Mari Paz Amores Sepúlveda, la psicóloga del Centro de la Mujer nos habla de la pandemia y nuestra salud mental

 “La esperanza es más que nunca nuestra mejor compañera”

Laura Figueiredo (26 de enero de 2021).- Sabe de lo que habla. Desde el minuto uno de la pandemia Covid-19 estuvo al pie del cañón; primero atendiendo online y luego presencialmente con todas las precauciones habidas y por haber. En su agenda hay pocos huecos. Y es que en épocas de crisis hay que cuidar no solo el cuerpo sino también la mente para preservar nuestra salud física y mental.

Es Mari Paz Amores Sepúlveda, coordinadora y psicóloga del Centro  de la Mujer de Campo de Criptana. Nos habla de una realidad que está llena de miedos, pánico, depresiones, duelos y culpabilidades. Situaciones duras que no son fáciles de superar pero que exigen mirar el día a día con la mayor normalidad posible y sobre todo buscar la esperanza porque todo esto pasará.   

-¿Cómo estás Mari Paz?

Pues viendo cómo el número de mujeres que acude a nuestro servicio de apoyo psicológico aumenta por causa de la pandemia. Desde el Centro de la Mujer atiendo a todas las mujeres con algún problema psicológico siempre que no esté relacionado con patologías y desde hace casi un año a la lista habitual hay que añadir personas afectadas exclusivamente por la pandemia o usuarias que suman a su cuadro los efectos psicológicos de esta pandemia.

 -En casi un año habrás podido ver el proceso de cómo afecta la pandemia a nuestras mentes.

Lo que sí es verdad es que la pandemia ha hecho y está haciendo mucho daño en nuestras mentes y es que vamos para un año. En cuanto a las fases y por mi experiencia te puedo decir que esto va pasando por diferentes etapas. La primera es la negación. Muy al principio nos decíamos que esto era mentira, que era cosa de los americanos y los chinos, teorías conspiratorias o simplemente que no nos iba a afectar y que no era para tanto. Luego llega la segunda fase, aceptación de la realidad pero con el convencimiento de que esto iba para no mucho tiempo y que pasaría pronto. Y por último, cuando vemos que esto se alarga  y empieza a crear problemas de relaciones sociales, de trabajo, limitaciones… es  entonces cuando llega el ataque de pánico por miedo al contagio o en muchos casos el aburrimiento. Hay mucha gente que está muy aburrida. Un aburrimiento que se traduce en una relajación excesiva de nuestro comportamiento y llega lo que está llegando, las oleadas que se cargan de desesperanza o terminan en algunos casos en depresión.

“La pandemia ha hecho mucho daño en nuestras mentes y es que vamos para un año”

-¿Quiénes crees que están sufriendo más a nivel psicológico?

Si lo vemos desde el punto de vista de la desesperanza me encuentro con dos extremos en edad muy curioso. Por una parte está la gente joven que te dice “nos están quitando nuestra juventud” y luego está la gente mayor que dice “vosotros tenéis más tiempo para vivir y a mí esta pandemia me está quitando vida, los últimos años que me quedan de vida”. Dos planteamientos muy válidos en principio pero con una perspectiva opuesta. Uno se llena de desesperanza porque les quitan lo mejor, la juventud, mientras que a otros les resta directamente años de vida. Es muy curioso

-¿Cuáles son los perfiles de las mujeres que atiendes?

Usuarias nuevas y otras que ya venían con otros problemas y ahora se ven además afectadas por la pandemia. Hay gente de mediana edad, no llegan a los 50 años, con ataques de pánico al contagio y a contagiar a los mayores.

-¿Cuáles son los síntomas?

Entran en pánico y limitan su vida, se paralizan con una angustia continua. El objetivo es enseñar a normalizar la situación, esto es esencial aunque no es fácil y va necesitando sus tiempos. El miedo debe convertirse en respeto y precaución, es la manera de poder seguir adelante en una convivencia con la pandemia que no llegue a sumirnos en esa continua angustia.

“El objetivo es enseñar a normalizar la situación, esto es esencial aunque no es fácil y va necesitando sus tiempos”

 -¿Pero eso es posible? ¿Se puede normalizar esta pandemia?

