HERMANDAD STMO. CRISTO DE VILLAJOS


La Ermita

Las líneas que siguen se circunscriben a acontecimientos datados en 1525, 1536 y 1568. Las fuentes en que se basan son los Libros de Visitas de la Orden de Santiago conservados en Madrid, en el Archivo Histórico Nacional; algunas fotocopias de dichos documentos -las que corresponden a 1525- fueron facilitadas en su día a Don Joaquín García Reíllo por Doña Pilar Molina Chamizo, historiadora que investiga sobre las iglesias parroquiales de la provincia (1), y otras, las de los años 1536 y 1568, me han sido enviadas desde el Archivo citado.

Antes de entrar en materia -nada abundante, ciertamente- conviene aclarar que dichos Libros contienen las actas de las visitas o inspecciones que, periódicamente, delegados de la Orden de Santiago -de la que desde en torno al año 1200 dependía el territorio de este término municipal- realizaban a las posesiones de ésta para comprobar el estado de sus edificios, supervisar las .cuentas de las iglesias, ermitas, hospitales, encomiendas, ordenar reparaciones, etc.

Ermita en construcción

A veces era el propio Prior de Uclés el visitador; así lo fue Don Francisco de la Flor en 1536 y Don Miguel Martínez en 1568.

La ermita que nos ocupa era conocida con la denominación de "Santa María de Villajos" o "Nuestra Señora de Villajos". La documentación también facilita los nombres de los mayordomos: Juan Miguel "el viejo" en 1525 (ya lo era desde enero de 1521; debe aclararse que Miguel era apellido), en 1536 Gonzalo de Flores, confirmado en el cargo tras la visita de ese año, y en 1568 Juan Sánchez del Toboso (apellido también el último), relevado entonces en el cargo por Francisco Miguel Galindo.

El nombramiento del mayordomo era competencia de los visitadores de la Orden, contando siempre con el parecer del Cura Párroco y del Ayuntamiento. Con el paso del tiempo, la misma Orden hizo traspaso de tal potestad a la corporación municipal, que anualmente habría de designar a los mayordomos de la iglesia parroquial, ermitas y hospitales. No debe extrañar que en aquellos siglos hubiese esa vinculación entre lo religioso y lo civil, relación estrecha entre ambas esferas de poder que con el triunfo del sistema liberal a lo largo del siglo XIX se iría diluyendo poco a poco, sin desaparecer del todo.'

Las "visitas" tenían un marcado carácter económico, aunque no fuera éste el único aspecto objeto de inspección. Dentro de dicho campo, la revisión de; cuentas era cuestión de máximo interés. Los ingresos provenían, por una parte, ..de limosnas y, por otra, del arrendamiento de tierras propiedad de la ermita.

En 1525, el mayordomo disponía de 7.424,5 maravedís (2), incluido en ellos el producto de la venta de trigo, pues las rentas eran cobradas en especie. En 1536 contaba con 211,5 maravedís, cantidad recogida en concepto de limosnas desde 1532; en ese periodo de tiempo las rentas agrícolas ascendieron a 22 fanegas de trigo y 12 fanegas de cebada. Los ingresos de 1565 a 1568 importaban 16.243,5 í --maravedís, y además había en poder del mayordomo 5 fanegas y media de trigo y 5 fanegas y media de cebada.

Ermita

Por lo que se ve, el grueso de los ingresos procedía de la venta del trigo y de la cebada recibidos como rentas de las tierras dadas en arrendamiento.

¿Cuáles eran éstas? De las tres visitas a que vengo refiriéndome sólo en la de 1568 se describen las fincas pertenecientes a la ermita. Son siete tierras de cultivo de cereal cuya extensión total es de 28 fanegas y 2 celemines. Lo normal era que las instituciones eclesiásticas fueran incrementando sus bienes mediante donaciones hechas por los fieles, cuyos nombres no siempre se especifican; sólo se cita, entre las dichas, en un caso la identidad de los donantes, los herederos de Gregorio de Flores. Curiosamente, dos siglos más tarde la superficie de las tierras que poseía la ermita era casi la misma, tal como queda recogido en el Catastro de Ensenada (1752), pero entonces ya tenía otros bienes.

El estado del edificio de la ermita era otro asunto que preocupaba a los visitadores cada v~ que p~r aquí venían. En 1525 decían: "es una hermita que tiene una capilla enhiesta bonita, e todo lo demás caydo" (3), lo que evidencia que en otro tiempo había habido allí una iglesia: por entonces en su mayor parte arruinada. Ese año se le ordenó a Juan Miguel "el viejo" que con el dinero que obraba en su poder, hasta donde fuera posible edificara una iglesia a partir de la capilla que estaba hecha:

"... e le mandaron que / los dichos maravedfs gaste en haser un
cuerpo de yglesia que consiga con la capilla que está / hecha lo qual
haga con parecer del cura porque con él queda comunicado cómo
/ se hiziese, e ansy mismo con parescer de los oficiales del concejo
e que se comience luego e se prosiga hasta que los dichos
maravedís se gasten" (4).

La obra debió avanzar con bastante lentitud pues en 1536 se mandaba al mayordomo seguir con ella:

"... mandó el dicho señor prior al dicho mayordomo que cierre el hastial
/ que está sobre la capilla entre la obra nueva e vieja / con una pared
buena de yeso y que venda todo el pan / de su alcance (5) en este verano
y como aprovechamiento de la / dicha hermita y con parescer del Cura
y concejo / y los dineros que sobraren después de hecha la dicha pared
/ los gaste la dicha obra de la dicha hermita como / va el qual dicho
hastial haga de aquí a tres meses so / pena de trezientos maravedís para
la dicha hermita..." (6).

En 1538 ya eran retoques lo que se dejaba encargado al mayordomo por
parte de los visitador es, en este caso el Prior:

"... mandó al dicho mayordomo que haga aderezar y retejar el tejado de
la dicha / hermita especialmente desde la capilla y tejado del altar, que
está mal- / parado. Yten se le mand6 que haga empedrar tres o quatro pies
en / ancho por detrás de la hermita a la parte de mediodía toda la
hazera / a la larga, de manera que el agua de las goteras escupa afuera,
e no / corra hazia la pared (...) e le haga (desaguadero a la parte que
convenga: Yten que el yeso que está den- / tro de la dicha hermita lo
gaste antes que se pierda en reparar / los caballetes y aderefar y allanar
el suelo de la dicha hermita / lo cual haga antes de un mes so pena de
quatro ducados para la dicha hermita..." (7).

Los mandatos al mayordomo, que como se aprecia eran órdenes bastante serias, dado que su incumplimiento en los plazos señalados obligaba al pago de multas, se extendían también a otras cuestiones, como sucedió en 1568:

"El señor prior mandó al dicho mayordomo que es y fuere que en cada un
año dé una vez / quenta al cura e ayuntamiento desta dicha villa al
principio del mes de henero y si no se juntaren a la tomar la dé al cura solo;
y a los que d¿l ayun- / tamiento se juntaren solos, lo cual haga e cunpla
so pena de seis / ducados para la dicha hermita..." (8).

Hasta aquí esta npeva aportación a la historia de una ermita que con el discurrir de los años fue deteriorándose, lo que motivó la reconstrucción de mediados del siglo XVII, época en que la devoción al Crucificado que allí se veneraba fue en aumento y movió a las autoridades de Campo de Criptana a establecer la fiesta anual del Cristo de Villajos según decreto de 4 de agosto de 1669.


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