Paco García, una persona feliz con su trabajo en la residencia pese a las exigencias de la nueva situación

Paco arreglando el seto de la residencia de mayores poco antes de que la pandemia llegara con todas sus restricciones

“A la rutina de siempre se ha añadido la nueva rutina del Covid”

Laura Figueiredo (15 de sept. 2020).- Paco García Manjavacas me lo encontré recortando el seto exterior de la residencia Sagrado Corazón de Campo de Criptana y fue hace ya unos meses, cuando toda la pesadilla del virus empezaba sin que nadie fuéramos capaces de vislumbrar el alcance de lo que ya entonces era la pandemia Covid-19. Era el 12 de marzo, le propongo y le hago una entrevista con unas preguntas y respuestas alejadas de la realidad que dos días después todos vivíamos, el confinamiento de todo un país. Esa primera entrevista también quedó “confinada” y ahora la retomo con unas preguntas iniciales propias del momento en el que vivimos.

Paco García Manjavacas es el mantenedor de la residencia de personas mayores que llevan las Hermanitas de los Pobres Desamparados. Y lo es desde hace catorce años y como nos dice “soy feliz con mi trabajo”. Ahora a la rutina diaria de tantos años se le suma la desinfección del centro, el control, todavía si cabe más esmerado de las aguas y el cuidado personal que le obliga a estar continuamente con la lejía, el gel hidroalcohólico y el lavado de manos sin dejar en ningún momento la mascarilla.

Nos confiesa estar cansado de la situación porque esto se prolonga mucho en el tiempo y sobre todo porque es mucha la responsabilidad. Está en juego la vida de muchas personas y en su mayoría personas especialmente vulnerables, nuestros ancianos. Por ahora, junto a ese estrés está la satisfacción de contar en la residencia con cero contagios hasta el momento “pese a lo que de vez en cuando se dice por ahí”.

-Paco, ¿ha cambiado mucho tu trabajo estos últimos meses?

Claro que ha cambiado porque a la rutina de siempre se suma una nueva rutina con mayor responsabilidad todavía. Ahora hay que desinfectar todo el edificio semanalmente y eso lleva un trabajo de días y además está todo el tema de la higiene personal de tal manera que no entremos el bicho a la residencia. Al principio todo era una presión muy grande. Así estuvimos durante meses y ahora sigue igual pero parece que ya es parte del día a día.

“Al principio todo era una presión muy grande. Así estuvimos durante meses y ahora sigue igual pero parece que ya es parte del día a día”

-¿Ya te has acostumbrado a estar entre lejía, geles y productos desinfectantes o a esto uno nunca se llega a acostumbrar?

Pues creo que no me acostumbraré nunca, para mí no deja de ser una presión y una responsabilidad muy grande. Pero se hace, te adaptas y ya son seis meses.

-Esto se alarga mucho…

Esto es largo… Hablando de verdad, yo estoy harto; todo me viene grande porque he adelgazado. Es estar todo el rato repasando lo que haces y lo que tienes que hacer, es mucha responsabilidad y siempre estoy con “que no se me pase nada”. Estoy cansado pero aquí seguiremos con todo y más para que nadie enferme.

“Es estar todo el rato repasando lo que haces y lo que tienes que hacer, es mucha responsabilidad y siempre estoy con “que no se me pase nada”

-¿Has tenido ya tus vacaciones?

No, en octubre las cojo pero aún así me veo viniendo algunos días.

-Bueno al menos podrás coger más tiempo tu bicicleta y hacer kilómetros.

¡Anda! ¿Cómo sabes que soy aficionado al ciclismo? Sí, me encanta coger la bici y es que me despeja mucho.

-Una situación dura que si es larga para ti más aún lo será para las personas mayores que no pueden salir y una vez más no pueden recibir visitas con las últimas medidas especiales.

Los residentes están bien, de verdad. Peor lo llevan los residentes que estaban acostumbrados a entrar y salir. Ahora les ves que llegan a la reja y media vuelta, les encuentro abatidos.

-¿Te sentiste aplaudido en los meses de confinamiento?

