Pilar, Carmen Julia, Lucía… trabajadoras de la residencia Sagrado Corazón

Cuando se empiezan a olvidar los aplausos es bueno recordar

Trabajar con el corazón encogido  

Laura Figueiredo (28 de julio 2020).- Cuando se habla de residencia de mayores nos viene a la cabeza pandemia, contagios y cifras de horror. Cuando se habla de la residencia de mayores de Campo de Criptana nos viene a la cabeza un ENHORABUENA con mayúsculas y un aplauso de los grandes. Desde el minuto cero la obsesión fue que en covid-19 no entrara en la casa y si para ello había que tomar y adelantar medidas poco populares no se dudaban. Ha sido un trabajo intenso de muchas personas para las que semanas y semanas su vida se limitaba a ir a trabajar bajo tensión y volver a casa bajo todas las precauciones habidas y por haber.

En la cabeza solo una pregunta todas las mañanas ¿con qué nos encontraremos?

Mientras, la madre superiora, sor Ana daba ánimos con un ¡vamos chicas que ya queda un día menos! o un ¡lo estamos consiguiendo!  y siempre vigilando la disciplina y el orden. Todo era motivo de celebración: un resultado de test negativo, una donación de mascarillas o una entrega de papel higiénico. Y lo hacían todos los días en la terraza de la calle Costa Rica entre aplausos propios y de los vecinos. Unos minutos que regalaban “un subidón”.

Una prueba dura que ha unido a una plantilla de 30 trabajadores que si bien ya eran antes compañeros ahora lo son más que nunca.

Junto a ellos han estado unos ancianos que no han dejado de sorprender al personal por la serenidad que han demostrado y la lección que han dado. Unas familias que han colaborado a pesar de la distancia y la enorme preocupación. Y sobre todo, ha estado un pueblo que se ha volcado con sus mayores como nunca.

Hablamos con Pilar Sánchez-Guijaldo (15 años trabajando en la residencia), Carmen Julia Plaza (12 años) y Lucía Manzaneque (8 años) y lo podíamos haber hecho con cualquiera de las personas que han hecho de esta pandemia un ejemplo de buen trabajo y de vocación.

Ahora la residencia sigue sin bajar la guardia, se respira pero saben que no ha acabado y no se pueden permitir ni el más mínimo descuido que eche por tierra todo lo conseguido: cero contagios.

Desean que los aplausos y lo ocurrido en otras residencias se traduzcan en medidas para mejorar la atención a nuestros mayores y no se queden solo en algo del momento. Desean que su trabajo se siga valorando como durante los meses duros de la pandemia. Reconozcamos que si durante todo este tiempo han logrado algo grande no es menos grande lo que hacen con su trabajo todos los días con o sin covid-19. Por eso, esta entrevista se alarga porque también es importante saber en qué consiste su trabajo; el lugar que ocupa la vocación en esta labor o simplemente qué es lo que echan de menos para que su trabajo con nuestros ancianos mejorara.

La residencia Sagrado Corazón  de Campo de Criptana está regida por la congregación de Hermanitas de los Ancianos Desamparados, tiene 91 residentes y 30 personas en plantilla. Ellas cubren las 24 horas de los 365 días del año. La aportación del voluntariado es esencial, cosa que también ha quedado en evidencia estas semanas pasadas.

La entrevista la realicé hace casi un mes.

 

-¿Qué tal estáis?

Las tres: bien.

Pilar.- Contentas.

Lucía.- De momento sí.

P.-Sin bajar la guardia porque todavía una tranquilidad no tenemos. Esto no ha terminado.

Carmen Julia.- Al principio sobre todo teníamos mucho miedo.

 -¿Y cómo están nuestros mayores?

P.- Estupendamente. El no poder ver a los familiares, el no entender lo que pasaba... Todo fue muy de golpe. Luego ya se adaptaron.

CJ.- Poco a poco y es que no han tenido más remedio. Además, ahora como han empezado las visitas tienen otro ánimo.

 -Lucía, ¿tienen miedo?

L.- Pues más que por ellos por sus familias.  Ellos como dicen –nosotros ya pasamos una guerra y unos años muy malos-.

P.- No hemos vivido una guerra pero esto parece una guerra. Es una lucha contra un virus que mata a todos pero sobre todo a ellos, a los ancianos.

 - ¿Dónde ha estado la clave de este éxito? Cero contagios.

P.- Yo creo que fue clave el cerrar la casa con antelación, ha sido fundamental.

L.- Si entraba el bicho era a través de nosotras, las trabajadoras y nos hemos cuidado mucho. Tenías tanta preocupación que te hacía que no salieras de tu casa para nada.

CJ.- Era una obsesión, siempre ibas pensando en ellos. Era no contagiarles a ellos.

P.- Y mucha desinfección y mucho orden. Pensábamos más en ellos que en nosotras. La verdad es que de nuestra responsabilidad dependía el salvar vidas.

CJ.- Nuestra vida ha sido trabajar y casa prácticamente.

 “La verdad es que de nuestra responsabilidad dependía el salvar vidas”

 -Y siempre pensando en el día siguiente.

