Manuel Briega Román, agradecido a la música y a la vida

“Yo sabía que yo tenía que estar en la música”

Laura Figueiredo (22 de septiembre de 2021).- Siempre pegado a su violín y con él a la vida que le da la música. Con ella pierde el sentido del tiempo y es ella la que da sentido a lo que hace día a día. Disfruta de muchas de las caras de la música y va más allá de la interpretación o la enseñanza con el fin siempre de aprender más. Ello le ha exigido y le exige mucho trabajo, esfuerzo, disciplina y tiempo pero puede decir que merece la pena porque vive agradecido a la música y a la vida.

Es Manuel Briega Román violinista criptanense que supo apostar por la música pese a que la decisión nunca es fácil. Contó con el apoyo de sus padres y estudió grado superior de Violín en el Conservatorio de Madrid obteniendo Premio de Honor Fin de Carrera. Pronto empezó a dar clases en el Conservatorio de Puertollano para pasar luego a Ciudad Real donde continúa su labor docente.

Manuel Briega es miembro fundador de la Orquesta de Cámara Orfeo (1995) y miembro, junto con el guitarrista Adrián Fernández, del Dúo Belcorde (2011). Compone, dirige, interpreta… y siempre con su violín entre las manos. Ha recorrido medio mundo y se siente embajador de la mejor música española y de esta Mancha de Cervantes y Don Quijote. En unas semanas estará con el Dúo Belcorde en Miami con motivo del Mes de la Hispanidad y llevará el concierto titulado “El embrujo de la música española”.

Para Manuel la música no es solo un medio de vida es mucho más, es una forma de vida en la que junto a la parte profesional hay mucho de personal, de sentimientos, amistad… “Es un antídoto ante la tristeza” afirma este violinista criptanense  que tiene claro que “ahora más que nunca necesitamos ilusión y esperanza y eso lo da la música”.

Nuestro violinista ejerce de criptanense orgulloso  porque “aquí están mis raíces” a pesar de que visita el pueblo menos de lo que le gustaría. Para él, las mejores vacaciones están en el pueblo con la familia y los amigos en unos días en los que se pierde el sentido del tiempo y todo transcurre sin prisas. Es en uno de esos días estivales cuando paso con él un buen rato de charla.

-¿Cómo estás?

Bien, las mejores vacaciones son venir al pueblo. Vivo en Ciudad Real y muchos fines de semana tengo concierto y actuación así que no vengo todo lo que me gustaría. El hecho de venir a Campo de Criptana en verano significa unas vacaciones en el sentido más amplio; estar con la familia, amigos, sin horario… el tiempo se detiene y no estás pendiente de las obligaciones salvo algunos conciertos que ya tengo comprometidos para estas fechas.

-¿Campo de Criptana sigue estando muy presente en tu vida?

Es mi pueblo, nunca he desconectado ni de familia ni de amigos, son mis raíces. La conexión es mental y sentimental. Aquí estuve hasta que terminé el instituto, aquí empecé a estudiar música en el conservatorio municipal donde cursé el elemental y el principio del medio. Luego pasé a Ciudad Real para terminar los grados medio y superior en Madrid.

“Es mi pueblo, nunca he desconectado ni de familia ni de amigos, son mis raíces”

-Imagino que tu dedicación a la música no sorprende viniendo de una familia muy ligada a ella.

Sí, por mi padre. Él, Manuel Briega, junto a Falín (Rafael Calonge) fundaron la coral Santa Cecilia hace más de 50 años. Mis hermanas cantaron en la coral y Pili todavía sigue formando parte de ella y por ahí viene un poco mi afición. Siempre me ha gustado aunque de niño tiraba más por la música no clásica. Maribel Beltrán me orientó a mí y a mi padre hacia el estudio de música, me veía aptitudes. Insistió en que me apuntara a violín aunque a mí entonces lo que me gustaba era la batería. Todos estos pasos iban acompañados  de  amigos y había también varios señores mayores, tres violinistas: José María Beltrán, Julián Ortiz y Pepe Atance. Ellos tres nos animaban a tocar en las novenas de la Virgen, luego en algunas zarzuelas… a tocar fuera del conservatorio y para nosotros eso era muy grande. En el teatro Cervantes veía a los músicos que venían contratados de Madrid para las zarzuelas y los idealizaba y en mi mente era -¡ojalá algún día sea como ellos!, un profesional-.

