Los ancianos, entre la alegría del reencuentro y el cansancio

Residencia Sagrado Corazón, pasos lentos hacia la mayor normalidad posible

Laura Figueiredo (15 de marzo de 2021).- Se flexibilizaron las imposiciones normativas y la luz empezó a entrar en las residencias de mayores a través de unas puertas que durante meses han permanecido cerradas para protegerles de la Covid. Esa apertura en la Residencia del Sagrado Corazón de Campo de Criptana ha sido en una sola dirección, entrada de un familiar por residente dos veces a la semana y siempre previa cita. Mientras, las salidas, si bien no están prohibidas, exigen toda una serie de requisitos que nadie parece estar dispuesto a cumplir por ahora en este centro de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados.

La Madre superiora, Clara Morales, nos explicaba que los familiares están pasando a visitar a sus mayores desde el pasado viernes, 5 de marzo. Unos encuentros que llegan tras meses en los que la única manera de verse eran las terrazas del gran edificio o las pantallas de los teléfonos y tablets. Para las hermanas estas visitas “han llenado de felicidad a los ancianos y se respira un ambiente de más alegría”.

Madre Clara: “Las visitas han llenado de felicidad a los ancianos y se respira un ambiente de más alegría”

La madre Clara Morales, explica que toda precaución es poca por lo que las entradas siguen estando muy controladas, hay miedo. “Mucha alegría, dice la hermana, pero la preocupación está y toda prudencia es poca”. Ahora las personas mayores por fin pueden ir al podólogo previa solicitud de permiso pero los paseos matutinos o a primera hora de la tarde por los alrededores de la residencia tendrán que esperar.  Las puertas solo se abren en horario de visitas. Además, hace unos días se informaba a los familiares de la posibilidad de salida durante un mínimo de 48 horas con toda una serie de requisitos con los que se pretende evitar que una persona contagiada pueda introducir el virus en la residencia.

Hay que recordar que desde que hace un año se declarara el primer estado de alarma no ha habido ni un solo caso de residente contagiado por el Covid en el centro criptanense. Una proeza que la residencia lleva a toda gala y más cuando ha sido en estos centros donde más personas mayores han fallecido.

 Mientras, los residentes parece que llevan la situación con resignación y pocos son los que se deciden a salir al jardín a pasear. Ahí no suele faltar Petra, que con su bolso en mano disfruta de las soleadas mañanas aunque las nubes tampoco la desaniman para su salida diaria. Despacio, sin prisa da un paso tras otro hasta dar la vuelta y empezar de nuevo. Me dice que está muy contenta porque ya está vacunada y porque hace unos días vinieron a verla sus familiares. Hacía mucho que no les veía, está muy cansada ya de pandemia pero no lo lleva mal porque como bien dice -¿qué voy a hacer?-.Petra es de las pocas personas que salen al jardín ya que otras personas válidas prefieren estirar las piernas con idas y vueltas por las amplias galerías y terrazas de la residencia.

Hay que recordar que prácticamente todos los residentes y personal de la residencia Sagrado Corazón están vacunados. Solo hay un pequeñísimo número de personas que optaron por no inmunizarse  aunque ahora algunos de ellos han solicitado la vacunación al ver la falta de reacción entre sus compañeros.

Las visitas se hacen con cita previa y de lunes a sábado por las mañanas en horarios de 10 a 11 y de 11 a 12. Por las tardes de 17.30 a 18.30. Los domingos es de 11 a 12 y de 17.30 a 18.30. En cada visita, dos a la semana por residente, puede pasar solo un familiar y se realiza en el vestíbulo de la entrada y siempre con mampara, mascarilla y distancia. El teléfono para pedir cita es 621 25 94 76 por las mañanas de lunes a viernes de 9 a 10.

Un sabor agridulce

Hablo con uno de los familiares que han podido por fin acercarse a ver a su padre en la residencia. Me cuenta que la visita le dejó un sabor agridulce. Dulce porque ha podido ver a su padre después de muchos meses, un momento que esperaban con ganas y entusiasmo. La parte mala fue el ver “el bajón que ha dado en este tiempo”. “Me vine… ¡qué pena! Esto duele”. Me explica que es verdad que todos están muy bien atendidos “pero falta lo que falta”. Antes de la pandemia las visitas entre hija y padre eran diarias y eso venía bien a los dos. “Ahora solo cabe esperar que las cosas cambiarán y tendremos más seguridad para volver a una vida lo más normal posible”.

Familiar de residente: “Todos estás muy bien atendidos pero al final falta lo que falta”

Don Vicente y la pastoral de esperanza

Don Vicente Manzaneque es el capellán de la residencia y uno de los residentes. A sus 93 años se encuentra con fuerzas para seguir desarrollando su labor pastoral entre sus compañeros en el Sagrado Corazón. Se encuentra bien pero no esconde su cansancio por tanto encerramiento. “Los ancianos, me dice, necesitamos el contacto con los familiares, amigos… y los que podemos salir pues estamos deseando tener esa pequeña libertad para ir y venir más allá de la reja”.

Don Vicente me explica cómo la apertura reciente aún siendo poca “es suficiente para que las personas mayores estemos más atendidos en el aspecto afectivo”. Y es que nuestro capellán ve claramente como esta pandemia está afectando al estado psíquico y anímico de los ancianos. Es ahí donde el sacerdote ve su labor. “Todos los días, dice, me planteo sonreír y animar, charlar un rato y aportar un ambiente de paz y serenidad que hace mucho bien”. Tiene claro que dadas las circunstancias esto es parte de su asistencia religiosa. “Mi misión, añade, es animar, dar esperanza e ilusión por vivir y eso es lo que estoy intentando hacer con la ayuda y de la mano de Dios”.

Don Vicente: “Mi misión es animar, dar esperanza e ilusión por vivir”

El capellán de la residencia observa cómo a unos la fe les anima y les da fuerzas mientras que otros la tienen olvidada. En sus charlas con sus compañeros aprende que al final todas las personas tenemos un sentido religioso que sale principalmente en momentos malos como estos. “Me dicen que tiene que haber algo y ahí está mi tarea porque ese algo es Alguien”.

La madre Clara Morales espera poder seguir dando pasos poco a poco y siempre bajo la normativa sanitaria y la máxima prudencia. Don Vicente sueña con unas puertas abiertas mientras sigue adelante con su pastoral de esperanza y ánimo.  Los familiares aguardan el momento de poder recuperar el tiempo perdido. Y nuestros mayores conservan la alegría de una vacuna que ya les llegó, suman la felicidad de cada encuentro con la familia y están cansados de una pandemia que les ha robado un año de vida. Por lo pronto,  toca disfrutar de esos reencuentros llenos de sentimientos y muchas emociones. 


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