P.- Y qué angustia. Todas las mañanas al ir –que no haya ningún contagiado- y no lo ha habido gracias a Dios.

CJ. Cuando te marchabas lo hacías dando gracias porque había pasado el día bien.

P.- Y así un día y otro día. Es que ha sido y está siendo muy largo. No se te va de la cabeza.

 -¿Os habéis sentido más unidas las trabajadoras?

P.- Pues una unión muy grande y pensando siempre “lo vamos a conseguir”. Es que era un trabajo de equipo, de todas nosotras. Todas éramos importantes.

L.- Todas estábamos luchando por lo mismo y eso te une. Solo nos veíamos nosotras y luchando por lo mismo.

P.- Es una situación muy difícil, tienes que salvar vidas, que nadie se muera porque con un solo contagio uno va detrás de otro. Es que es muy duro solo pensarlo. Nos ha hecho ser todavía más compañeras.

CJ.- Nos ha unido mucho. 

“Todas éramos importantes. Todas estábamos luchando por lo mismo y eso te une”

 -¿Qué os han parecido los aplausos?

L.- Era el único momento del día en el que… veías a alguien en la calle desde la terraza de atrás. Era una alegría.

CJ.- Era un subidón. Recuerdo que un día al ir a tirar la basura me encontré ahí a los vecinos aplaudiendo. Eso sube la moral a cualquiera. Cantaban y todo.

P.- Era un apoyo grande. Sentías que no estábamos solos y que el pueblo estaba ahí.

 -Pero es que además la pandemia ha puesto sobre la mesa la importancia de vuestro trabajo.

P.- Es una pena que haya tenido que venir una pandemia para que se vea la necesidad y el valor de nuestro trabajo. Es cierto que nunca ha estado valorado, no se ha apreciado la importancia de él. Era ir a limpiar ancianos y dicho con cierto desprecio. Ahora se ve que es un trabajo necesario, digno y que con esta situación se ha revalorizado y nos hemos sentido más valoradas. Y no solo se nos valora más fuera sino que nosotras misma también nos valoramos más.

      “Ahora no solo se nos valora más fuera sino que nosotras misma también nos valoramos más”

 -¿En qué consiste vuestro trabajo?

P.- Atender a nuestros mayores desde el aseo, desayunos, cambiar pañales… Yo estoy en lavandería o ropería como le llamamos.

L.- Hacer camas, limpiar y dar la comida…

 -Carmen Julia, tú estás sola por las noches.

CJ.- Pues es estar alerta toda la noche. Que si cambiar pañales, las pastillas, que uno no duerme que otro vocea…

 -¿Son más duras?

CJ.- Yo no me quejo, estoy contenta. Me gusta y llevo 12 años.

P.- Son muy tristes.

L.- En plan de trabajo no lo veo más duro pero en plan mental y psicológico afecta más. Estás tú sola para todos. Psicológicamente es más dura la noche. Yo estoy en enfermería de mujeres aunque en general todas hemos pasado por todos los departamentos hasta que te ubican en uno más tiempo.

 -¿Horarios partidos?

P y L.-Sí

CJ- El mío es seguido.

 -Un trabajo que no solo se valora más sino que además se está haciendo más necesario que nunca.

P.- Cada vez hay más mayores y más que seremos. Ahora la gente aguanta lo más posible en sus casas y cuando llegan a la residencia es ya con una dependencia grande en la mayoría de los casos. Antes iban más jóvenes.

CJ.- Antes llegaban en mejores condiciones.

P.- No eran chavales pero es cierto que en estos últimos años ha habido un cambio brusco. Ya llegan casi directamente para estar en una cama o en silla de ruedas. Son personas “no válidas” y así es difícil que disfruten de lo que antes se veía como un hogar para los últimos años de vida.

L.- Es un trabajo que cada vez es más necesario para atender a personas mayores dependientes.

P.- Es muy diferente estar en una residencia con unas condiciones físicas aceptables a ser dependientes. Son personas que hay que atender desde primera hora.

 -También ha tenido que llegar una pandemia para poner en evidencia las deficiencias de muchas residencias.

P.- Ahora todos se echan las manos a la cabeza pero es verdad que es algo que ocurre en muchas residencias y lo hemos visto en los medios que hay cosas que no funcionan como deben. Falta en muchos casos personal y medios.

L.- Eso lo hemos visto nosotras sobre todo los fines de semana que al faltar los voluntarios pues hemos tenido que suplir los fines de semana y eso se nota mucho. También se ha visto todavía más lo que aportan los voluntarios.

P.- Hemos tenido que echar muchas horas.

CJ.- Es para dar gracias a los voluntarios.

 -¿Creéis que los aplausos se quedarán solo en aplausos?

P.- Yo creo que esto se va a olvidar y ya se está olvidando.

L.- A nosotras no se nos va a olvidar.

J.C.- Esto no se olvida, se queda  grabado a fuego.

L.- Es que ha sido muy triste y creo que en las residencias es donde peor se ha pasado y se sigue pasando con limitaciones que son necesarias pero que duran ya mucho.

