Antonia Benítez Leal, cuando el cuidado y respeto a las personas ancianas se vive desde pequeña

“El cariño nunca sobra, siempre es agradecido y más entre las personas mayores”

Laura Figueiredo (15 de enero 2021).- Lo que empezó siendo una entrevista con la recogida de la aceituna en familia como tema terminó convirtiéndose en una charla que invita a parar y pensar en el cuidado de nuestros mayores.  Una charla sencilla y natural, propia de una persona que vive lo que ha visto en su casa, “trabajar duro y respetar y cuidar a nuestros mayores”.

Antonia Benítez Leal lleva toda su vida rodeada de personas mayores, una compañía que desde chica buscaba con sus abuelos y vecinas y que el tiempo ha convertido en buenos consejos. Su padre es Alejandro, el Aguedillo, que hasta que se jubiló trabajó “en la basura” (Comsermancha) y en todo lo que iba saliendo. Su abuela era María la escobera. A su madre, Antonia, siempre la recuerda cuidando a los abuelos y a su hermano además de sacar adelante a los cinco hijos. Ahora tampoco gasta pereza con los nietos. Antonia, asegura que igual que su madre, ella es el comodín para todos y lo hace con alegría y con la satisfacción de poder ayudar y echar más de una mano.

Antonia ha trabajado la mayor parte del tiempo en casas “sirviendo”  y sobre todo cuidando de personas ancianas. De ellas asegura que ha aprendido mucho “porque tienen mucho vivido” y por ello enseñan “a dar importancia a lo que realmente tiene importancia”. “Son, dice, una lección continua”. La conversación pasa por la paciencia, el cariño, las terquedades, las residencias…  Y cómo ella se siente parte de una generación a la que se le enseñó a cuidar de los mayores, algo que ahora se complica y mucho.

-Seguro que no es la primera vez que vas a recoger aceitunas.

Desde chiquitina nos llevaba mi padre y a lo primero jugábamos más que recoger. Pero sí, desde que tengo uso de razón, salíamos todos por delante en el tractor. Allí íbamos todo el día mis padres, hermanos y mi abuela, en familia.

-Y  seguís casi igual por lo que veo.

Pues seguimos recogiendo en familia y hemos pasado de las 101 olivas a más de 400 y porque no dejamos ya a mi padre que plante más. Ahora también va mi hijo y mi nuera y mis sobrinos, que son más chicos, se ponen a jugar y mi padre disfruta de vernos ahí a tos y tan orgulloso. Ha tenido suerte con lo que tiene. Mi madre lleva ya unos años que se queda en casa que es la guardería y con mil cosas que hacer. La verdad es que ya ha tenido bastante con cinco hijos y siempre cuidando a alguien. Estuvo toda la vida pendiente de sus padres y de su hermano. Ha batallao con to.

-Has tenido a quien salir y de quien aprender.

Pues sí, es verdad que yo al ser la mayor… y es que es lo que siempre he visto en mi casa, trabajar mucho y cuidar de los mayores. Mis padres me han hecho. Mi padre antes de salirme de la escuela con los 14 años me dijo -¿quieres estudiar?- y le dije que no, así que me respondió  -pues a trabajar-. Y salgo un viernes del colegio y el lunes estaba en la fábrica de costura de Pepe, el Comadrón, trabajando en la calle Santa Ana.  Cuando terminó el contrato es cuando empecé a servir y desde entonces servir y servir y cuidar a personas mayores. 

“Es que es lo que siempre he visto en mi casa, trabajar mucho y cuidar de los mayores”

-¿Te gusta cuidar a las personas ancianas?

De siempre me han gustado las personas mayores, estar con ellas y atenderlas. Es que las veo frágiles, delicadas, faltas de  cariño... Cuando llegan a mayores se hacen niños.

-¿Faltas de cariño aunque estén rodeadas de cariño?

Es que pienso que el cariño nunca es suficiente. Yo puedo estar rodeada de mi familia y tener mucho cariño pero pienso que el cariño nunca sobra y siempre es agradecido y más entre las personas mayores. Yo tengo que decir que gracias a Dios de las personas mayores con las que he estado he recibido mucho.

-¿Qué has aprendido de ellas?

Pues a darle más valor a la vida. Ves que todo llega por muy joven que seas cuando estás con ellos. También es verdad que me hablan algunos mucho de Dios y yo, que por circunstancias de la vida, dejé de creer pues me han vuelto a abrir ese camino o acercarme un poco. Aprendes a darte cuenta de lo que es importante y menos importante;  te aconsejan bien, saben por dónde van las cosas, tienen mucho vivido. Me ha gustado hablar con ellas y dejarme aconsejar. Te encuentras gente estupenda, con sus terquedades y sus cosas… ¿pero quién no tenemos nuestras cosas? La edad nos cambia mucho y es dura.

