Carmen Vela Muñoz, una mujer sencilla con mucho que contar

  “Porque la vida es mucho más sencilla de lo que parece”

Laura Figueiredo/foto Adela Manzanares (12 de junio de 2024).- Carmen Vela Muñoz, una mujer muy de Criptana y lo es aún más por haber vivido fuera durante muchos años. Cada vez que venía a su pueblo, y lo hacía con frecuencia, se sentía “cobijada, amparada y reconocida por las mismas paredes y piedras tantas veces recorridas”.

Carmen asegura que es de las criptanenses con ocho apellidos manchegos “y hasta veinticuatro si me pongo a contar”. Su padre es Jesús Vela, de los Vela de la calle Alcázar y a su abuelo materno le llamaban “España”

Carmen Vela es una mujer sencilla, de conversación sosegada e interesante. Puedes estar una tarde con ella y pasarse el tiempo sin enterarte. Una mujer siempre ligada al teatro, a la lectura, al lenguaje, a las palabras. Ya participaba de jovencilla en el grupo de teatro de Vicente Escribano en Criptana con una forma de teatro diferente y alternativo. Eso fue antes de casarse en 1975 con Juan, un manchego del pueblo de al lado, Alcázar de San Juan en quien ha encontrado y sigue encontrando apoyo. Sin ese acompañamiento y respeto las cosas hubieran sido muy diferentes. 

Una vez casada, la crianza de tres hijos muy seguidos, abrieron un paréntesis en su actividad teatral, aunque nunca dejó de leer “una forma de evadirme de una etapa en la que todo era niños y niños”. Nunca perdió su inquietud por conocer y saber, por participar y abrir nuevas experiencias y es que nuestra Carmen siempre ha sido muy alternativa.

Aranjuez y la Universidad Popular

Después de un breve tiempo en Madrid y de volver por unos meses a casa de sus padres y sus abuelos en lo que entonces era la calle Calvo Sotelo, la familia se instala finalmente en Aranjuez. Los niños crecen y van y vienen solos al colegio. Empieza a funcionar la Universidad Popular, una iniciativa que ha abierto las puertas de salida a muchas mujeres y dado la oportunidad de hacer cosas que siempre habían querido hacer pero que nadie les enseñó. Sí, esas universidades populares enseñaron muchas cosas, y de manera especial a las mujeres. Hasta el punto, comenta Carmen, que esas mujeres que siempre estaban en casa y cuando salían apenas opinaban llegaron a oír en más de una ocasión decir a sus maridos “mucho estás hablando tú ya”. Hablamos de los años 80 y todavía había analfabetismo.

Sí, esas universidades populares enseñaron muchas cosas, y de manera especial a las mujeres

 

Carmen empezó con la pintura, y desde el primer cuadro tuvo claro que lo suyo no eran los pinceles. Luego fue el taller de inglés de conversación, se animó con la lengua anglosajona y sacó hasta tercero de la Escuela de Idiomas. Ese fue su tope “porque el listening me cuesta mucho y me defiendo de aquella manera”.

Taller de Lenguaje, rampa de lanzamiento

Los compañeros y las personas que iba conociendo la llevaron de un taller a otro y ya llegó el taller de Lenguaje de Félix y Carmen y esa fue la rampa de lanzamiento a tantas otra actividades, experiencias y aprendizajes. Un taller en el que estuvo muchos años y “que me enseñó a crecer y en cosas muy simples sin necesidad de grandes complicaciones porque la vida es mucho más sencilla de lo que parece”. Nos asegura que no es necesario escribir un libro o leer Las mil y una noches, todo es mucho más sencillo. En el taller aprendió en primer lugar a leer “porque yo leía, pero no sabía leer con toda su riqueza”. ¿Y qué más aprendió Carmen? Una serie de principios que se aplican a todos los aspectos de la vida. En ese taller de Lenguaje “me enseñaron además a respetar las diferencias, a que me iba a callar para escuchar, a no dar nada por sentado, a no prejuzgar y a que muchas veces la opinión de quien menos preparado está académicamente vale más que la de quien tiene su carrera y grandes estudios porque el sentido común es importantísimo y hay una sabiduría natural”.

“El taller de Lenguaje me enseñó a crecer y en cosas muy simples sin necesidad de grandes complicaciones porque la vida es mucho más sencilla de lo que parece”.

 

Mientras, surge el taller de teatro en el Centro de Adultos con Fernando y allí también acude Carmen. “Un taller nada que ver con lo que podemos imaginar, era diferente y trabajamos mucho” y a ella le encantaba. Sí, teatro con Fernando y teatro con Piqui en la Universidad Popular; cuando una cosa iba acabando aparecía otra y el grupo iba en comandita. Había que trabajar la improvisación, la creación, la voz, la proyección de la voz, la respiración, expresión... Pasan los años y ya toca teatro con Antonio y la compañía creada por él y con este mismo grupo llamada “Mirada de ellas”.

Carmen nos asegura que es tímida para hablar a título personal, “pero engancharte a un personaje y salir, escuchar el silencio del público y tú interpretar… eso es una pasada, es vida”. Esa representación es el final de un trayecto que exige un trabajo intenso; se trata de trabajar una idea, una frase, un sentimiento, una situación y poner en marcha la creatividad con la que desarrollar un argumento y una puesta en escena. En todo ese proceso establece una relación muy especial en el grupo “que genera mucha unión y unos vínculos muy especiales y bonitos”.