“A mí lo que me gustaba entonces era la batería pero pronto empecé a enamorarme del violín”

-Pero llega un momento en que ya el pueblo se queda pequeño para esa formación profesional.

Me fui a Ciudad Real donde seguí con mis estudios de música y me matriculé en Empresariales, en la universidad dos años.

-Hay que decidir ¿Un momento complicado? ¿Qué ocurre?

Pues sí, es un momento complicado. Yo ya había hecho las pruebas en el conservatorio de Madrid para terminar el grado medio y entré. Se lo planteo a mis padres y es verdad que ellos lo comprendieron perfectamente. Y es que para mí el dejar algo a medias (los estudios de Empresariales) significaba un fracaso y decepción pero al final no fue así, lo viví como un cambio muy positivo; pasé de centrarme en dos cosas de forma muy regular (conservatorio y universidad) a hacer una bien. Ya me fui a Madrid y mi vida se centró en eso, en la música. Suponía mucho esfuerzo, sacrificio… la música no es fácil. Yo sabía que tenía que estar allí, con mis estudios de música y me fue muy bien la verdad. Yo sabía que yo tenía que estar en la música.

-¿Tardaste en enamorarte del violín?

No, no tardé y a pesar de ser un instrumento durísimo y bellísimo. Al principio es muy desagradecido para aprenderlo. Ahora me veo reflejado en mi hijo de 9 años cuando coge el violín. Necesitas tiempo para lograr un sonido aceptable y esto pasa con los instrumentos de cuerda en general.

-Te metes de lleno, eres instrumentista, director, profesor, compositor, empresario… ¿Cómo se llega a todo esto?

Termino el superior con Premio de Honor Fin de Carrera en la especialidad de Música de Cámara. A partir de ahí, aquellos estudiantes que finalizamos nuestros estudios formamos la Orquesta de Cámara Orfeo (1995) que coincide con el final de mis estudios superiores y a la vez empecé a trabajar como profesor en Puertollano. Fue después cuando apruebo la oposición y ya me quedo en Conservatorio de Ciudad Real.  Y sí, a todo esto se llaga con esfuerzo, trabajo, tiempo…

-Además de ser un profesional y estar bien formado creo que para dar tantos pasos y apostar por tantas cosa exige algo más ¿arriesgar, ser valiente?

Sí, es cierto. Arriesgar claro que arriesgas, hay que darlo todo, creer en uno mismo, en el valor de la música y respetar a los demás siempre. En el mundo de la música hay muchas rivalidades y es importante avanzar sin pisar a los demás, ir por tu camino creyendo en ti; si te caes te tienes que levantar, la vida no es de color rosa y esta apuesta tiene sus riesgos con sus etapas  mejores y peores. Y es que estás arriesgando tu vida, tu presente y futuro en algo que puede salir bien o no tan bien. Y puedo asegurarte que he hecho muy buenos amigos porque siempre he buscado unión, colaboración y aprender.

“Sí, hay que arriesgar, creer en uno mismo, creer en el valor de la música y muy importante, el respeto a uno mismo y a los demás”

-¿Por qué apuestas por ir más allá de la interpretación y la enseñanza?

Porque quiero disfrutar de la música desde primas diferentes. No me quedo solo viendo la música desde la interpretación. Hay muchos lados, ahí está la dirección, composición, colaboración… Es un privilegio haber hecho tantas cosas con la Orquesta Orfeo y con el Dúo Belcorde.

-Con Belcorde te has recorrido medio mundo.

Sí, con el dúo hemos despegado más internacionalmente entre otras cosas porque siempre es más fácil moverse. Hacer música, música española, conciertos de primer nivel en más de 20 países hoy en día es difícil y más si hablamos de grupos privados. Dentro de unas semanas tenemos una actuación en Miami, en el “Miami Dade County Auditorium” interpretando nuestro último disco “El Embrujo de la Música Española” que grabamos en directo en la Embajada de España en Washington.

