muchas localidades y actuaron en muchos teatros. Fueron 15 años “hasta que ya no podía atender tantas cosas y me tuve que retirar”. En este sentido agradece a su mujer, Dominga, el haber contado siempre con su apoyo.

Quince años estuvo Sebastián Casero en la Orquesta Mambo con su acordeón

Sebastián y su tienda

Mientras Sebastián tocaba el acordeón atendía su tienda de frutas y pescado en la calle Santa Ana con miras siempre a poder mejorar. Compró la casa donde estaba el local y otra un poco más allá para terminar haciéndose vivienda en la calle Castillo. El listado de productos en la tienda fue aumentando hasta que inauguró en 1980 un autoservicio en el bajo de su casa que durante los primeros siete años funcionó muy bien. Luego aumenta la competencia y Sebastián decide cambiar el supermercado por una pajarería. Esta ha sido otra de sus aficiones que también acredita con carné de canaricultor, afición que tiene desde crío. Se especializó en el canario malinois belga que son de canto. Una afición que le llevó a ganar premios en diferentes sitios de España. Es más, recuerda cómo llegó criar con cuarenta o cincuenta parejas de canarios que había no solo que cuidar sino también enseñar a cantar. “Daban mucho trabajo pero se vendían muy bien” me explica este criptanense tendero, acordeonista y criador de canarios. El caso es que la pajarería albergaba también gatos, peces y otros animales hasta que en el año 2000 Sebastián se jubila.

Llegó a criar con cuarenta o cincuenta parejas de canarios que había no solo que cuidar sino también enseñar a cantar

Ha ejercido de profesor en el Hogar de Mayores de Alcázar de San Juan donde le llamaron para dar clases de acordeón durante dos años. Ya jubilado tuvo ganas de seguir aprendiendo y aprovechó las clases que el maestro Daniel Pérez Huelves dio durante unos cursos en Alcázar. El testigo musical lo ha recogido su sobrina María Isabel Casero “que toca como aficionada y lo hace muy bien”.

Ahora, Sebastián no falla en su paseo diario a la Virgen con su grupo de “los andarines” y sabe que a la vuelta le está esperando su acordeón  que hay que desconfinar ya para que vuelva a formar parte del día a día de un criptanense enamorado de su sonido desde pequeño. Reconoce que ha guardado sus acordeones en varias ocasiones en las que los ánimos no han acompañado. De hecho, estos pasados meses de pandemia “tocó guardar hasta mejor ocasión”. Le digo que es hora de desempolvarlos y eso hace y empieza a tocar con los nervios casi del primer día.

 Es hora de desempolvar el acordeón y lo hace y empieza a tocar con los nervios casi del primer día


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