“Engancharte a un personaje, salir, escuchar el silencio del público y tú interpretar… eso es una pasada, es vida”

 

Nuestra protagonista siempre ha sido alumna en su afán de seguir aprendiendo y de hecho, ella sigue perteneciendo a su grupo de teatro en Aranjuez, aunque ahora en la distancia desde que Aranjuez empezara a ahogarla. La ciudad que le había abierto tantas puertas terminó cerrándoselas muy a pesar de las dos, de Carmen y del mismo Aranjuez que seguro que aún la echa de menos.

“Aranjuez, la ciudad que le había abierto tantas puertas terminó cerrándoselas”

 

2015 y la vida cambia

Y es que Carmen ha sabido también convivir con una alergia muy especial que le dejaba sin respiración por su hipersensibilidad en las vías respiratorias que daba lugar a todo un proceso de irritación. En 2015 su vida cambia y es ella la que tiene que experimentar día a día lo que le da alergia y lo que no. Los olores fuertes la ahogaban, a las gasolineras no se podía acercar ni sentarse al lado de alguien con un perfume intenso, los ambientadores no los tolera, cuidado con los aires acondicionados… Había que buscar soluciones y una vez más acude a lo alternativo, a la medicina natural para lo que no se tuvo que ir muy lejos: en el herbolario de Mari Mar, en el mismo Campo de Criptana, con Dante y su hija Aida. Ha sido lento, pero poco a poco las cosas han mejorado mucho y más desde que descubrió que, por lo que sea, los árboles de Aranjuez le ahogaban mientras que cuando venía a su casa de Alcázar de San Juan ese ahogo desaparecía. En noviembre de 2018 se traslada definitivamente a Alcázar, a un piso con vistas a su pueblo; desde la terraza y entre tejados contempla los molinos y el santuario de la Virgen.

Regreso a Campo de Criptana

“Vuelvo a Criptana, mi pueblo que nunca he dejado, pero al que nunca pensé volver”. Carmen aceptó que tenía que ser así. “Está claro, dice, que tenía que volver”. Un pueblo donde vive su hija Carmen, sus dos nietos y su madre, Carmen con casi 96 años. Su hijo bien le decía la frase de Platón “el alma siempre busca su lugar natural”. Eran los demás quienes no dudaban de que Carmen regresaría porque cada vez que marchaba para su pueblo le decían “ya tienes los ojos llenos de Criptana”.

“En 2018 vuelvo a Criptana, mi pueblo que nunca he dejado, pero al que nunca pensé volver”

 

Pronto “me empecé a buscar la vida aquí en Alcázar” y ahí está, con un taller de lenguaje formado por siete personas que se reúnen todos los martes. Además, de yoga y club de lectura.

A Carmen no le vale cualquier cosa, donde está, está porque le gusta y porque le aporta y le hace crecer. Sabe lo que quiere y lo que no quiere. Busca hasta encontrar lo que le llena, le aporta y donde se siente a gusto “porque a la fuerza no estoy en ningún sitio”.

Y uno de esos sitios donde está a gusto es en la Asociación Cultural de Mujeres Antares de su pueblo natal. Una asociación que la recibe siempre con los brazos abiertos dispuesta a seguir aprendiendo de Carmen. De hecho, hace unos días participaba en el acto de entrega de premios del Certamen de relatos cortos Antares y lo hacía con unas muy sentidas y aplaudidas palabras. El año pasado era la ganadora del primer premio.

Carmen admira cómo Antares empezó a dar sus primeros pasos empujados por la voluntad y el deseo de un pequeño grupo de mujeres. Ha visto cómo la asociación se ha ido definiendo hasta ocupar hoy en día un espacio importante en la actividad cultural de Criptana. Detrás de todo ese proceso, Carmen ve la exigencia de un intenso trabajo que debe ser siempre compartido para prolongarse en el tiempo.

Una mujer comprometida

Pero Carmen no vive encerrada en su esfera de teatro, libros y pautas. Ella mira al exterior y le duele muchas de las cosas que ve. “Hoy, afirma, teníamos que estar todas las semanas en las plazas manifestándonos contra las guerras sean del tipo que sean”. Ese sufrimiento y hambre le conmueven y prefiere casi no hablar de ello porque se altera y va subiendo el tono de su voz siempre suave y tranquila. Nos recuerda como España lleva un amplio periodo viviendo en paz y en prosperidad “y todo esto que se ha conseguido hay que luchar por mantenerlo y mejorarlo”. Carmen tiene claro que no se puede perder ni dejar caer lo que tanto costó lograr y menciona la sanidad, la educación, el sistema de jubilaciones y el estado de bienestar social.

“Todo esto que se ha conseguido hay que luchar por mantenerlo y mejorarlo”

 

En fin, Carmen, una mujer sencilla, sensible, comprometida, que guarda una memoria increíble del pasado, que disfruta como pocas personas del momento y el presente y mira el futuro con ilusión y con muchas cosas por hacer, conocer y aprender. Y todo ello además acompañada por su familia.

¡Ah! y ahora está impaciente por saber si finalmente podrá editar su libro “Bajo un puñado de estrellas”. Soy de las que piensa que lo logrará porque estoy convencida que bien merecerá la pena. Para ella sería una alegría enorme, aunque ya cuenta con la satisfacción de haber sufrido y disfrutado escribiéndolo.

 

 

 

 


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