Jesús Villafranca Olivares y el oficio de albañil

“El oficio de albañil está poco valorado y eso que aquí también hay que pensar mucho”

Laura Figueiredo (10 de noviembre  de 2020).- Le encontré subido a una grúa a la vuelta de la esquina de mi casa. Él junto a un compañero iban a toda prisa repasando un tejado, no era momento para charlar y menos a esa distancia. Fue al día siguiente cuando sí hubo tiempo para hablar, preguntar y responder. Fue a la hora del almuerzo en la obra donde trabajan en la calle del Caño y ahí pasé un buen rato entre ladrillos, carretillas y unas cuantas herramientas.

Es Jesús Villafranca Olivares, maestro albañil y autónomo desde 2008. Empezó con su padre nada más terminar sus estudios de Formación Profesional, estuvo en una empresa grande y tuvo tiempo para sumarse a los muchos profesionales que todos los días van y vienen de Madrid a trabajar en la construcción. La crisis del 2008 le lleva a “echarse aparte” y hacerse autónomo. Desde entonces asegura que no ha parado de trabajar con una cuadrilla que según la obra suma más o menos mano de obra.

Charlo un rato con Jesús y con su compañero Juan Manuel Quintanar París que se suma a la conversación tímidamente y lleva ya uno cuantos años trabajando con Villafranca. Mientras, un tercer albañil más joven, José Gregorio, prefiere terminar tranquilamente su bocadillo y seguir un rato conectado al móvil antes de volver a coger las herramientas y seguir trabajando en la reforma del piso que les ocupa.

Jesús es de las personas que disfrutan de su oficio y trabaja con alegría y buen humor. “Aquí, dice, hay que hacer bien las cosas, ganarte una buena reputación, conservarla y muy importante, estar siempre dispuesto incluidas las deshoras”.  Apaga la radio y comenzamos a hablar.

-Has apagado la radio ¿Qué es la radio para un albañil?

Mucha compañía. Es música, noticias y nos dice la hora, que es que aquí a veces pierdes el sentido del tiempo y más cuando trabajas solo.

-Os encontré subidos a una grúa ¿Cómo se ve Criptana desde arriba?

Muy bonito y ves muchos tejados por arreglar.

-No os faltará trabajo entonces.

Y porque no llueve que es cuando aparecen las goteras. La lluvia es imprescindible para los albañiles, es cuando aparecen las goteras y la gente se acuerda de nosotros (al día siguiente  de la entrevista empezó a llover)

“La lluvia es imprescindible para los albañiles, es cuando aparecen las goteras y la gente se acuerda de nosotros”

-¿Dejamos las cosas para el último momento?

Hacemos las cosas cuando ya no queda más remedio y nos llaman de un día para otro.

-¿Por qué os tememos tanto?

Pues porque hacemos mucho polvo y la armamos. Mira, en invierno no se hacen casi reformas porque la casa tiene que estar abierta y hace frío. En invierno baja el trabajo y en verano sube pero nos siguen temiendo. En fin… que es verdad que nos temen y ahí está la frase –estoy de albañiles- y ya con eso parece que está todo dicho.

-Siempre representamos al albañil poniendo ladrillos pero hacéis mucho más.

Podemos arrancar una obra entera nueva desde suelo con cimentación, tabiquería, yeso, alicatado y tejado… entera. O reformas interiores, tejados, luz… El albañil del pueblo de toda la vida lo hemos hecho todo, otra cosa son las obras grandes donde está el estructurista, el ladrillero, el yesero, el alicatador… pero eso ya son construcciones de otro volumen. Aquí no puede ser así, tocamos todos los palos porque no podemos estar esperando a unos y a otros y así lo hacemos seguido.

“El albañil del pueblo de toda la vida tocamos todos los palos, sabemos de todo y lo solucionamos todo”

  

Jesús Villafranca y Juan Manuel Quintanar llevan muchos años trabajando en la construcción

-Jesús ¿Cómo llegas al oficio?

Mi padre era albañil y el caso es que yo estudié FP1 y FP2 de Mecánica lo que pasa es que termino y no podía estar esperando a encontrar un trabajo… aparte de que a mí la albañilería me gusta. Hay que saber de todo y empecé con una empresa y me echo aparte cuando llega la crisis del 2008. Estaba con una empresa grande y lo que pasó con tantas que dio en quiebra. Ya me salió hacer una vivienda entera en el pueblo y ya no he parado; no me ha faltado trabajo en Criptana y Alcázar.

-¿Y Madrid?

Trabajo en Criptana y en Alcázar. He preferido esto a ir a las grandes obras a Madrid que tiene sus riesgos. Y es que el que mucho abarca poco aprieta. A mí, la verdad es que no me ha ido mal; con más o menos trabajadores he ido de obra en obra y contento.

