Residencia Sagrado Corazón: encuentros en la verja

Ella lo lleva con humor y con optimismo aunque nos dice que hay ratos de todo. Una foto realizada desde la discreción que nos pide la residencia

Residencia Sagrado Corazón, primeros encuentros

“Es muy duro pero mejor seguir poniendo barreras al bicho”

Laura Figueiredo.- Por fin las puertas de la residencia Sagrado Corazón se abrían. El tan esperado momento del encuentro llegaba tras más de tres meses de confinamiento. Fueron unos pocos ancianos los que el pasado miércoles pudieron ver en persona a sus familiares. Todo está medido por una larga lista de normas cuyo fin es evitar el contagio de residentes y trabajadores; un objetivo que hasta ahora en Campo de Criptana se ha logrado con cero casos de coronavirus en su residencia de personas mayores.

Pero como dice la madre superiora, Ana Campos Martínez “el bicho no ha entrado pero sigue ahí fuera”. Las noticias constatan el cierre de residencias y los brotes y rebrotes en muchas de ellas al poco de abrir sus puertas a las visitas. “Da mucho miedo, dice la madre, esto no está nada claro”. En los primeros encuentros es imposible evitar los abrazos, el cogerse las manos o acercar las caras… Unos gestos difíciles de contener y que se iban a repetir todos los días mañana y tarde en cada visita. Las hermanas y los trabajadores no lo tenían nada claro así que la decisión se tomó de una día para otro. El mismo jueves ya podíamos ver los encuentros en el exterior del edificio con la verja de la residencia por medio; los ancianos dentro y los familiares en la calle. Es cuando sor Ana me dice que han pasado del confinamiento a la clausura con reja incluida pero que en cualquier caso es un paso hacia el exterior después de muchas semanas de un cierre casi hermético.

Las hermanas saben que la decisión se suma a toda una lista de normas que endurecen una situación que dura ya demasiado pero es “mejor prevenir que curar” y hay mucho miedo. Si hasta aquí se ha logrado frenar el virus toda medida parece poca para seguir manteniéndolo a raya. “No es cuestión de que ahora empecemos a caer por acelerar las cosas”. Esto va despacio, sí muy despacio.

Sor Ana nos explica que los familiares lo entienden aunque es a los ancianos a quienes ahora la pandemia se les hace ya cuesta arriba sobre todo para aquellos que sí pueden salir a la calle. La situación ya se hace muy larga y son muchas semanas dentro del edificio.

Además, como dice sor Ana la verja es larga por lo que con toda seguridad se podrá ampliar el número de visitas diarias más allá de la seis por hora que estaban previstas. A partir de julio y durante el mes de agosto también solo se harán visitas por las mañanas para evitar el calor de la tarde.

Hablo con algún familiar a pie de verja. Contento de poder ver a su madre en persona porque durante todo este tiempo ha sido por teléfono o desde el balcón de la parte de atrás desde donde el saludo se hacía a mucha distancia. Ella me dice que “esto es lo que hay y que habrá que aguantarse” y añade “parece la cárcel con estas rejas”. Mientras su hijo le repite que es por el bien de ella y de todos. Al lado, está otra de nuestras personas mayores en su silla de ruedas y no le faltan las visitas a través de la reja: hija, nieta y bisnieta. Hace calor, mucho calor pero para nuestros mayores esto no es nada cuando se trata de encontrarse después de tanto tiempo con lo que más quieren, sus hijos, nietos y familiares.

La madre lamenta que se hayan tenido que hacer las cosas de esta manera pero sabe que es por el bien primero de los mayores y segundo de los trabajadores y familiares. Hasta aquí la residencia del Sagrado Corazón puede decir que no ha tenido ningún caso de coronavirus entre sus 91 residentes. A quienes por un motivo u otro se les han tenido que hacer pruebas todas han dado negativas al coronavirus. Un logro que sor Ana tiene claro que es el resultado del esfuerzo y del intenso trabajo de todo un equipo concienciado y muy responsable.

En cualquier caso estamos en la fase de dar poco a poco pasos hacia el encuentro de mayores y familiares aunque sea con verja por medio. Se seguirá avanzando y mirando al exterior pero siempre con la prudencia por delante y en una situación que la madre sabe que “está siendo muy larga, dura  y a la que no se ve el final”. Mientras me dice estas palabras por teléfono, me imagino a la madre mirando hacia el cielo e implorando la ayuda de Dios.

 


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