"Hemos sido muy felices con nuestros niños"
Laura Figueiredo (17-3-2016).-Sí, ellas son Carmen Cruz Moreno, Polo Jiménez Casero y Pili Alberca Iniesta , son las del Jardín de Infancia Nueva Montaña. Las de la guagua que pinchaba un día sí y otro tal vez; las de los finales de curso llenos de volteretas; las de decenas de niños en la guarde; las del corro de la patata; las cartillas de letras y números; niños agarrados a sus batas... Y es que como dicen las tres, eran otros tiempos, ni mejores ni peores, pero que hay que saber valorar y no olvidar.
La historia es larga porque antes, el Jardín de Infancia (1972-1999) fue escuelilla (la de las “Ochas”) que puso en marcha Carmen, luego fue guardería con Paula Carrasco y por último, jardín de infancia. Y mientras de un sitio para otro con el hatillo siempre a cuestas.
Por sus manos han pasado niños que ahora son padres y padres y madres que ahora son abuelos. Por la calle son muchos quienes en seguida echan la cuenta cuando las ven y las saludan -Carmen, Polo y Pili-. Ahora están jubiladas y siempre activas. Nos cuentan entre risas y caras de felicidad lo que fueron casi treinta años entre tanto niño. Un modo de trabajar y de hacer las cosas que ahora, unos pocos años después, resultan inimaginables pero que así fueron sin que nadie lo cuestionara. Por el contrario, todo eran agradecimientos para estas tres mujeres que si bien trabajaron mucho también supieron disfrutar mucho.
-¿Os saludará todo el pueblo?
Pilar (risas)- Pues casi todo. Además siempre es Carmen, Polo, Pili-Pili, Polo, Carmen y si falta alguna ¿dónde está...?
Carmen- Seguimos teniendo siempre muy buena relación tanto con los padres como con los críos y ahora también ya con los nietos. Son tres generaciones desde que se empezó.
-¿Y cómo empezó?
Pilar-¡ Puf! es una historia larga. Empieza Carmen que se nos va la tarde.
Carmen- Pues yo desde que era una cría estaba deseando que mi padre quitara el ganado para poder adecentar el corral y poner una escuelilla. Me gustaba tanto que si lo quitó en febrero, arreglé y enjalbegué para empezar en marzo. Yo tenía 17años. Iban chicos de 3 años y también de 7. Yo siempre tenía esa ilusión, poder enseñar lo que yo sabía. Además, a la vez en las horas libres me iba a casa de mi tío José María, que era maestro, para aprender. Esto era en 1960 y estuve así 10 años e incluso les preparaba para la Comunión.
-¿Qué les enseñabas?
Carmen- Pues lo básico, las sumas y restas, las letras, leer y escribir, rezar... Era una mezcla de edades con unos 20 o 30 chavales y en la misma clase hacía grupillos.
Pilar- Y cada uno llevaba su silla.
-Por tanto, es que era una necesidad en el pueblo
Carmen- Sí, ten en cuenta que no era entonces obligatoria la escolarización tan pronto y allí a las madres les gustaba que estuvieran y aprendieran. No había guarderías ni escuelillas en el pueblo. De hecho, en el 70 Paula Carrasco viendo la necesidad de una guardería puso una en su casa en la calle Reina y me propuso que cerrara la escuelilla y me fuera con ella a la guardería. Y me fui con ella.
-¿Qué diferencia había entre la escuelilla y la guardería?
Carmen- Pues teníamos más posibilidades, más materiales, las clases ya tenían otro estilo. Eso sí, seguía habiendo niños de todas las edades pero ya había sillas y mesas. Había también juegos que tampoco eran los de ahora. Ya cuando no cabíamos en su casa nos fuimos a las escuelas de la calle de la Virgen y ahí estuvimos uno o dos años. Y seguimos luego dando tumbos, al tele club, al cine parroquial en el Convento y ahí unos cuantos años más. Mientras se van limitando las edades pues se empieza a escolarizar antes.
-¿Y vosotras cuándo os incorporáis?
Polo - Pues ya no me acuerdo...me incorporé cuando Paula se fue a trabajar al hospital.
Pilar- Yo me incorporo en el 73 así que Polo poco antes.
Polo- Yo en el teleclub y Pilar en el cine parroquial.