-Repasando vuestro repertorio veo músicas muy diferentes ¿Tan versátil es el violín?

Jazz, celta, (banda de música celta Mosquera Celtic Band), bandas sonoras, pop-rock, clásica, música española… Con Belcorde hemos intentado ser lo más versátiles posible por disfrutar nosotros y por ofrecer un amplio repertorio con calidad. Prueba de ello es la trayectoria.  .

-¿Qué tiene la música española?

Representa el carácter español, tiene duende, hay alegría, y muchos sentimientos mezclados. El extranjero ve al español en su propia música yendo mucho más allá del estereotipo del olé-olé- toros-flamenco. Gusta mucho y sobre todo de los compositores de finales del XIX y principios del XX: Albéniz, Granados, Falla, Sarasate, Turina, Lorca… Una generación que dio voz propia a la música española al introducir elementos folklóricos y se exportó al mundo entero.

-¿Os consideráis embajadores?

Pues bien podría ser. Nosotros hemos exportado nuestra música española y hemos llevado como bandera nuestra tierra Castilla-La Mancha con su emblema principal, Cervantes y El Quijote. En cada país nos hemos hecho con un Quijote en su idioma. La cultura española suscita mucho interés siempre.

-¿Con el violín se hacen amigos?

Pues es algo que une más que divide. Hace nuevas amistades y conserva las de siempre. Cuando estudiaba en el pueblo éramos pocos niños y siempre hemos estado juntos. Mira, con Miguel Corrales, profesor desde hace años en el conservatorio de Criptana, hemos estado juntos en muchas iniciativas, colaboró en la fundación de la Orquesta de Cámara Orfeo. Es lo bonito de la música. Nos hemos hecho mayores, han pasado 25 años y parece antes de ayer. El poder de la música va más allá de interpretación, es una terapia y manera de vivir, trasciende del hecho musical. Genera una serie de valores como respeto, superación, sacrificio… unos valores que se conservan junto a la ilusión y el optimismo.  Y eso es precioso, el juntarnos uno al lado del otro y el seguir tocando como hace años. Con la música se pierde el sentido del tiempo, parece que no pasa.

“Con la música se pierde el sentido del tiempo, parece que no pasa”

-¿Qué música le ponemos a este tiempo de pandemia sanitaria que vivimos?

Una música optimista en el sentido de la esperanza. No nos queda otra que superarnos, por nuestros hijos, nuestros mayores, por los que están y ya no están. Digamos que todos vayamos a una. Interpretaría una música fresca, música barroca que es alegre. Vivaldi estaría muy bien; los conciertos de Vivaldi y escribió más de 300 solo para violín. Todos tienen algo que te engancha. En general la música es un antídoto a la tristeza.

“A estos tiempos le pongo una música optimista en el sentido de la esperanza”

-Imagino que más que satisfecho con el resultado de esa apuesta arriesgada de hace ya unos cuantos años.

Vivo agradecido a la vida y es que no puedo decir otra cosa. Vivo de algo que ha sido mi vocación, ilusión y es mi profesión. Con mi violín y con el Dúo Belcorde me voy a tocar, conocer y disfrutar.

“Vivo agradecido a la vida y es que no puedo decir otra cosa”

-¿Hasta qué punto Criptana es música?

Es música por contar con un conservatorio con tantísimos años e historia. Esto significa que hay cantera; la banda y tantísimas iniciativas culturales de todo tipo dan presencia y continuidad. Criptana es música y se reconoce en toda España; Campo de Criptana siempre tiene esa relación con la música.

-¿Eres de los de -auditorio ya-?

Claro necesitamos un auditorio ajustado a las necesidades. Ello te asegura una programación, una continuidad, ciclos musicales de diferentes formatos…

-¿Cómo ves Criptana con independencia de la música?

Yo como visitante me quedo con lo mejor: con la familia, los amigos… En el tema de las oportunidades siempre hay menos de cara sobre todo a los jóvenes; lo normal es que hagan los estudios o formación y salgan fuera y muchos ya hagan su vida en otros sitios. Lo veo aceptablemente bien y con unos molinos que hay que cuidar porque son nuestro tesoro y el propio pueblo en sí.


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