Jesús Violero y Josefina Casero, siempre delante del volante

Jesús y Josefina, taxistas con muchos kilómetros en las espaldas

“En el taxi mucha gente ha llorado y mucha gente ha reído”

Laura Figueiredo.- Se lanzaron a la aventura y acertaron. Primero él y luego y casi sin quererlo ella. A él le gustaba conducir y a ella darle uso al taxi que había quedado sin conductor. El caso es que los comienzos fueron duros pero poco a poco la cosa marchó y marchó muy bien. El trabajo no faltaba sobre todo si se trataba de llevar y traer a personas enfermas a los hospitales de Madrid o Ciudad Real por la Seguridad Social. A ello se añadieron los servicios particulares y los de mutuas y asistencia en carretera además de la obtención de una tercera licencia.

Son Jesús Enrique Violero Moratalla y Josefina Casero de la Torre, taxistas en Campo de Criptana. Ella la primera mujer taxista en Campo de Criptana y en la zona. Algo que ahora apenas llama la atención pero que en los 90 era toda una novedad. ¿Mujer, conductora y además taxista? una mezcla que le dio más de un disgusto a Josefina pero que supo afrontar y seguir adelante con el apoyo siempre de su marido.

Ellos nos hablan de sus recorridos, clientes, famosos, conversaciones, anécdota con delincuentes peligrosos por medio y en general de lo aprendido en muchos años conduciendo y tratando con una clientela donde la normal siempre ha sido lo habitual salvo excepciones. 

 

-¿Por qué decidís dedicaros al taxi? Me decís que era una cosa totalmente nueva para vosotros.

Jesús.- Nosotros trabajábamos en un supermercado juntos y no había mucha venta así que nos lanzamos a la aventura a ver qué pasaba. Me gustaba conducir y dije -voy a ser taxista aquí en el pueblo-; aproveché que había una licencia libre y  la cogí para probar y ver cómo nos podía ir. Al final llevo 32 años trabajando en el taxi.

-¿Y cómo fue la actividad?

Jesús.-Pues al principio cuesta pero luego ya... va todo sobre ruedas. Ten en cuenta que aquí no nos conocía nadie y esto va del boca a boca no es como en Madrid que sales a la calle. Aquí es que te conozcan pero enseguida salió lo de la Seguridad Social y eso ya nos abrió camino y enganché el hilo. No había entonces hospital en Alcázar y había que ir a Ciudad Real o a Madrid a los hospitales. Se trabajaba mucho.

Josefina.- Se trabajaba tanto que compramos una segunda licencia y luego ya salieron las mutuas.

-Josefina ¿cuándo te subiste tú al taxi?

Josefina.- Con la segunda licencia Jesús contrató un chófer y así estuvieron varios años hasta que se acabó lo de  la Seguridad Social. Un coche queda parado así que lo cojo yo para mi uso particular. Un día me dice la Guardia Civil que solo lo podía usar como taxi. La verdad es que nos extrañó mucho y consultamos a Toledo pero entremedias del trámite pensé  que me podía sacar el carné de taxista y así al menos podría seguir usando mi coche pero yo no pensaba en trabajar de taxista. Así que me apunté a la autoescuela y fui la única mujer que iba a clases de mecánica con los camioneros y en el examen también fui la única. Se sorprendían.  Esto era cosa solo de hombres aunque me apoyaron y animaron mucho.

“Esto era cosa solo de hombres aunque en las clases me apoyaron y animaron mucho”

-Y ya que tenías el carné pensaste en trabajar como taxista.

Josefina.- Claro, una cosa llevó a la otra y dije –pues voy a ser taxista de  verdad-. Recuerdo que en una ocasión me acerqué a un grupo de taxistas en Tomelloso mientras esperábamos para trasladar a personas de una mutua y me dijeron –la mujer mejor en la cocina-.

-Y como esas habrá habido más.

Josefina.- Más de una y de dos.  Recuerdo que mi primer trabajo fue ir a recoger a un matrimonio a Alcázar y cuando me ve él me dice que no quiere subir pero la mujer era más cabezorra y dijo que ella sí se subía así que al final traje a los dos. Cuando les dejé en su casa, el hombre se nota que había recapacitado y me dijo –pues sabes que ya te voy a llamar siempre a ti-. Pero de todas maneras llegué a mi casa llorando, esas cosas me afectaban mucho. Le dije a Jesús –mira yo dejo el taxi porque si el primer hombre que atiendo no quiere subirse al taxi…-. Y pensé que además tampoco iban a llamar a mi marido por mi culpa así que muy desanimada. Pero Jesús me dijo que si yo quería trabajar en el taxi adelante y el que no quiera pues que no me llame o que no suba.

“En mi primer servicio él se negó en principio a subir. Llegué a mi casa llorando”

-¿Y tras esa experiencia cómo fue la cosa?