-¿Y con el cartel abierto todo el año?
Polo-No cerrábamos y en verano teníamos más niños pues venían los mayorcillos.
Pilar- Carmen solo faltaba cuando se iba a vendimiar (risas)
-Y terminasteis otra vez donde había empezado Carmen
Carmen - Cuando ya no cabíamos en el Convento hice obra en mi patio y volvimos a la escuelilla pero ya como Jardín de Infancia Nueva Montaña.
-Ya era otra categoría
Carmen- Ya podíamos hacer tres aulas y repartir por edades, una para cada una. En fin toda una historia.
-Todavía se ve la ilusión en vuestras caras
Polo- Es que lo hacíamos con muchas ilusión. Cualquier mejora por pequeña que fuera era una fiesta.
Pilar-Celebrábamos todo con nuestros niños.
Carmen- Es que nosotras nos hemos apoyado mucho y los padres siempre estaban dispuestos a echar una mano. Era un contacto y una convivencia estrecha.
Polo- Cuando teníamos curso por la tarde en Alcázar, las madres te facilitaban todo y alguna cogía la furgoneta y repartía chicos.
-¿Y qué formación se exigía?
Pilar- Pues al principio nada, eran las ganas y la voluntad. Luego ya...
Carmen- En el Jardín de Infancia ya tuvimos que hacer Puericultura, auxiliar de Infancia y algún curso más.
-Con tanto chico visteis la necesidad de una furgoneta pero ninguna teníais carné y tú Carmen dijiste -pues yo-.
Carmen- No, ellas dijeron -pues tú- y así quedó. (Más risas)
-Pilar tu también recogías y repartías niños
Pilar- Pues cuando entré hacía falta otro coche más y tampoco me hacía mucha gracia pero me tuve que sacar el carné. Carmen iba en la furgoneta, la guagua a la que habíamos agarrado unos banquillos, y yo con un coche, que en realidad era de Paula y nos lo dejaba
Carmen- Yo me confiaba más porque la furgoneta tenía poco morro y calculaba bien y siempre el freno lo tenía muy en cuenta. . Así que mira si no hacíamos kilómetros al día. Llevábamos a Paula al hospital, Pilar traía el coche, hacía las rutas y luego le dejábamos el coche de nuevo en Alcázar y nos volvíamos en la guagua. Sí, un lío pero para nosotras no era problema.
Pilar- Con esa furgoneta pinchábamos muy a menudo.
Polo- Sí, bajábamos a los chicos y cambiábamos la rueda nosotras y hala los volvíamos a subir.
Pilar- Dio la casualidad que en alguna ocasión pinchamos en el mismo sitio varias veces y salíamos y poníamos las piedras, que entonces estaban las calles llenas de ellas, y dicen los chicos -estas las dejamos aquí para mañana cuando pinchemos-. (risas y risas).
-Así que era una guardería con dos rutas en Campo de Criptana
Todas- Sí claro. Si es que teníamos muchos niños.
Carmen -Y entonces las madres no conducían tanto como ahora y no había tantos coches en las familias.
-Polo- Luego ya vino el autobús con Víctor y más tarde con José Vicente.
Carmen- Es que luego ya necesitábamos un permiso especial para el transporte escolar y ese ya no nos los sacamos.
Polo- Un día nos paró la policía ahí por el Pozo Hondo e iban muchos chicos. Nos preguntan que cuántos llevábamos -pues unos 40 o así-. Y llevábamos 70 chicos y mientras los críos diciendo -la policía, la policía, la ...-
-Pero ¿hasta cuántos niños habéis tenido?
Carmen -Muchos. Pilar más de 20 en su clase; Polo más de 40 y yo más de 50. Pues suma.
Polo -Pero es que llegaban las madres y decían -¿cómo no me lo vais a coger?- Y hala otro más.
Carmen -Pero tampoco era meter por meter. La verdad es que los llevábamos muy bien. Los organizábamos por grupos y en mi clase todos siempre estaban entretenidos con algo. Un grupillo leyendo, otro con la plastilina, otros con un juego...Y llegábamos a todos muy bien.
-La misma ratio que ahora
Polo -¡Puf! si tuvieran que tener todos los que teníamos. Es que es muy diferente.
