Pablo Rubio-Quintanilla, charlas con la portada de Santa Ana

“Las puertas de Santa Ana me han permitido dar un golpe en la mesa y demostrar que se puede restaurar”

Laura Figueiredo (25 de julio de 2022).- Sabe las medidas exactas, 3,45x2,80 y el número de clavos, 196. Y sabe muchas más cosas que su trabajo escrupuloso y detallado le ha ido contando. Y es que este carpintero artesano ha pasado muchas horas restaurando las puertas de la ermita de San Ana en Campo de Criptana que se suman a su larga experiencia en el mundo de la restauración fuera de la localidad.

Es Pablo Rubio-Quintanilla Alarcos, restaurador y maestro ebanista que lleva muchos años trabajando en lo que más le gusta, la restauración, con taller en su pueblo, Campo de Criptana, donde siempre quiso vivir. Ahora han sido las puertas de la ermita de Santa Ana las que han llegado hasta sus manos con un resultado que ha merecido el aplauso de todo el pueblo.

Pablo empezaba su trabajo en febrero y desde entonces, y aún hoy, son muchas las cosas que las puertas le han ido contando. Unas puertas hechas casi como mural para lucir un trabajo de herrería cuidado y esperado. Cinchas, pasador, cierre, bisagras, argolla… y clavos, muchos clavos cuidadosamente forjados y colocados. Faltaban 80 y esa es la cantidad de clavos que el también carpintero-herrero ha ido haciendo uno a uno. Lo cierto es que es difícil distinguir los del siglo XVI de los de nuestro año.

Tanto la hermandad de Santa Ana como Pablo están contentos de un trabajo en el que unos han puesto la confianza y el esfuerzo económico y otro el saber y buen hacer de un carpintero restaurador. Se ha contado con el apoyo del Ayuntamiento criptanense que también apostó por el proyecto.

Para nuestro entrevistado, lo importante es que la Junta de la hermandad supo ver la importancia de restaurar unas puertas muy deterioradas y que formaban parte de un patrimonio histórico que había que cuidar. Será el día de Santa Ana, el 26 de julio, cuando por fin la ermita pueda volver a abrir la portada completa y lucir como lucía hace ya muchos años.

 

Clavos en la puerta restaurada de Santa Ana. Difícil distinguir los nuevos de los originales del s. XVI

Detalle de la puerta lateral de la ermita de Santa Ana pendiente de restauración

-La restauración de las puertas de Santa Ana te han abierto las puertas a todo el pueblo.

Las puertas de Santa Ana me han permitido dar un golpe en la mesa y demostrar que se puede restaurar, que la restauración es más que posible siempre que se ponga conocimiento, profesionalidad y se deje trabajar. Mercedes (Mercedes Ramos, presidenta de la Hdad. de Santa Ana) y la Junta lo vieron ya antes y confiaron en mí, me han dado libertad, tiempo y ellos contentos y yo encantado con ellos. Pero para hacer eso hay que tener muy claro que se puede restaurar, que se puede hacer un buen trabajo siempre y cuando haya confianza en el artesano. Estoy muy agradecido. Ha quedado como quería que quedara.

“Mercedes y la Junta de la hermandad confiaron en mí, me han dado libertad, tiempo y ellos contentos y yo encantado con ellos”

-¿Y eso no está tan claro?

Pues lo que falta es sensibilidad para saber que hay cosas que se tienen que conservar y restaurar y para eso hay que dejar trabajar a quien sabe y sabe lo que hace. En las ermitas hay piezas muy interesantes a las que no se les da el valor que realmente tienen. Habría que concienciar de ese valor no solo estético, sino también patrimonial y popular.

 -¿Qué es lo primero que te ha exigido este trabajo?

Hay un programa en la tele que se llama “Desmontando la historia” pues eso he hecho yo. Hemos llegado al principio del cómo se hicieron las portadas. Me he ido a 1575, pues las puertas serán más o menos de esa fecha; solo sabemos que cuando se hicieron las de la Veracruz, que sí están datadas, se estaban haciendo las de Santa Ana. Te vas a ese siglo, te documentas y dejas que la puerta te vaya contando según trabajas. Me llama la atención que estas puertas sean más ricas arquitectónicamente que las de la Veracruz. Santa Ana tiene más clavos por ejemplo y eso da más categoría.

-¿Qué más te ha contado la puerta? Imagino que tantas horas con ella habrá dado para muchas charlas.

Vaya que si hablo con ella. Cuando estoy en el taller labrando, cepillando o escopleando busco huellas y no he encontrado nada en lo que es la madera. Un simple trazo de un punzón y poco más; signos muy sencillos en este caso. Descubro que lo que se pretendía es contar con un lienzo donde poner y lucir los clavos. El arte estaba en los clavos.

“Descubro que lo que se pretendía es contar con un lienzo donde poner y lucir los clavos. El arte estaba en los clavos”

-¿Y qué te han contado los clavos?

Hay un trabajo de herrería muy interesante en esta puerta y no solo en los clavos. Ahí están las cinchas de arriba que son muy bonitas. Una tiene una culebra, detalles inapreciables a primera vista. El pasador de abajo es una preciosidad, está muy trabajado con un mango de violín labrado en frío. Pero la falleba no es la original porque en estas piezas es en donde el herrero más arte ponía y la que hay es demasiado simple y no me cuadra.

-¿Y todo esto te lo vas contando tú según vas trabajando?

