Asociación Encinares Vivos y el trabajo silencioso e intenso por nuestro entorno natural

“Nuestra satisfacción más grande es que las ideas y propuestas salgan adelante”

Laura Figueiredo (21 de diciembre de 2022)- Una labor intensa pero callada, sin hacer ruido. En 2006 se organizan en la Asociación Encinares vivos de la Mancha con la idea de trabajar en la reforestación de nuestro municipio y con ello recuperar el entorno natural y etnográfico de diversas zonas. A la reforestación pronto se añadió la preocupación por la falta de agua en un Criptana que hasta no hace tanto veía correr arroyos por sus calles y pocas viviendas eran las que no tenían un pozo con agua. En el camino surge la idea de editar y sacar a la luz libros relacionados con el medio ambiente y el patrimonio natural criptanense. Cada título se convierte en una verdadera aventura que cuentan con entusiasmo y convencidos de que cada uno de ellos son un apoyo fundamental para crear conciencia.

José Manuel Ortiz Iniesta y Daniel Mínguez Olivares son las caras más conocidas de la asociación Encinares Vivos de la Mancha a la que se añaden pocos nombres más. Nos explican que el número no importa porque la agrupación nace con la idea de implicar a otros colectivos y personas en las diferentes acciones que se llevan a cabo. Lo importante es que se planten árboles, la gente se conciencie y los libros se publiquen y lleguen a cuantas más manos mejor.

José Manuel y Daniel son dos maestros que sin jubilación se pusieron manos a la obra y que ahora ya jubilados siguen adelante y si cabe aún con más entusiasmo. Reconocen que el llegar a la gente, y sobre todo a la administración, no es fácil y en el camino hay pocas alegrías. Saben que sembrar conciencia necesita tiempo para recoger frutos.

Nuestros dos maestros son personas convencidas, trabajadoras y constantes. Su nostalgia no es otra que la de mirar un futuro en el que es posible y factible recuperar lo que fue y dejó de ser por dejadez y abandono.

Y es que como José Manuel y Daniel hay más de uno y de dos criptanenses que, desde la discreción, trabajan en diferentes campos por lo mejor para nuestro pueblo. Sin necesidad de fotos y titulares van poco a poco hacia delante.

 

-Buen día de entrevista, lloviendo a cántaros y ya llevamos unos cuantos días.

Daniel.- Pues sí y es una alegría; al menos esto le ha dado una vuelta al tiempo. Es una maravilla ojalá estuviera así todo el mes.

José Manuel.- Y más que tendría que llover. Y sí, contentos pero con prudencia. La falta de lluvia es una amenaza continua.

-Si ya teníais una actividad intensa en el mundo del medio ambiente y su cuidado cuando trabajabais en la escuela, imagino que ahora ya jubilados es un no parar.

J.M.- Más aún porque tenemos más tiempo libre. También es verdad que con unos años menos te da tiempo a estar activo en tu trabajo, en tu familia, aficiones, compromisos… en todo. Ahora y con la edad se va abarcando menos pero ideas y ganas no faltan.

D.- Pero creo que nuestra actividad intelectual y de neuronas sigue igual lo que pasa es que, como dice José Manuel, no desarrollas tanto. Pero las ideas, al menos en mi caso, siguen bullendo y deprisa.

-¿Qué es la Asociación Cultural Encinares Vivos?

J.M.-Una asociación que nace en 2006 y la idea era básicamente promover la forestación en nuestra zona, zonas agrarias, excedentarias, en todo tipo de terrenos y a la vez conservar nuestro patrimonio natural y etnológico asociado. Nos planteamos varias líneas de actuación y elaboración de proyectos y con una estrecha colaboración con Salicor y otros colectivos y personas movidos por objetivos similares.

- ¿Por qué encinares?

D.- Nosotros empezamos a trabajar a nivel asociativo y desde el mismo aula. Desarrollamos varios proyectos de reforestación conjuntos; José Manuel desde Criptana y yo desde Alcázar. Y plantábamos pino carrasco y sobre todo encina. Y es que somos más bien una asociación de concienciación, no tenemos apoyo económico ni infraestructura pero sí tenemos la buena voluntad de concienciar a la gente y de manera especial a niños y jóvenes. La forestación necesita un apoyo económico y nadie está por la labor incluida la administración.