No te puedo decir, no lo he pensado. Creo que cada uno hizo y seguimos haciendo nuestro trabajo.

 

Entrevista justo antes del confinamiento (12 de marzo 2020):

-Paco te veo podando el seto de la residencia por fuera y creía que eras el jardinero de la residencia pero tu trabajo por lo que me dices va más allá del jardín.

Sí, yo soy oficial de mantenimiento y me encargo de eso, de que las cosas funcionen. Desde una cerradura  o una ventana que no abre o un grifo… hasta todo lo que es el control de infecciones, plagas o epidemias que se pueden producir a través del agua con una vigilancia especial sobre la legionela.

“Yo soy oficial de mantenimiento y me encargo de eso, de que las cosas funcionen”

-Lo que más se ve de  tu trabajo es el jardín y está siempre muy cuidado.

Claro es que también soy jardinero. Por las mañanas lo primero que hago es el control del agua caliente, dureza, cloro... Me encargo de la desinfección, desratización y desectación. Esto está bajo mi responsabilidad y hay que analizar el agua todos los días y hacerlo con atención para evitar infecciones y epidemias. Luego doy una vuelta por el jardín que me lleva más o menos tiempo según la época y barro. Es todo parte de la rutina de la mañana.

-Dentro de la residencia ¿qué toca hacer?

Pues reparar todo lo que se rompe que no son pocas cosas en un sitio tan grande y con tanta gente. Una cisterna que echa agua, un grifo, alarmas que saltan, camas en las que falla el motor, luces y repaso de bombillas…

-Vamos que un mantenedor tiene que saber de todo.

Soy electricista, fontanero, albañil, cerrajero, jardinero… De todo sé lo básico, lo suficiente para poder arreglar lo que se va estropeando y rompiendo con el uso.

“Soy electricista, fontanero, albañil, cerrajero, jardinero… De todo sé lo básico y lo suficiente”

-¿Cuál es tu trato con las personas mayores de la residencia?

Poco, estoy poco con ellos porque si no estoy arreglando algo estoy en el almacén.

-Son catorce años y en tus idas y venidas por los pasillos ¿qué es lo que ves?

Pues veo armonía, orden, gente en general contenta con pocas excepciones. Estas son las que vienen a la residencia pero no quieren y dicen que les obligan sus hijos y protestan mucho sobre todo al principio. Veo grupos que bailan, cantan, juegan, hacen manualidades… Claro, te estoy hablando de las personas que tienen bien la cabeza porque quienes tienen algún problema la cosa ya es muy diferente.

“Veo armonía, orden, gente en general contenta con pocas excepciones”

-¿Y qué me dices del voluntariado que viene a diario y en especial los fines de semana a estar con las persona mayores?

En Campo de Criptana el voluntariado es supergeneroso. Está el grupo de mujeres que viene a coser y planchar. Me descubro ante ese voluntariado que viene sobre todo los festivos a lavar, vestir y atender a los ancianos. Trabajo no les falta, no hay tiempo para aburrirse. Para eso no todo el mundo vale, son un tesoro. Es gente comprometida. Los ancianos les esperan con muchas ganas. Mira, los miércoles viene la rondalla del Hogar de Mayores y siempre tocan lo mismo y da igual porque se lo pasan siempre bien.

“En Campo de Criptana el voluntariado es supergeneroso. Son un tesoro”

-¿Qué es lo que más te gusta de tu trabajo?

Yo la albañilería, soy oficial de albañil. Yo vine aquí a trabajar en una obra para reformar unas salas. Al terminar, la madre me propuso que me quedara, nos entendimos enseguida y hasta aquí feliz.

“Llevo catorce años trabajando en la residencia y hasta aquí feliz”

-Trabajo no te faltará en un edificio tan grande.

Siempre hay algo. Además, está el hecho de que no se cuidan las cosas. Con eso de que no es mi casa pues no se tiene cuidado.   

 -Me da que gruñes mucho.

Sí que gruño, es verdad y sobre todo a las trabajadoras aunque espero que no me lo tengan muy en cuenta.

 


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