Claro que es posible, es lo que estamos haciendo tú y yo ahora mismo. Cada una con su mascarilla, con la distancia y con una mampara de metacrilato por medio. Ni tú has dejado de hacer tu trabajo ni el Centro de la Mujer ha cerrado sus puertas. Eso sí, todo con las pautas debidas y sin descuidarnos. Al final esas pautas se normalizan y forman parte de tu día a día, de lo cotidiano.

-¿Cómo está respondiendo la gente?

Está respondiendo fenomenal. La gente en general se ha habituado relativamente rápido a los cambios. Ahí tienes el tema de las mascarillas, al principio todo era que cómo íbamos a llevar las mascarillas, que eso no había quien lo aguantara y mira… se necesitó un tiempo y ahora prácticamente nadie lo discute. Ya se hace rutinario.

-¿Qué es lo que más cuesta normalizar?

Lo que más cuesta es a nivel emocional, a nivel afectivo. Hay gente que lleva muy mal el no poder abrazar, besar, tocar… somos latinos y somos muy afectivos. Lo del codo es una búsqueda de alternativa como lo es el abrazar por detrás y a la altura de la cintura que es otra estratagema. Las abuelas llevan muy mal el no poder abrazar a los nietos y en general el no estar con los amigos, la familia… y todo esto va a costar siempre pero hay que hacer un esfuerzo por adaptarnos a lo que hay y hacer rutina como ya lo hemos hecho de la mascarilla o de las colas en la calle para entrar a una tienda.

-Pero es que lo de adaptarse a vivir casi en una burbuja y en soledad no sé hasta qué punto se puede normalizar.

Lo de las personas mayores es muy duro y crea dilemas en las familias. Por un lado los queremos proteger y los confinamos pero hay quien dice “prefiero morir de Covid que de soledad, de pena y de asco”. Entonces los mismos hijos levantan la mano sin dejar de usar medidas de prevención porque de alguna manera hay también que atender esa soledad que se hace más dura en plena pandemia.  

-¿Qué supone la vacuna?

Pues la vacuna supone mucho desde el aspecto también psicológico de las personas. La vacuna  es una esperanza, una luz al final del túnel lo que no significa que nos relajemos en nuestras

“La vacuna  es una esperanza, una luz al final del túnel”

-¿Quién está sufriendo más?

La gente mayor porque ven cómo les están quitando vida. Para la gente joven pues no deja de ser una faena a nivel laboral, los que buscan a ver dónde buscan, los estudiantes apañándose como pueden… pero al fin al cabo tienen una vida por delante y los mayores no.

-¿La soledad está más presente que nunca?

Claro, ya era un problema para muchas personas sobre todo mayores y ahora las confinamos para protegerlas pero por otro lado las estamos protegiendo a nivel físico pero a nivel emocional… pues estamos intensificando la soledad. De alguna manera hay también que atender esa soledad que se hace más dura en plena pandemia. 

-¿Cómo afecta a nivel cognitivo?

Mucho a todos. Está creando mucha irritabilidad en general y pérdida de memoria, atención, desorientación… Entre los jóvenes se acentúa la rebeldía que es como responden a la impotencia y surgen las fiestas y la ruptura de normas como desafío. Es verdad que hay una fatiga psicológica pero habrá que afrontarla y poner todo de nuestra parte.

-Otro episodio y más duro y complicado es el duelo.

Sí, ese es otro episodio y otra parte de mi trabajo, el acompañamiento por pérdida de un familiar por Covid. No tiene que ver para nada este duelo con cualquier otro porque no se elaboran igual por las condiciones en que se ha vivido esa pérdida. Lo que más duele es que tu ser querido ha muerto solo y no le has podido acompañar y eso además de un dolor es una culpabilidad. La angustia es tremenda ante el hecho de que se hayan sentido abandonados a la hora de la muerte y es que es muy duro. Tú le dejas en la puerta de urgencias, no le ves más y recoges una caja. Y llega la segunda parte, nadie te puede acompañar en ese dolor porque solo pueden ir 3, 6, 10… personas según la fase. Somos gente muy cumplida, vivimos en el mundo rural. El duelo es muy diferente, aquí la gente te llama y te llama para darte el pésame y nunca terminas de los cumplimientos y eso también tiene su agotamiento mental. Y sales a la calle y sigues recibiendo pésames y otra vez se remueve y es un retroceso. Son muchas cosas, la rapidez con que la gente fallece, la impotencia y la angustia de que algunos no han llegado ni siquiera a la UCI y se quedan con “si le hubieran metido…” y el continuo “no hay derecho”.