“No tenemos ni los medios económicos ni la infraestructura necesaria pero sí la buena voluntad de concienciar”

-Recuerdo que en los primeros años desarrollasteis un proyecto para la recuperación natural del entorno del triángulo Cristo-Salicor-Chito. ¿Qué pasó con él?

J.M.-Es que al comenzar nos centramos e interesamos mucho por la restauración del palomar de Treviño y la olmeda. También hicimos un proyecto para para recuperar y restaurar encinares en el triángulo que mencionas. Tierras que son agrícolamente un poco excedentarias.

D.- El proyecto gustó y tuvo el apoyo del entonces consorcio del Plan Especial del Alto Guadiana (PEAG) y de la Confederación Hidrográfica del Guadiana pero no terminó de cuajar y fue una pena. No salió adelante. Hubo falta de voluntad.

-Pero no os quedáis en la reforestación y restauración del paisaje natural y etnográfico. Pronto aparece vuestra vena editora.

J.M.- Es que queríamos recoger el testimonio de gente que fue testigo de lo que fue nuestro entorno natural con la idea de que quedara constancia de ello para el recuerdo de quienes lo vivieron y para quienes no lo han conocido. Una zona de arboledas, de arroyos y pozos, manantiales… y no hablo de hace tanto tiempo. Y que quede para siempre por escrito.

D.- Hemos hecho lo que hemos podido.

“Los libros son un testimonio de lo que fue nuestro entorno natural. Un testimonio escrito y que queda para siempre”

-¿Cómo surge el primer libro? Memorias, Vidas y costumbres de un pueblo. Campo de Criptana (1907-1983) de Villajos Lucas.

D.-  Este manuscrito de Villajos Lucas estaba rondando desde hacía tiempo. José Manuel ya lo conocía y cuando me llega a mí veo que ya lo tenemos escrito y escrito de una forma muy correcta para una persona sin apenas formación. Prácticamente, no tuvimos que hacer casi nada con la redacción, pusimos la fotografía y la labor didáctica de los laterales. El texto fundamental estaba hecho y añadimos ese ligero enfoque hacia el tema de las arboledas resaltando los encinares.

J.M.- Al leer el manuscrito de este criptanense nos enamoramos de cómo era entonces el pueblo a nivel natural al margen de todas las calamidades que había en la forma de vida en aquellas décadas.

D.- Lo financiaba Promancha con 14.000 euros y nos dieron menos de un mes para tenerlo editado. Lucas escribió y nosotros trabajamos la maquetación, los textos laterales, revisiones, y fotos. Fue un trabajo sobre todo de José Manuel que lo sacó adelante en un tiempo record.

-Salió así un primer libro y luego un segundo y un tercero y un cuarto y una reedición y habéis tenido hasta que poner dinero por delante.

J.M. Sí, esto es así.

D.- El de José María Carrillejo tardó tres o cuatro años en salir. La idea era que hablara de más décadas que el de Villajos Lucas. Supuso muchas revisiones y un trabajo conjunto entre José María y nosotros. Y por fin, salió. La financiación nos falló y ahí hubo que pagarlo por adelantado, un dinero que después se ha recuperado con la venta de los ejemplares. Primero hicimos 250 ejemplares y luego hubo que editar casi 1.000.

-¿Cuántos sois en la asociación?

J.M.- No más de 10.

D.- A nosotros lo que nos interesa es la relación con otras asociaciones o colectivos y movilizar. Hemos movido a muchas asociaciones para plantar en Alcázar y Criptana. Nos interesa implicar para llevar a cabo la práctica.

“A nosotros lo que nos interesa es la relación con otras asociaciones y movilizar”

-En Busca del agua perdida ¿Cómo llega ese libro y esa implicación con el agua más allá de los árboles?

D. Pues fue a través de José María Manzaneque que se implica en la asociación. Surge de un trabajo que hacemos los dos sobre el agua para un curso del PEAG. Un trabajo que nos llevó a una labor de campo por todos los entornos acuáticos de la zona con nuestra cámara de fotos y de vídeo por delante. Fue el año que llovió mucho, 2010 y me doy cuenta de que hay material para otro libro. Así que, con el texto más las fotos que ya teníamos fuimos dando forma al libro “En busca del agua perdida”. Y ese fue el verdadero motor. Y desde entonces caminamos con el agua y los árboles sin olvidar el testimonio escrito en los libros.