Y más. Cuando empecé a desmontar veo que las puertas se debieron restaurar hace más de cien años porque entre tabla y tabla había pequeños listones para tapar las separaciones. Se usan clavos de cabeza de herrero hechos a mano, no son industriales como después se empezaron a fabricar. Y todo esto me lo voy contando yo según voy desmontando y restaurando. 

¿Qué es lo que más trabajo te ha llevado?

El trabajo es todo en su conjunto, aunque ahí están los clavos originales de la puerta que son una maravilla. Faltaban casi 80 de 196, así que busqué la forma de hacerlos igual y ahí he estado uno por uno tratando que apenas se note la diferencia.

-Te veo que sigues aquí, a pie de obra. ¿Qué estás haciendo ahora?

Ahora me ves aquí dando otra mano de barniz para proteger y repasando el cierre, el quicio, la sujeción de la puerta… Ven, mira la parte de atrás, se ha quitado pintura, arreglado travesaños y los cabíos, cabeceros, peinazos, postigo…

-Lo de restaurar es más que quitar pintura.

Muchos se creen que restaurar es quitar pintura y es mucho más. Es como decir que tocar el piano es tocar la tecla. Y además es un trabajo duro y hay que saber trabajar para que no sea desagradable, conocer técnicas.

-Y las puertas laterales de la ermita, ¿para cuándo?

Bueno, ahora estamos en la fase de ecuación económica. La hermandad necesita apoyo económico y en esa ingeniería anda Mercedes, su presidenta. Esas puertas son del mismo tiempo que estas, algo más pequeñas y con muchos clavos también.

-Pablo, da gusto verte satisfecho con el trabajo y trabajando en lo que más te gusta.

Pues sí, me quedé donde quería, en Criptana y haciendo lo que me gusta, restauración. Me dieron el título de Maestro restaurador y Maestro ebanista y estoy en la red de maestros artesanos.

-¿Parece que te descubrimos ahora?

Pues aquí en el pueblo sí, aunque también tengo mi clientela, son muchos años con el taller aquí.  Donde no paro de trabajar es en Uclés y ahí sigo. Terminé el trabajo de restauración en la ermita de las Angustias y ahora estoy en la parroquia con la ampliación de un retablo. También trabajo en Paredes de Melo y en Huelmes, pueblos de Cuenca con pocos habitantes y con mucho patrimonio, sobe todo románico.

-¿Quiénes fueron tus maestros?

Yo me crie enfrente de la carpintería de Hilarión y ya con 5 años estaba allí y su padre me llevaba por todo Criptana para afilar. Todo me lo explicaba. Y me gustó y me gustó leer, escuchar a los viejos maestros: Desiderio, Pedro Bustamante, Marceliano. He sido muy amigo de los viejos y me gustaba escuchar y me han aportado mucho y a ellos les gustaba contar. Hay que conocer bien el oficio, la carpintería y luego restaurar; en la restauración hay que entrar por la cocina, no por la puerta principal.

“He sido muy amigo de los viejos y me gustaba escuchar y me han aportado mucho y a ellos les gustaba contar”

- ¿Y dónde está la frescura y la creación? ¿Dónde está lo nuevo? ¿Hay espacio para ello?

Pues también lo tengo, hay una combinación de las dos cosas. Restauración y patrimonio y luego aportar uno contemporáneamente lo que pueda. Mira esta revista de decoración, fuimos portada con la casa de Pepe Leal y esas sillas tan modernas diseñadas y hechas por mí. Yo trabajo aquí los encargos y luego se los llevan. Y es que no quedan herreros y no quedan talleres de tracería, con cartabón y escuadra. Trabajo para él y otros decoradores y con el diseño. Pepe se trae trabajo aquí y presume mucho de Criptana.

“Hay una combinación de las dos cosas. Restauración y patrimonio y luego aportar uno contemporáneamente lo que pueda”

-¿Con qué madera te quedas?

Con la de aquí, el pino. Me preguntan por la madera de las puertas de Santa Ana y ya les digo yo –pues qué madera va a ser, pues de la serranía de Cuenca, de la que se traía aquí en carros-. Y es buenísima y cada zona tiene su madera.

-¿Un trabajo de restauración?

El más impresionante, una cajonera de casullas de curas de los de las cómodas de las sacristías. Me lo trajeron de Cevico Navero, de la Fundación San Pelayo, en Palencia. Una cajonera completa hecha polvo, en trozos y también una puerta de cuarterones chiquitines castellana desarmada en dos bolsas. Son retos.

“En la restauración hay que entrar por la cocina no por la puerta principal”

-Un tema bien diferente. Eres tío de Ana Iris Simón y apareces en el libro que le ha llevado al éxito, “Feria” ¿Cómo has vivido el éxito de Ana Iris?

Sí, soy tío político porque es mi mujer, Ana Rosa, la que es hermana de Javi, el padre de Ana Iris. Me alegro por ella, pero que nadie entendemos el porqué de ese éxito del libro, no lo entiende ni Ana Iris, pero ahí está. Van a hacer una serie, espero que no lo estropeen. He leído libros y luego he visto la película y es que han fastidiado el libro; no he visto ninguna película que supere el libro. Me viene a la cabeza unos cuantos, el Hobbit, por ejemplo, que lo leí imaginando tanto personaje y tanto elfo, y ves la película y piensas que no es el mismo libro que tú has leído e imaginado. En fin, ahora Ana Iris ha llegado a un punto muy difícil, ahora hay que mantenerse.


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