Jesús.- Ya nadie se extraña y las cosas fueron mucho mejor.  

Josefina.- Otra vez me acuerdo que me llaman para llevar a un señor a Madrid y nada más verme me pregunta –¿pues quién nos va a llevar?-. Y se sorprendió mucho pero no se opuso. La gente se siguió extrañando mucho tiempo pero ahora ya no. Es más, hay mujeres que prefieren que les lleve yo, se sienten con más confianza.

-Y tú Jesús, ¿cómo has visto esto de que tu mujer se lanzara al taxi?

Jesús.- Fue idea suya, ella quería así que adelante.

-Sois una familia de taxistas.

Jesús.- Nuestras dos hijas también tienen el carné y una ejerció durante un tiempo con una tercera licencia que saqué.

-¿Qué otros traslados hacéis?

Jesús.- Pues desde hace unos años trabajamos con la delegación de Educación para llevar a niños a colegios en Arenales y aquí al Instituto. Son familias que viven en fincas en el campo. Trabajamos con servicios programados y también con el Centro Ocupacional de Criptana.

Josefina.- También hemos hecho rutas para turistas que les llevamos por los pueblos de la ruta del Quijote y mayoritariamente con japoneses.

-¿Y hasta donde habéis llegado con el taxi?

Josefina.- Yo viajes largos he hecho menos porque es verdad que lo gordo me lo quita Jesús pero he hecho servicios hasta Lisboa y Oporto. Estos han sido los viajes más largos y han sido para recoger a gente que averían y el seguro les pone un taxi. Estos no son viajes programados sino que te llaman en el momento.

Jesús.- Y yo me he recorrido toda España prácticamente con las asistencias en carretera.

-¿Cómo es la gente en general?

Jesús.- Hay todo tipo de gente, hay mucho de todo.

Josefina.- Pues lo normal es que sea correcta. Hay viajes muy silenciosos que no quieren hablar ni siquiera entre ellos y otros que no paran.

“Hay todo tipo de gente, hay mucho de todo”

-¿Y los famosos que habéis llevado son de hablar?

Jesús.- Pues hemos llevado a unos cuantos y hablan poco. Están cansados de tanto hablar.

Josefina.- A mí me cayó muy bien Pepe Sacristán lo traje con su mujer y los dos muy simpáticos.

Jesús.- Yo me acuerdo de Álvaro Urquijo, el de los Secretos.

"Yo me acuerdo de Álvaro Urquijo y su famosa percha"

Josefina.- Sí que se dejó una percha de traje y venga con su percha. No podía vivir sin ella. Así que la siguiente ocasión que tuvimos le llevamos su percha hasta Madrid aunque es verdad que nos dijo no fuéramos a posta pero que si podíamos hacerle el favor… Se notaba que la percha era mucha percha. Me acuerdo de Luis del Olmo, hablaba más su mujer y los dos muy simpáticos. Isabel Gemio  me encantó. ¿Quién más? (mira la lista donde tiene a todos apuntados) García Asensio, Echanove, Ángela Carrasco, Isabel San Sebastián que es muy simpática y más guapa que en la tele, me pareció muy agradable. Nieves Herreros, Carmen Posadas, Marta Robles… Casi todos eran porque venían a los de los Amigos Hidalgos de los Molinos o al concierto de Luis Cobos en la Sierra.

-¿De qué se habla?

Jesús.- La gente te cuenta su vida muchas veces.

Josefina.- Se habla de todo, enfermedades, familia… De muchas cosas, mucha gente ha llorado en el taxi. También hay gente muy divertida y te ríes mucho.

Jesús.- Y tú tratas de quitarle hierro a los problemas. Hay viajes que se te hacen muy largos y otros casi no te enteras.

-¿Qué se aprende del trato con famosos y no tan famosos?

Jesús.-Pues muchas cosas, mucha psicología y te equivocas pocas veces.

Josefina.- Entre viaje y viaje y entre llevar a unos y otros hay muchas coincidencias y lo primero es ser discreto.

“En este trabajo lo primero es ser discreto”

Jesús.- Y sin querer metes la pata de la manera más tonta. Hay muchas cosas que no se pueden contar.

-Seguro que habrá más de una anécdota.

Josefina.- Lo de la Guardia Civil.

Jesús.- Sí, a los que recogí en la estación.

Josefina.- Le llaman para recoger a unos chicos jóvenes en la estación de aquí para llevarles a Alcázar. Entonces no había móviles. Al rato grande me llama la Guardia Civil preguntando si mi marido había recogido a unos jóvenes en Criptana y me dice que eran unos delincuentes y que iban detrás de ellos.

Jesús.- Yo ya le había llamado para decirle que al final me pedían que les llevara a Madrid así que para allá iba.