-Tenéis una labor muy callada. Hacéis poco ruido.

D.- Es que somos así.

-¿A lo mejor es que no hay que hacer ruido?

J.M.- Es que hemos coincidido gente que yo creo que huimos un poco de todo ese ruido. No somos protagonistas. Lo importante y nuestra satisfacción más grande es que las ideas y propuestas salgan adelante.

-¿Habéis creado conciencia?

J.M.- Pues en términos absolutos no, pero la gente ha oído hablar del agua, de nuestros páramos y arboledas. Los libros han gustado mucho. A nivel administraciones ya no te dicen que no, al menos de primeras. Hemos hecho llegar nuestra voz y las instituciones saben que este tipo de actuaciones suman entre la población. A nivel ciudadano es muy complicado porque la gente está en otros temas.

D.- Para mí, hay un trabajo fundamental. Hemos sembrado e individualmente ha calado pero no hemos conseguido la implicación de la administración más allá de la intervención puntual. El trabajo está hecho y bien hecho y la gente ya oye hablar de reforestación, de plantar árboles… Y los libros han sido un apoyo fundamental.

J.M.- Todo necesita su tiempo y empuje y ser constantes. Ten en cuenta que este tema es minoritario pero lo cierto es que en Criptana son muchos los niños que han plantado un árbol y participado en reforestaciones.

-Muchos pueden pensar que sois un grupo de nostálgicos.

D.- Nostálgicos de un pasado que podemos y debemos recuperar. Se ha perdido por dejadez y porque dejamos de valorar. La gente debe darse cuenta que no es algo perdido.

“Somos nostálgicos de un pasado que podemos y debemos recuperar. No es algo perdido”

-¿Es factible recuperar ese pasado?

J.M.-  Es factible y más que un problema económico y de recursos es un problema de racionalidad, de sentido común y de hacer bien las cosas.

-¿Cuántos árboles de los que se plantan llegan a enraizar y salir adelante?

D.- El 60% nos los han arrancado.

-¿Y quién tiene tan mala intención?

J.M. Como dice José María Manzaneque, animales de dos patas.

D.- Yo sigo plantando árboles y no me canso. Estamos con un proyecto en la Cañamona sobre  4 o 5 hectáreas con encinas, romero, pino… todo autóctono. No me van a parar mientras pueda pero vuelvo a lamentarme de no tener apoyo. Hemos perdido la lógica.

-El criptanense de a píe ¿qué puede hacer?

D.- Que se conciencie de que donde hay agua y un árbol hay vida y donde no hay árboles y agua no podemos vivir.

J.M.-El valor del árbol en el contexto de cambio climático ha dejado de ser un elemento ornamental, caprichoso en nuestros municipios. Es vida y elemento esencial para vivir y debe ser como la electricidad o el alcantarillado en un pueblo. Proporciona oxígeno, elimina contaminación y dióxido de carbono, fomenta la biodiversidad…Y es un regulador de la temperatura tanto en invierno como en verano.

D.- Tenemos que querer al árbol, es un ser vivo igual que queremos a un perro.

-¿Habéis pensado alguna vez en tirar la toalla?

J.M.-A ratos porque alegrías hay pocas pero aquí seguimos convencidos de lo que hacemos

D.-Trabajo en lo que estoy convencido y lo hago sin amargura ni resentimiento. Yo no pierdo el ánimo ni la moral.

 

 

 


Imprimir   Correo electrónico

Publicidad

Image
Image
Pertenece a:
Image

BOLETÍN DE NOTICIAS

Suscríbete a nuestro boletín de noticias semanales para seguir la actualidad de Campo de Criptana.

SÍGUENOS
Facebook   Facebook  twitter Youtube

En campocriptana.info utilizamos cookies para mejorar tu experiencia al navegar por la web. Si quieres saber, To find out more about the cookies we use and how to delete them, see our privacy policy.

  I accept cookies from this site.
EU Cookie Directive plugin by www.channeldigital.co.uk