“Te encuentras gente estupenda, con sus  terquedades y sus cosas… ¿pero quién no tenemos nuestras cosas? La edad nos cambia mucho y es dura”

-Pues no es habitual buscar la compañía de personas mayores al menos ahora.

Pues es verdad, ahora es diferente pero antes era lo que se vivía en las familias al menos en la mía. Yo a mi abuela Indalecia la cuidaba mucho para ayudar a mi madre. Me casé y antes de ir a trabajar bajaba ya a ponerle la insulina, cambiar sondas… y he visto a personas bien cercanas morir. Mi madre nos ha inculcado mucho el cuidado a los abuelos, que eran mayores y que tienen cosas tontas pero hay que tenerles un respeto y aunque no lleven razón hay que dársela porque muchas cosas no son de importancia.  Pero es que yo era un mico y venia de la escuela y me iba a sentarme con las vecinas y me ponía a coser o simplemente a estar con ellas. Me he sentido arropada por ellos. Te hablo de la Clotilde, la Rosario… no sé por qué pero me ha gustado siempre estar al lado de las personas mayores.

-¿Lo peor?

Que muchas veces llego en el final de sus vidas y es poco tiempo para todo lo que pueden enseñarte.  Pero es verdad que a veces ese poco tiempo se compensa con un cariño intenso y es que vas a gusto a trabajar.

-¿Les cuesta dejarse ayudar?

Les cuesta aceptar que alguien de fuera venga a ayudarles y sobre todo cuando se trata de hacerles sus cosas íntimas. Tienen su apuro y te dicen –qué duro es que te tengan que hacer todo esto-. Y claro también saben que hay que dar gracias porque tienen quien les cuida y les lava, les lleva al baño, les cambia un pañal… Se vuelven exigentes y quieren llamar la atención y hay que entender que son personas mayores y siempre pienso que todo el mundo tenemos que llegar y no sabemos cómo llegaremos y que será de nosotros.

“Siempre pienso que todo el mundo tenemos que llegar y no sabemos cómo llegaremos y qué será de nosotros”

-Antonia, tú, por circunstancias personales y por tu trabajo, sabes bien que la muerte es parte de la vida ¿Hablamos poco de la muerte? ¿Vivimos muy de espaldas a la muerte?

Se debería hablar más y sí, vivimos muy de espaldas a la muerte, mucho. Creemos que nunca nos vamos a morir y llega y está ahí. Gracias a Dios con casi todas las personas que he estado me he podido despedir antes de fallecer y es verdad que he llorado mucho.

-¿Qué se necesita para cuidar a las personas mayores?

Mucha paciencia y más paciencia y dar mucho cariño. Para esto no todo el mundo vale pero hay que poner ganas y Dios te ayuda. Hay gente que quiere pero no puede. No todo el mundo aguanta, hay que cambiar pañales, curar escaras y heridas, quitar y poner dentaduras… son cosas que están ahí y cada vez más pero se habla poco de ello y es verdad que ves a las familias sufrir y no todos pueden tener ayuda.  

“Se necesita mucha paciencia y más paciencia y dar mucho cariño”

-Pues es el día a día de muchas casas.

Y cada vez más Laura pero aunque se termina haciendo rutina son situaciones que no dejan de doler a los mayores y a la familia.

-Y cada vez las residencias están más llenas.

Nosotros estamos preparados para cuidar y estar con las personas mayores porque es lo que nos inculcan desde pequeños y lo que hemos visto. Hoy en día conforme está la vida, él trabajando y ella trabajando, nos vemos todos en el asilo o residencia y no lo digo como un castigo ni algo malo. Y ya pueden hacer residencias porque somos muchos. Es muy, muy complicado.

-¿Se sigue viendo la residencia como algo negativo?

No, van cambiando las cosas pero es verdad que llegado el momento seguro que todos preferimos quedarnos en casa. Hay muchas circunstancias y no se puede ni debemos opinar de lo que hacen los demás. Todavía hay la idea de que la residencia está para cuando los hijos no te quieren y eso no es así. Esta esa frase que dice que “en tu casa, hasta el culo descansa”.  Todos queremos estar en nuestra casa y ya está.

-La cara buena es que hay trabajo para personas como tú.

Pues sí pero somos muchas las que no tenemos el título porque entonces no te lo pedían y no se estudiaba y ahora piden título para todo. Pero ahí está la experiencia y los conocimientos de años y años. Las cosas no son sencillas y sin la titulación todo se hace más complicado.

-Bueno, ¿Qué tal terminó la recogida de aceituna?

Muy bien y para cuando llegó la nieve la aceituna ya llevaba tiempo recogida. Mi padre sigue llevándonos a todos por delante. Es de los que a veces dice -no vayáis- pero cuando nos ve de aparecer pone una gran sonrisa.

 

 


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