Una sinferia con sabor a churros y turrón

 Vicente Pozo y Sebastián Espinosa, turronero y churrero con y sin feria

Una sinferia con sabor a churros y turrón

Laura Figueiredo (28 de agosto de 2020).- Nos hemos quedado sin feria pero no sin turrones ni churros. Y de ello se han encargado Vicente Pozo y Sebastián Espinosa y su familia. Uno con los turrones, que durante las mañanas de esta semana sinferia recorre  nuestras calles con su “turrones artesanales, almendras garrapiñadas…” y otro con su Churrería Beatriz que este año ha colocado en el aparcamiento del Pósito. Ellos nos han acercado un poco de ese sabor inconfundible de la feria.

 

“Criptana sigue siendo turronera, es un pueblo muy bueno”

                                    (foto Pilar Rodríguez)

Vicente Pozo Muñoz se ha encargado de traer desde Castuera (Badajoz) hasta nuestras casas los sabores a turrones de siempre y nuevos. A falta de ferial queda la furgoneta recorriendo las calles del pueblo con el altavoz anunciando “turrones artesanales, Delaviuda, Jijona… garrapiñadas, almendrucos…”.

Vicente abre las dos puertas traseras de su gran furgoneta blanca y ahí y de manera bien ordenada entran todos los sabores que estos vendedores se encargan, desde hace décadas, de que no sean exclusivos de la Navidad porque como nos dice “hay gente que toma turrón durante todo el año y le gusta tener siempre su tableta a mano”. Es uno de esos placeres de la vida que todavía hay quien sabe disfrutarlo y que además se une a la tradición de muchas familias. Una clientela por lo general mayor porque los sabores de los más jóvenes ahora son otros.

Vicente nos dice que hay que adaptarse a las circunstancias y que a él y a su familia  esta dichosa pandemia al menos les deja hacer las ferias con vehículo por las calles de los pueblos. Viene de hacer Villarrobledo, Pedro Muñoz y La Solana para marchar, tras recorrer esta semana Campo de Criptana, a Tomelloso, Argamasilla de Alba y Villarrubia de los Ojos.

En nuestro pueblo molinero Vicente nos explica que lleva toda la vida viniendo con la venta ambulante aunque con puesto en el ferial solo uno. Fue el año pasado cuando el Ayuntamiento le llamó para ofrecerle el puesto del turronero anterior que ya se jubilaba. Era terreno más que conocido para Vicente así que puso su puesto de turrones en pleno ferial. Nuestro turronero está muy agradecido al Ayuntamiento que le ha  facilitado el permiso para la venta ambulante pero sobre todo está contento con unos criptanenses “que nos reciben muy bien y se portan estupendamente con nosotros”. Y es que Vicente no tiene duda, “Criptana sigue siendo turronera, es un pueblo muy bueno”.

A la hora de vender nos cuenta que hay gustos para todos los sabores. Los de siempre, el duro y el blando junto a los turrones de frutas, nueces con nata, yema  y los nuevos de pistachos, crema catalana, dulce de leche…

“La vida de la venta ambulante es dura pero es lo que me gusta y lo que sé hacer”. Nos recuerda que son semanas lejos de la familia pero es el oficio que ha aprendido desde pequeño de la mano de sus padres y de su tío. Porque Vicente es de familia dedicada a la venta ambulante del turrón. Junto a él están también su hermano y su primo.

“No tenemos otro trabajo ni otro oficio así que…” Lo que sabe seguro es que no habrá otra generación de turroneros y que esto de la venta ambulante de turrones se acaba en no muchos años más. Las ferias continuarán de eso está seguro “pero serán sin puestos de turrones”.

Por lo pronto Vicente se encarga  de llevar el sabor del Alicante, Jijona… por la ferias en Andalucía durante la primavera para en verano recorrer La Mancha y hasta febrero seguir por Cuenca, Albacete y su tierra, Extremadura. En febrero toca descanso y de nuevo en marzo en marcha a no ser que llegue una pandemia que lo paralice todo.

Vicente se siente apoyado por la gente y su esperanza está puesta en un año. “Me conformo, dice, con que el año que viene esté aquí en Criptana de nuevo con mi puesto de turrones en plenas ferias”. Unas ferias que todos confiamos en que sean como Dios manda.

 

“La feria es diferente pero los churros son los de siempre”

 

20 años viniendo a la feria de Criptana. La churrería Beatriz no ha querido dejar pasar este año sin poner el sabor de unos buenos churros y porras a esta sinferia 2020. Es Sebastián Espinosa y su familia que se sienten muy agradecidos al Ayuntamiento y a los criptanenses “que pese a todos los pesares nos han vuelto a acoger muy bien”

Y es que la gente no perdona sus churros con chocolate y menos este año porque son precisamente esos churros los encargados de poner un poco de sabor a la feria que esta vez ha quedado secuestrada por la pandemia. De hecho, son muchos los vecinos que durante esta semana sinferia se acercan al aparcamiento del Pósito, donde está colocado el puesto con sus mesas y sillas aunque la mayoría opta por llevárselos a casa.  En cualquier caso, Sebastián y su familia guardan todas las normas con cuidado: distancias entre mesas, gel hidroalcóholico y espacio entre unos y otros en la cola que fácilmente baja hacia el Pósito. A las doce de la noche ya no se atiende a más personas para cerrar a la una. Unas normas que tanto churrería como clientela conocen y cumplen sin problema.

Sebastián nos dice que si es cierto que estamos en una feria triste también es verdad que no queda más remedio que adaptarse. Y ahí está él friendo churros y porras ante la gran sartén llena de buen aceite a 250 grados y con mascarilla incorporada. “Esto es horroroso, nos dice, pero es lo que hay”. Y mientras, su familia atiende a los clientes que de manera ordenada y distanciada se acercan hasta el puesto en busca de churros, porras y chocolate. Una demanda que se reparte a partes iguales entre churros y porras, cincuenta-cincuenta.

Sebastián lamenta que en una feria de por sí diferente y complicada a última hora además se tuvieran que endurecer la medidas con la suspensión de actos y conciertos. Unos actos que siempre mueven a la gente y animan más. “Eso fue el remate, añade Sebastián, pero aquí estamos y seguimos en nuestra pelea”.

La churrería Beatriz nacía hace unos veinte años en Alcázar de San Juan, frente al hospital. Y lo hacía de manos de Sebastián y su familia que decidieron meterse en el mundo de los churros de nuevas. Sin padres ni abuelos churreros “porque la cuestión es querer aprender y al final todo se aprende”. Esta familia socuellamina además nos habla de constancia y estar muy encima del negocio en un oficio que abre todos los días del año.

Para hacer unos buenos churros lo esencial: trabajar con un buen aceite y hacer esa masa atendiendo a la temperatura ambiente. Sea como sea, lo de hacer churros es un arte y Sebastián nos asegura que “la feria es diferente pero los churros de Beatriz son los de siempre”. Aún estamos a tiempo de disfrutar por la tarde-noche de los churros de la feria pues estarán hasta el domingo.

 

 


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