Josefina.- Sí y la Guardia Civil que si  me llamaba mi marido que no le dijera nada para que los otros no sospecharan porque son muy peligrosos. Yo estaba temblando y venga a esperar y no me llamaba y la Guardia Civil que no sabía nada. Y al mucho me llama Jesús y le pregunto ¿qué tal estás? Y me dice muy serio que bien. Él no me quería asustar y yo no le podía decir nada.

Jesús- El caso es que nos detuvieron a punta de pistola la Guardia Civil en pleno centro de  Aranjuez. Me tiré al suelo y a rastras logré ponerme debajo del coche, como en las películas. Terminé en el cuartel de la Guardia Civil declarando.

Josefina.- Los pasamos mal pero ya la Guardia Civil me aclaró las cosas y quedó en un buen susto y en una anécdota en este trabajo de taxista.

-¿Jesús y no sospechaste de ellos?

Jesús.- Pues a primera no pero me iba mosqueando por el camino con el lenguaje que llevaban. Un leguaje pasota. En otra ocasión en una gasolinera me atracaron y se llevaron el coche, justo el Mercedes.

-¿Se pasa miedo o se llega a acostumbrar uno?

Jesús.- No te acostumbras. La mayoría de la gente es del pueblo pero cuando coges a uno que no conoces te tiras el camino examinando. Si va a pagar o no, si te tiene alguna guardada…

“Cuando coges a una persona que no conoces te tiras el camino examinándolo”

Josefina.- Yo he tenido  la ventaja que siempre me han dejado más  a la gente del pueblo o rutas de los colegios…

Jesús.- Lo peligroso me tocaba a mí. Los marrones me los he tragado yo.

Josefina.- Yo miedo no he tenido y lo que me daba miedo al principio era meterme en Madrid. Madrid es una locura y no conocía las calles y entonces no había GPS.  Y es que además el hecho de ser mujer y equivocarse parece que tiene más delito. Ahora ya es otra cosa además con miedo no podría trabajar. Lo normal es coger a gente normal y hacer bien tu trabajo sin problemas.

“Lo normal es coger a gente normal y hacer bien tu trabajo sin problemas”

-¿Os sigue gustando vuestro trabajo?

Los dos.- Sí, son ya muchos kilómetros.

-¿Cuántos km habéis hecho?

Jesús.-  Pues calculo que en todo este tiempo he superado los cuatro millones. Al año me hacía 150.000 km más o menos ahora la cosa ha bajado.  Hay coches a los que les he hecho más de un millón  de km. Hemos tenido 8 o 10 coches. El primero fue un R-21, luego un Escort, Peugot 605, Opel Omega al que le hice más de un millón igual que a uno de los Mercedes. Ahora ya tenemos un siete plazas más silla.

-¿Con qué marca te quedas?

Jesús- Yo con el Mercedes. Un Mercedes es un Mercedes y también con el Omega que llevaba motor BMW.

-Josefina ¿quién te ha cambiado la rueda?

Josefina.- Yo, yo he cambiado la rueda y más de una, fue lo primero que me enseñaron en la cochera. He agradecido la ayuda del cliente aunque pocos son los que pueden echarte una mano  pues la mayoría van lisiados.

-¿Ha cambiado mucho el trabajo?

Josefina.- Ya el trabajo no es igual. No solo ha bajado la demanda es que han bajado los precios con la administración porque ahora es a la baja, echamos precios y el que menos cobre se queda con el servicio.

Jesús.- Hay más competencia. Y que ahora hay más gente con coche, más gente que conduce, el GPS ha ayudado mucho. Y más que va a cambiar. Y ya estos cuatro meses han sido los peores de la historia del taxi.

“Estos cuatro meses han sido los peores de la historia del taxi”

-¿Qué ha pasado en este confinamiento?

Josefina.- Nada, cero. Algún enfermero o enfermera…

Jesús.- Y solo se podía llevar a una persona.

-¿Y ahora cómo lo veis?

Jesús.- Tenemos fe en que cuando empiecen los colegios otra vez la normalidad llegue y eso si es que empiezan los colegios.

Josefina.- Y las consultas médicas…y empiece la gente a moverse. Esperemos que cambie.

-¿Contentos con vuestra apuesta por el taxi?

Jesús.- Me ha ido muy bien la verdad, nunca creía que iba a ser así. Hemos trabajado a gusto y poco a poco la cosa fue a mejor. Ahora tenemos tres licencias,  la tercera la trabaja Rafael Vela.

Josefina.- Yo muy contenta aunque al año me he hecho algunos kilómetros menos que Jesús. Tal vez llegue a los 100.000 por año.

-¿Cómo veis el futuro?

Jesús.- No hay futuro en el servicio particular, dependes de la administración.  Es que todo cambia y la vida en estos 30 años ha cambiado mucho. Se ha vivido de muchas cosas y de muchas maneras.

“No hay futuro en el servicio particular, dependes de la administración” 

 


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