 “Esto se va a olvidar y ya se está olvidando pero a nosotras no se nos olvidará en la vida”

 -Decís que se queda grabado ¿secuelas?

P.- Algo va a quedar en nostras. Es una huella que no se va a borrar fácilmente.

CJ.- Y eso que no ha habido casos.

Las tres- Necesitamos un buen descanso y lo peor es que esto sigue.

 -El pueblo ha vuelto a demostrar que os quiere.

P.- Lo que hemos tenido ha sido gracias al pueblo que se ha portado de maravilla. Estoy asombrada. Es impagable lo que ha hecho por nosotras.  El pueblo se ha volcado.

L.- Asociaciones, empresas, particulares…

CJ.- Era -¿qué necesitáis?- y al poco ahí lo teníamos.

P.- No hay palabras para agradecer lo que ha hecho por nosotras y los ancianos.

CJ.- A esta residencia se le quiere mucho y tiene muy buena fama. Es un orgullo. 

“No hay palabras para agradecer lo que ha hecho el pueblo por nosotras y los ancianos”

-¿Qué la diferencia de otras residencias?

P.- Ellas (las hermanas) tienen una manera de trabajar distinta. Hacemos lo mismo que en otras residencias pero es verdad que hay un acercamiento especial hacia los ancianos, es más humana.

L.- Es más familiar.

CJ.- Yo he trabajado en otras residencias y las he visto más tipo hospital. Cuando vine aquí es más como una familia.

 -He oído que la Madre Ana a la vez que animaba también sabía poner orden y disciplina.

 P.- Las dos cosas eran importantes. Siempre ha estado animándonos desde el primer momento y hasta el momento de marcharse.

CJ.- Ella ha sido muy importante en estos meses y esencial para evitar los contagios.

P.- Es que hay que valer, una pandemia no es cualquier cosa y nadie estamos preparados. Hay que valer para organizarnos y coordinarnos y mantener una disciplina a la vez que saber animar y mirar para delante. Ser tajante y no tener miedo en tomar medidas.

L.- Y la enfermera Sara…

P.- También ha mostrado mucho valor y entereza. Es muy joven pero desde el primer día que se ordena el cierre ya nos reunió y nos dijo las cosas muy claras y siempre ha estado al día de tanta información.

 -¿Todas sois mujeres?

P.- No, hay dos hombres, Gregorio y Óscar y Paco de mantenimiento. Paco no ha parado con un afán para que la casa estuviera desinfectada las 24 horas. En fin, creo que todos hemos tenido nuestra labor dentro de la pandemia y todos hemos puesto todo para que el covid no entrara.

 “Todos hemos puesto todo para que el Covid no entrara”

 -¿Cómo llegáis a trabajar en una residencia de mayores? ¿Por vocación desde un comienzo? ¿Por búsqueda de trabajo?

P.- Este trabajo se hace con los años. Yo sinceramente al principio esa vocación no la tenía,  la vocación son los años que te van llenando y descubriendo el mundo de atención y cuidado de los ancianos. Pocos serán los que lleguen por vocación desde el comienzo.

CJ.- Yo estaba en paro tras unos años trabajando en otra residencia. Me dedicaba a limpieza y cuidado de niños… y me sale esta oportunidad  Les coges cariño y ya te gusta.

P.- Al principio es duro hasta que te adaptas. No es fácil porque es que además ves el deterioro físico de la persona.

L.- Y mental que es casi lo peor.

C.J.- ¡Madre mía! pues anda que no me costó empezar a lavar a los hombres.

L.- Yo hice Integración Social porque me veía trabajando con personas maltratadas, drogodependientes… Yo del mundo de los mayores solo conocía el trato con mi abuela y cuando empiezo a trabajar en la residencia ya no busco otra cosa ni na. ¡Cómo con los abuelos con nadie!

 “La vocación son los años que te van llenando y descubriendo”

 -¿Os falta tiempo para estar con ellos?

L.- Pues es que cuando estudias lo haces supuestamente para estar con ellos pero entre limpiar, hacer camas… no tienes el tiempo que te gustaría. Poder hablar más.

P.- Se echa de menos el sentarte tranquilamente y que te cuenten cosas.

CJ.- Escuchar sus historias.

P.- Mientras estás aseándolas sí que charlas y les preguntas pero no es con el tiempo que te gustaría. Pero claro, que te gustaría; sí pero no se puede.

L.- Sacas ratos mientras los atiendes o cambias un pañal.

CJ.- Bueno también tienen sus terapias y grupos donde hay una atención mayor de ese tipo.

 -¿Qué aprendéis de ellos?

P.- La tranquilidad con que han llevado todos estos meses. Una serenidad que es admirable y esa serenidad la dan los años.

L.- La fuerza y el coraje. Ellos solo pensaban en sus familias más que en ellos mismos. Y es que han sido 24 horas encerrados cuatro meses… se han portado muy bien. Aunque las personas que no son dependientes lo han pasado peor sin sus entradas y salidas, sus paseos…

C.J.- Esto está siendo muy largo. 

“Han llevado todos estos meses con una serenidad admirable, es la serenidad que dan los años”

 


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