Hermandad Virgen del Carmen

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En el Campo de Criptana hay la "calle del Convento". Hubo convento y Carmelo desde tiempo inmemorial. Fue la sede parroquial a raíz del gran siniestro de la contienda civil del año treinta y seis. El espíritu del Carmelo -hábito y escapulario del Carmen- sigue arrebolando con su embrujo el carácter sobrio y austero del Barrio. Frente a "la Tercia", junto a el Banco... Hoy es templo recuperado de las heridas del tiempo. Está primorosamente cuidado por el amor e interés -con mimo diría yo- por el amor de un puñado de fieles al espíritu carmelitano, que han, con sacrificio, el viejo templo recuperado.

Quiero encontrar entre mis recuerdos el afortunado viaje y visita al Monte Carmelo en Tierra Santa. Jardín de ensueño al sur del Monte Hebrón, en Palestina, entre dos llanuras y el mar. En verano no es más que un repecho calcinado. En pleno invierno se convierte, por magia de la naturaleza en lo que fue en tiempos del Profeta Isaías, un variopinto jardín y vergel (Is. 35,2), ensalzado en el "Cantar de los Cantares" (7,16):carrascos, olivos, pinos, abundante fertilidad; prensas de aceite y almazaras, pámpanos y cepas exuberantes, vinos de solera... Esencias que contagian el espíritu de austeridad de vida del contemplativo carmelita, el espíritu que animó vida y regla de los primitivos eremitas que mediante su prometido amor a la Señora del Monte Carmelo, y fundados en el cariño al lugar donde enduvo su querido Padre Elías, arrebatado a los Cielos, trenzaron camino, vocación y vida aquellos enamorados de Dios y su Bendita Madre.

Era el Siglo XIII. Unas miserables cabañas alojaron el íntegro espíritu del Carmelo en contemplativas almas, con rezos, suspiros y lágrimas de penitencia y una población de por vida: guardar la virginidad por el amor de Dios y de su Virgen María del Carmelo. Más adelante el escapulario fue la simplificación del hábito con el que ceñían su cuerpo, macedado por ayunos y penitencias. MARIA del CARMELO era el centro y referencia de vida de aquella Comunidad de ermitaños austeros. Defendían afanosamente la Virginidad e integridad de la Virgen María y Madre de Dios. Se ponían bajo su protección amorosa, bajo su manto y escapulario, y de tal manera creyeron depender de su amorosa protección que hasta el Purgatorio llevaban su enlace y correspondencia. Quien lograba traspasar esta vida vistiendo el hábito o al menos el escapula­rio del Carmen -del Carmelo- ese hallaba salvación y vida de entre las llamas que asediaban a las benditas ánimas del Purgatorio. María era la poderosa liberadora de los destinados a tan riguroso destino. Promesa que se plasmó en cuadros de la época: Vemos a María portando un escapulario, Ella misma vestida en hábito carmelitano, y a los pies el privilegiado monje San Simón Stoch en hábito del Carmen intercediendo por unos desgraciados seres ardiendo en llamas de purificación y llanto.

En esta posición y modo vemos -hemos visto siempre en la Iglesia del Convento de Campo de Criptana a María, con su hermoso Jesús en brazos, tremolando el escapulario del Carmelo y en actitud de soberana mirada y protección. Así la ven los fieles de Criptana cada semana, al me­nos, y cada año...

Benjamín BUSTAMANTE MADRID
IV CENTENARIO IGLESIA DEL CONVENTO

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