-La construcción mide la economía de un país al menos la del nuestro.

La construcción mueve mucho dinero y mucha gente y aquí somos muchos los que dependemos del ladrillo.

-¿Se aprendió algo de la crisis del 2008?

Pues no mucho… yo no lo veo. Hubo mucho descontrol, precios exagerados y las cosas se veían de colores; todo se disparó y llegó el bajón pero aprender creo que no hemos aprendido mucho.

-¿Qué tipo de obra es la que más se hace en el pueblo?

Pues lo que se hace es mucha reforma.

-Pues en el pueblo casas para reformar hay unas cuantas.

Hay muchas semiabandonadas y se van estropeando. Es una pena.

-¿Somos exigentes en el pueblo?

Pues el cliente sí lo es. Cuando trabajas aquí en el pueblo hay que tener mucho cuidado porque todos nos conocemos. Hay que trabajar bien porque es el boca a boca lo que funciona.

“En el pueblo hay que trabajar bien siempre porque es el boca a boca lo que funciona”

-¿Ha cambiado mucho vuestro trabajo?

Hay muchos más medios, andamios, grúas, herramientas... Mucha maquinaria que quita esfuerzo físico; antes era mucho más duro. Hay más seguridad y más exigencias.

-¿Cómo lleváis lo del coronavirus y las medidas de seguridad?

Pues ahora con este tiempo mucho mejor, con el calor  lo de la mascarilla se lleva muy mal. Si te refieres a la repercusión en el trabajo te digo que no nos podemos quejar aunque ha habido reformas que se han parado hasta que esto mejore. Son casas con personas mayores y los hijos no quieren que vayamos por ahora.

“Con el tema del coronavirus además de tener que llevar la mascarilla nos ha retrasado algunas obras que prefieren esperar para cuando todo esto pase”

-¿Verano o invierno?

Lo peor para nosotros es el verano y lo mejor este entretiempo que aquí tiene los días contados porque en nada llega el frío de un día para otro (y llegó y con lluvia). En pleno calor trabajamos de 6.30 a 14.30 si estamos en el exterior porque la temperatura ya es muy alta.

-Lo que más te gusta y lo que menos.

Me da igual y es que el pico, que para mí era lo peor, ya no se usa.

-Y derribar o construir.

Sin duda construir porque al final puedes ver el resultado del trabajo y muchas veces parece mentira cómo una obra por muy sencilla que sea puede cambiar una casa, un patio, una habitación…

-¿Retos?

Pues ninguno y todos en general. Todo es un reto y no hay nada imposible.

-¿Creéis que vuestra profesión está valorada?

No lo que tendría que estar y es uno de los oficios que hay que pensar mucho y de hecho cada vez hay menos gente que quiera trabajar en esto. No sé si es porque nos manchamos mucho… y es que físicamente puede ser algo cansado pero ya no hay un esfuerzo físico grande y nada que ver con lo de antes. Hay que hacer muchos cálculos que si los gruesos de las ventanas, los tabiqueros, bajar una viga, la altura del canalón para que vierta el agua… cabeza pensante. Mira, los aparejadores saben muchos números y planos pero el estar a pie de obra un día y otro día es otra cosa y hay cosas que se les va y entonces aprenden de nosotros que somos los que estamos aquí al pie del cañón.  

-¿Cuesta conseguir trabajadores?

Sí claro que cuesta. Como este (señala a José Gregorio) hay pocos, él y su amigo son los que quedan. Aquí en el pueblo en unos años muchas de las empresas que hay se van a jubilar y ¿quién sigue con esto? Además, la gente quiere caras conocidas, saber quién mete en su casa y a quién da las llaves. Lo primero que te preguntan es -¿y tú de quién eres?- Ante una cara desconocida hay desconfianza. El caso es que yo creo que esto no lo hace un robot así que a ver qué pasa con las casas. Nada que ver con lo de antes cuando era el padre quien llevaba al chico a la obra y le decía al encargado –llévatelo aunque no le pagues y a ver si espabila-

-¿Por qué crees que no os ha faltado trabajo?

Eso no lo tengo que decir yo pero mira, aquí hay que dar servicio a la gente y responder. Este trabajo incluye que te llamen a deshora y espérate a que empiece a llover… Los domingos o un sábado por la tarde… que si tengo una humedad, que si estas baldosas se han levantado, que si...

-Y ¿Qué piensas de eso de ir y venir a Madrid?

Yo lo hice y eso es durísimo pero hay gente que le gusta o lo lleva bien. Tiene la ventaja de que no tienes al dueño de la casa con los brazos cruzados mirándote. En Madrid es difícil que te controlen. En serio, ventajas no tiene para mí ninguna aunque hay que ir donde haya trabajo


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