"Lo que más duele es que tu ser querido ha muerto solo y no le has podido acompañar y eso además de un dolor es una culpabilidad"

-¿Se buscan culpables?

Una de las cosas que he visto en esta pandemia es la culpabilidad. El echarnos las culpas los unos a los otros, quién ha infectado a quién, dónde, cómo o lo que es horrible -he sido yo quien me he cargado a mi madre o mi abuelo-. Desmontar eso cuesta mucho trabajo. Aquí hay que partir de una realidad, esto es una pandemia y el único culpable es el virus. Hay autoculpabilidades y acusaciones entre la gente que crean enfrentamientos. La pandemia busca un culpable en plena enfermedad y duelo. Culpas al médico, a la UCI que no hay, al compañero de trabajo, al hermano… Todo esto complica aún más la situación en pleno duelo hasta tal punto que se puede convertir en un duelo patológico. Los duelos pasan unas fases y el patológico es cuando ni va para delante ni para detrás y la gente siente la pérdida como si fuera ayer y se queda crónico. Otra consecuencia que estoy viendo es tratar a la gente como auténtica infectada de por vida y esto es por una falta de información adecuada o por exceso de información inadecuada. Una señora me contó que unos amigos ya no se juntan porque estuvieron infectados y se han roto relaciones por el tema de la infección. Se creen que van a estar infectados toda su vida.

“La pandemia busca un culpable en plena enfermedad y duelo”

-Habíamos puesto muchas esperanzas en el 2021 y mira como ha empezado. Creo que no está ayudando mucho.

Es fundamental tener esperanza, necesitamos esperanza porque de lo contrario vienen las depresiones, la angustia vital… hay que tener siempre esperanza, optimismo, todo tiene su fin. La salud mental depende de la esperanza y si caemos en la desesperanza no hacemos nada. Es el peor enemigo.

-Pero la esperanza no se inventa.

Ya hay vacuna, vamos a agarrarnos a eso, ya vamos poco a poco. La esperanza hay que buscarla, ver señales positivas.

-¿Cuáles son tus consejos como psicóloga?

Hay un exceso de información y hay mucho alarmismo desde medios de comunicación y deberían cortarse un poco. Hay que aislarse también de tanta información porque todo lo que necesitamos saber ya lo sabemos. También hay que mirar la información con la actitud de quedarnos con lo que nos beneficia. No se puede estar hablando de una cuarta ola cuando estamos en lo más duro de la tercera o decir que esto va para años. No digo que se mienta ni que se oculte la realidad pero no se puede estar creando una continua alarma.

Consejos para cuidar nuestra salud mental en plena pandemia:

-Seguir un horario de manera habitual para realizar cada una de las actividades diarias. Crear una rutina para dichas actividades.

-No estar sobreinformados. No estar viendo constantemente noticias del virus o de los afectados. Si estamos en un grupo de whatsapp que habla constantemente del tema o en una red social que no deja de informar, alertar y desinformar con los bulos correspondientes, evitarlos o salirnos de ahí.

-Evitar ser monotemáticos. Hablar de más temas que no sea del coronavirus.

-No hacer predicciones sobre lo que puede o no ocurrir. Hay que vivir el día a día y no identificarnos con las desgracias ajenas.

-Tomar lo que estamos viviendo como algo temporal que pasará.

-Utilizar el sentido del humor ya que este salva vidas.

-Mantener el contacto con familiares y amigos/as. Las videollamadas nos ayudan a ver a los seres queridos.

-Darnos mensajes positivos: “Esto es temporal”, “va a pasar”, “ya queda menos”, “lo vamos a conseguir”, “si lo hacemos bien antes llegaremos al final”…

-Permitirnos momentos de flaqueza, para luego retomar con fuerza el ánimo y la esperanza.

-Cuando llegue la noche pensar: “un día más” o “un día menos”.

 

 


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