Carmen- Es que éramos muy felices.
-Han cambiado mucho las cosas
Carmen -Cuando tuvimos que cerrar era -tú no puedes tener más de 10, tú de 15 y yo de 20-. Después han pasado unos años y han tenido que aumentar esa ratio.
-¿Qué se aprende de los niños?
Polo- Mucho, se aprende todo. Ves como no son nada sin una persona mayor.
Carmen- Te transmiten su sencillez.
Pilar- Cariño y ganas de que les quieras. Vaya cómo se agarraban a la bata.
Polo- Y alguno se pasó todo el curso agarrado a mi bata.
-No sé quiénes eran más felices si los niños o vosotras
Polo- Es que hemos sido muy felices con nuestros niños.
Pilar- Luego venían los festivales, los de Navidad, carnavales, fin de curso…
Polo-Hemos trabajado mucho. Íbamos al festival en la Verbena y lo primero que teníamos que hacer era adecentar aquello.
Pilar - Mira, con la lejía por delante. Primero íbamos a la verbena y luego al teatro, íbamos prosperando.
Polo- La pena es que nos cortaron en seco.
-¿Qué pasó tras tantos años?
Carmen -Pues pasó que ya vino la inspección y ya nos exigían una serie de cosas que eran imposibles de mantener y además ya entraban a la escuela con 3 años. Y había que subir mucho la matrícula.
-Muy triste para vosotras
Polo- A mí casi me cuesta una depresión.
Carmen- Sí, lo pasamos mal.
Pilar- Me costó mucho.
-Y las nuevas normas habrán mejorado las cosas
Carmen- Pues habrá de todo. Creo que en cualquier caso es de valorar todo lo que se ha vivido en esos tiempos. Tanto los niños como nosotras. Mira, ahí estaban las ruedas que pintábamos y con las que jugaban, un banquillo servía para hacer equilibrios, en la colchoneta se hacía una voltereta tras otra... aprovechábamos todo. Esos eran los juegos y el corro de la patata, los de mesa que traían de casa…
Pilar - Sí, las volteretas eran lo clásico en el fin de curso, con una marcha militar iban todos en fila y venga a hacer volteretas y las madres tan contentas y las abuelas más. Y estaban de graciosos.
Carmen -El caso es que nunca pasó nada gracias a Dios. Lo hemos comentado algunas veces y la verdad es que no hemos tenido percances. Bueno alguna caída, un bocaete o alguna brecha.
“Siempre digo que es de valorar todo lo que se ha vivido en esos tiempos”
-Y qué pasó después
Carmen- Pues que fuimos al paro. Yo iba de voluntaria a la residencia de mayores y un día una hermana me dijo que si podía ir a trabajar con los ancianos. Y bueno cambié los niños pequeños por los grandes. Y también muy a gusto, ahí he estado 13 años. Transmiten la experiencia de una persona mayor.
Polo- A mí también me llamaron para la residencia y también muy a gusto. Cambie los cursos de puericultura por los de geriatría. Son niños pequeños.
Pilar-Yo a la residencia no fui a trabajar. Me quedé cuidando a mi madre, luego a una tía y luego a otras personas mayores. Como si hubiera estado en el asilo.
-Contentas
Polo- En los dos trabajos muy contentas.
Carmen- En la residencia también hemos tenido una relación estupenda y saben que pueden seguir contando con nosotras.
-Las normas han cambiado ¿Y los niños han cambiado también?
Carmen, Polo, Pili -Sí, también.
Carmen- Pues eran menos exigentes, valoraban cualquier cosilla que tenían de juguete incluso construidos por ellos mismos. Nunca decían -no lo quiero-. Se jugaba de otra manera.
Polo- No había tanta abundancia como ahora y todo se apreciaba y mucho. Lo tienen todo. En Navidad pues hacíamos un Belén, en Semana Santa pues llevaban sus tambores, trompetillas y hacíamos un santo para que lo pasearan por el patio. Yo veía niños felices.
Carmen- En vendimia tocaba mosto
Pilar-Ahora están más hartos de todo.
“Yo veía niños felices”
-¿Volveríais al Jardín de Infancia Nueva Montaña?
Las tres- Sí, sin duda
Pilar- Sí, pero con esa edad porque ya con esta...